De esta forma tras el descanso navideño se hace necesario retomar y en su caso reajustar las rutinas y los cuidados a las necesidades de nuestros caballos, siempre pensando en el objetivo de que en ningún caso su condición física y su bienestar puedan verse comprometidos.
En este sentido si observamos una inexplicable pérdida de peso durante el invierno, esta circunstancia puede ser síntoma de que nuestro caballo no está bien alimentado y de qué está tirando de reservas para mantenerse caliente. Conviene por lo tanto consultar con el veterinario.
Corte de pelo, ¿sí o no?
Con la llegada del invierno se produce una evidente reducción de las horas de luz solar, una circunstancia ambiental que en los caballos provoca una mayor producción de melatonina y con ello la aparición del llamado pelaje invernal.
El objetivo de este proceso biológico es que los caballos se encuentren bien protegidos frente al frío, la lluvia y la nieve, dado que este pelaje actúa como un elemento aislante que impide que se disipe el calor corporal al tiempo que repele la humedad.
¿Cuál es el problema? Que este pelaje de invierno se convierte en un importante obstáculo a la hora de permitir una adecuada termorregulación frente al esfuerzo físico, dado que provoca una sudoración intensa convirtiendo el tiempo de descanso tras el ejercicio en un momento delicado ante la posibilidad de que se produzcan enfriamientos bruscos o cólicos asociados a bajadas rápidas de temperatura.

En este escenario el esquilado o rasurado del pelaje es una cuestión fundamental de salud, porque con ello estaremos reduciendo los niveles de sudoración y permitiendo que los caballos puedan secarse más pronto.
Por otro lado, si los caballos pasan el invierno en el interior de cuadras o boxes tampoco es necesario mantener un denso pelaje que seguramente será un acumulo de suciedad.
En el caso de apostar por un rasurado parcial lo aconsejable es hacerlo en las zonas más propicias al sudor, como cuello, pecho, flancos y parte de los muslos, dejando el pelo natural en el dorso y en el vientre como elemento protector.
A la hora de decidir aplicar un rasurado profundo debemos valorar que el pelo protege a los caballos de los trastornos dermatológicos provocados por el frío o los elementos invernales (humedad, barro, etc.). Hablamos de la dermatitis verrugosa y de la denominada fiebre del barro, dos patologías que tienen origen bacteriano y que la presencia de abundante pelo suele evitar.
Alimentación de invierno
En ningún caso los caballos necesitan estar gordos durante los meses de invierno, porque el exceso de alimentación y el sobrepeso innecesario pueden convertirse en origen y causa de cólicos e indeseados procesos de laminitis.
Como sucede durante el resto del año, también durante el invierno el forraje debe ser la base de la dieta de un caballo. La razón es que la digestión del heno genera una gran cantidad de calor interno, lo que de forma natural contribuye a que los animales consigan regular mejor la temperatura corporal.
Por otra parte, cuando administremos pienso deberemos tener cuidado en repartir el alimento en dosis pequeñas con el fin de evitar las sobrecargas digestivas y los excesos de almidón.
Finalmente, si lo consideramos necesario podemos sumar a la dieta algún complemento vitamínico-mineral, aunque antes de hacerlo será conveniente consultar con el veterinario cuál puede ser el complemento más adecuado para nuestro caballo.

Hidratación en invierno
Están muy equivocados aquellos propietarios convencidos de que durante el invierno se reducen las necesidades de hidratación de los caballos, porque se trata de un error que puede resultar fatal.
En invierno el aporte de agua es cuestión fundamental y por esta razón hay que vigilar que los bebederos se encuentren bien surtidos y que no se haya producido la congelación del agua. El hecho de que los caballos no suden no significa que el agua no sea elemento imprescindible para su salud.

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