Las carreras de cuadrigas, máxima emoción en la Antigua Roma

Para los antiguos romanos no había nada más emocionante que presenciar las carreras de cuadrigas. Estas competiciones se desarrollaban en los circos y tenían fama de ser unos actos de enorme violencia, donde la muerte y la adrenalina formaban parte vital del espectáculo.

carreras de cuadrigas en la Antigua Roma

Las carreras de cuadrigas supusieron para los antiguos romanos un entretenimiento y una forma de alabar a los dioses por igual. Las competiciones de carros, tan importantes para el ocio romano, se desarrollaban en el circo, un estadio diseñado y construido cómo un gigantesco hipódromo y en cuyas gradas podían sentarse miles de personas.

Las pistas del Circo Máximo eran con diferencia las más grandes del Imperio. Su longitud era de 600 metros y el ancho de la pista de 120 metros. El centro del estadio quedaba dividido en dos por un muro llamado spina,normalmente adornado y engalanado con estatuas y obeliscos. Los bordes de la spina terminaba en unos conos elevados llamados metae. Mediante unas figuras de delfines y huevos contabilizaban las vueltas de las cuadrigas.

Otro de los elementos que más importancia tenía dentro de la cuadriga era el auriga. Esta persona era la encargada de conducir el carro. La mayoría de estos conductores eran esclavos o personas de baja clase social, ya que este tipo de competiciones solía llevar unida una alta tasa de accidentes. Los aurigas pertenecían a un equipo o corporación y se distinguía en la arena por el uso de uno de los colores tradicionales: rojo, blanco, azul o verde.

Las carreras eran competiciones frenéticas donde cada equipo desplegaba tres cuadrigas. Tal era el nivel de tensión que los conflictos en la grada eran frecuentes, llegando incluso a las manos. En el Imperio Romano la fama de los aurigas era comparable a los actuales deportistas. El más grande de la historia fue Diocles, que con 42 años de edad se retiró tras haber vencido en más de 1.400 carreras.

Los auténticos protagonistas

Mucho tiempo hemos hablado de las cuadrigas sin mencionar al verdadero protagonista de la historia, el caballo. Para la consecución de una victoria en el circo se necesitaban unos animales bien adiestrados y fuertes. La colocación que tenían los caballos dentro de la cuadriga era vital para sacar ventaja a los rivales y exprimir el potencial de cada uno de los animales.

Los caballos empleados en los espectáculos circenses procedían de grandes cuadras privadas o de propiedad imperial y pertenecían a razas que procedían de todos los rincones del Imperio Romano, siendo de gran fama los caballos hispanos y los procedentes del norte de áfrica. Al igual que los aurigas, multitud de caballos pasaron a la historia por sus victorias, manteniéndose sus nombres y proezas en distintas fuentes documentales, entre ellas mosaicos, vasijas y monedas.

En el mosaico de Bell Lloc del Pla se exponen, además del nombre de los aurigas, el nombre del caballo principal de cada tiro: Patinicus, Euplium, Pantaracus y Polystefanus.

El animal que se emplazaba más cercano a la spina era especialmente importante, ya que debía controlar el giro al llegar al extremo del estadio para evitar chocar y así mantener la posición y conservar la ventaja con los contendientes.

El desarrollo de la carrera

Previamente al inicio de la carrera se hacía un sorteo para determinar la ubicación de cada cuadriga en el momento de dar la salida. Aquellas que se ubicasen más cerca de la spina eran las más codiciadas ya que el carro debía girar menos para tomar la curva. No era raro que las corporaciones sobornasen a los jueces para que favorecieran a sus aurigas.

Las carreras normales equivalían a siete vueltas alrededor de la spina, corriendo en sentido contrario a las agujas del reloj, lo que hacía un total de 4.200 metros. Las armas no estaban permitidas dentro de la competición, no obstante, era frecuente llevar un cuchillo para cortar las riendas en caso de accidente.

desarrollo de la carrera de cuadrigas

Debido a la cercanía de los carros con los extremos de la spina (las metae) eran muy frecuentes los choques y los accidentes. En cada giro la destreza de los aurigas y caballos era puesta a prueba y no era raro que al pasar cerca de un muro se terminase impactando sobre él, lo que significaba en muchas ocasiones un choque violento y la muy posible muerte del auriga, una circunstancia muy esperada por todos los espectadores.

Por el contrario, alejarse de la spina suponía una posición más segura frente a accidentes pero solía llevar como consecuencia la pérdida de posiciones.

En cada competición había grupos dedicados a despejar de restos de accidentes del trazado de la carrera, retirando los caballos, aurigas y restos de carros que quedasen en la arena para evitar que otros competidores colisionasen con los escombros. Sin embargo, estos equipos debían ser especialmente rápidos ya que las cuadrigas tardaban poco en dar la vuelta.

Una curiosidad con respecto a las carreras de cuadrigas es la proclamación del vencedor, y es que no importaba si al final de la carrera el auriga se encontraba sobre el carro. Aquel  equipo que completase el primero siete vueltas al estadio se proclamaba vencedor aunque su conductor se encontrara maltrecho en la pista. Si los caballos estaban bien entrenados podían alcanzar la victoria aunque nadie los guiase.

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