Ayuno: ¿Es una opción saludable para nuestro organismo?

Sin un aval científico claro el ayuno se ha convertido en una práctica de moda. Aunque una parte de la comunidad científica asegura que practicar la abstinencia de alimentos de forma periódica aporta beneficios en relación con la longevidad y el perfil metabólico, no hay todavía suficientes estudios clínicos cuyo resultado justifique el inicio de este hábito no exento de riesgos para nuestra salud.

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La moda de ayunar esporádicamente en el contexto de una vida saludable no tiene porqué ser perjudicial, al menos así lo asegura una evaluación científica realizada por la Universidad Pompeu Fabra, cuyos expertos han analizado todos los ensayos disponibles sobre el tema.

Desde un punto de vista científico no existen evidencias que demuestren que la práctica de ayuno esporádico aporta beneficios para la salud, pero sí que es cierto que el denominado “ayuno nocturno” puede sernos útil, siempre que no pasemos hambre, ya que sin menoscabarel aporte de energía a todos los órganos vitales, preferentemente al cerebro, contribuirá a reducir á la ingesta diaria de calorías.

El organismo se adapta

Tenemos que conocer que a medida que el ayuno se prolonga en el tiempo nuestro cuerpo inicia una serie de cambios a nivel metabólico. Se trata de adaptaciones bioquímicas y hormonales con las cuales el organismo, que reconoce las nuevas circunstancias nutricionales, se organiza para de acuerdo con las mismas conseguir funcionar correctamente.

Entre estos cambios está la disminución de los niveles de glucosa e insulina en sangre y también el aumento de hormonas como cortisol, adrenalina o glucagón, entre otras, cuya función es poner en marcha procesos metabólicos (glucogenólisis, proteólisis, lipólisis, gluconeogénesis y cetogénesis ) que sirvan para liberar nutrientes que puedan ser utilizados por nuestro cuerpo como fuentes de energía.

Esta adaptación del organismo en función de lo largo que sea el periodo de ayuno, pasa también por realizar cambios en la composición corporal. De esta forma el cuerpo comenzará por consumir las reservas de glucógeno hepático, que nos darán en torno a doce horas de energía, y pasado este periodo el cuerpo empezará a buscar glucosa en otras partes del cuerpo.

Si el ayuno se prolonga más de tres días nuestro organismo tendrá en la degradación de grasa (mediante lipólisis) la principal fuente de energía, aunque esta “solución” no funcionará para todos los individuos de igual forma. Para una persona obesa pasar sesenta horas de ayuno no supone una degradación importante, ya que la mayoría de la energía proviene de la grasa, pero para una persona delgada puede suponer una importante pérdida de masa muscular por degradación del músculo.

¿Es el ayuno una opción saludable?

Pérdida de líquidos y vitaminas

El principal cambio a nivel corporal será una pérdida de peso debido al consumo de líquidos , por lo que en un ayuno voluntario la hidratación debe ser prioritaria.

La pérdida de agua en el organismo va acompañada de la eliminación de minerales como el sodio, el magnesio o el potasio, por lo que si se prolonga el ayuno el propio cuerpo limitará la pérdida de minerales y por tanto de agua.

El ayuno afecta también a la pérdida de vitaminas. En una persona sana sin deficiencias de nutrientes el organismo tiene reservas suficientes para soportar ayunos prolongados, incluso de un mes de duración,  sin que ello provoque desequilibrios significativos.

Sin embargo, las reservas de algunas vitaminas (vitamina B1 o tiamina) son escasas y si en el abandono del ayuno no se administra esta vitamina su ausencia puede provocar cuadros neurológicos graves.

La prolongación de la abstinencia durante largos periodos ha provocado la pérdida de proteínas corporales y alteraciones en las concentraciones de cobre, potasio y magnesio en algunas personas, lo que desencadenó muertes súbitas por arritmias ventriculares. Por lo tanto es importante identificar cuál es un periodo de ayuno razonable para nuestro organismo y cuáles serán sus necesidades posteriores de cara a recuperar la ingesta de alimentos.

Parece por tanto que el ayuno terapéutico bajo supervisión médica puede ser útil en determinados pacientes con obesidad, pero se trata de una práctica que apenas se emplea por no haber demostrado una eficacia a largo plazo.

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