Grosellas, ese fruto del bosque que no debe faltar en nuestra dieta

A los groselleros y a las grosellas no les gusta el calor, razón por la cual estos típicos frutos del bosque no son habituales en la dieta mediterránea. Pero gracias a sus altos valores nutricionales, sobre todo en vitamina C y en antocianinas, y a su bajo aporte calórico, afortunadamente para nuestra salud las grosellas -negras y rojas- están ganado terreno en nuestra alimentación diaria.

Las grosellas se llevan mal con el calor como sucede con todos los llamados “frutos del bosque”, de modo que es comprensible que en España las grosellas no formen parte de nuestra dieta habitual, por no hablar de que la competencia con otras bayas y frutas/frutos de temporada es mucha.

Pero a pesar de estas circunstancias adversas las importantes propiedades nutricionales de las grosellas, sobre todo su bajos aporte calórico y sus altos niveles de antocianinas, están consiguiendo que estos frutos rojos y negros -principalmente- estén apareciendo cada vez con mayor frecuencia en nuestra alimentación.

Curiosamente, durante los periodos de escasez que tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial la grosella negra se utilizó en el Reino Unido como fuente de vitamina C para la población y por esta razón el gobierno británico, dirigido en aquel momento por Winston Churchill, fomentó que se plantaran 1.400 hectáreas de groselleros en Gran Bretaña.

Los poderes de las grosellas

El consumo de grosellas está aconsejado en cualquier dieta de adelgazamiento, dado que 100 gramos de estos frutos tan sólo contienen 56 calorías (89% carbohidratos, 8% proteínas y 3% grasas).

fruto grosellas

Además de un alto contenido de vitamina C las grosellas negras -que tanto se consumieron en el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial- también nos aportan ácido mágico, ácido cítrico, flavonoides, antocianinas, ácidos poliinsaturados y oligoelementos, además de tener propiedades antioxidantes, diuréticas, depurativas e inmunoestimulantes.

Por otro lado, algunos de los nutrientes y compuestos contenidos en las grosellas producen en nuestro organismo un efecto antiinflamatorio generalizado, al tiempo que también actúan positivamente sobre la relajación del sistema digestivo y en la prevención de trastornos renales, dado que fomentan la expulsión de aquellos ácidos que pueden favorecer la aparición de cálculos renales.

Las milagrosas antocianinas

Los estudios demuestran que las antocianinas -las grosellas contienen estos elementos-contribuyen a reducir los niveles de colesterol LDL, el llamado colesterol malo, evitando con ello el riesgo de trastornos cardiovasculares, hepáticos y metabólicos.

Además, estos “frutos del bosque” reúnen un buen número de propiedades antioxidantes, que en líneas generales siempre son bienvenidas a la hora de prevenir la aparición o el avance enfermedades crónicas (aterosclerosis, Alzheimer, obesidad, etc).

grosellas fruto del bosque

Por otra parte, las antocianinas también ayudan a mejorar la sensibilidad a la insulina en persona con diabetes de tipo 2. En estos casos estos compuestos se encargan de bloquear la actividad de las enzimas metabolizadoras de carbohidratos, ralentizando con ello su descomposición y controlando que no se produzcan desequilibrios repentinos en los niveles de glucosa en sangre.

Pero la acción milagrosa de las antocianinas en nuestro organismo también alcanza a nuestros ojos, ya que facilitan y aumentan el flujo sanguíneo a los nervios ópticos y a los glóbulos oculares, factores que pueden frenar el envejecimiento, la pérdida de visión por motivos de edad y los síntomas relacionados con el glaucoma.

Un cerebro sano

Las grosellas destacan por sus propiedades antioxidantes, lo que impide que los llamados radicales libres se acumulen en nuestro organismo.

Estos “radicales libres” está comprobado que tienen mucho protagonismo en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, donde se incluyen el Parkinson, Alzheimer, Huntington, etc.

Además, los efectos antiinflamatorios que producen las grosellas también contribuyen a reducir los procesos de neuroinflamación, provocando una mejora en la memoria y en las habilidades cognitivas.

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