Seis malos hábitos que pueden dañar tu coche y tu bolsillo

Muchos de nosotros pasamos tantas horas a la semana dentro de nuestro coche que hemos convertido la conducción en una rutina, adquiriendo hábitos que pueden estropear o acortar la vida de nuestro coche a la vez que afectar seriamente a nuestro bolsillo. A continuación te mostramos seis de esos malos hábitos.

tocar la dirección con el coche apagado es uno de los malos hábitos que pueden perjudicar a tu coche

Para ir al trabajar, para llevar a los niños al cole, para viajar… Muchos somos los que día a día dependemos del coche para desplazarnos y estas rutinas hacen que a la hora de conducir adquiramos determinados hábitos que pueden afectar negativamente a nuestro vehículo e incluso a nuestro bolsillo.

En la mayoría de ocasiones estos pequeños gestos nos pasan desapercibidos y de hecho algunos de estos comportamientos los hemos adoptado porque nos aportan comodidad a la hora de conducir, aunque si los analizamos bien nos daremos cuenta de que poco a poco estamos colaborando a estropear nuestro propio coche.

A continuación te vamos a mostrar seis malos hábitos que pueden dañar tu coche y tu bolsillo. Si te reconoces en alguno de ellos ya sabes, es hora de cambiar tus costumbres como conductor.

1. No calentar el motor

El estrés, las prisas y los atascos hacen que en muchas ocasiones arranquemos nuestro vehículo sin haber calentado previamente el motor. Esta acción contribuye a aumentar el desgaste del mismo, dado que el aceite en frío no lo protege igual que en caliente.

Lo más recomendable es salir de casa unos minutos antes y encender el motor al menos sesenta segundos antes de emprender la marcha. Con este tiempo de ralentí todos los componentes del motor, así como el aceite lubricante, cogerán la temperatura óptima y estarán en condiciones de funcionar de una forma correcta.

conducir en reserva es uno de los hábitos más perjudiciales

Además de calentar el motor, es conveniente recordar que una vez nos ponemos en marcha la conducción debe ser suave y la aceleración progresiva en los primeros compases. Los giros y los acelerones bruscos nada más arrancar pueden afectar negativamente a la mecánica de nuestro coche.

2. Tocar la dirección con el coche apagado

Una costumbre muy mala y que puede salir muy cara es la de manipular la dirección con el motor apagado. Cualquier pequeño gesto con el volante, por leve que éste sea y aunque parezca no tener apenas importancia, puede provocar que los neumáticos se deformen y que se desequilibren las suspensiones debido al peso que ambos elementos soportan con el vehículo parado.

3. Circular en punto muerto

Las historias y leyendas urbanas acerca de que conduciendo en punto muerto no se gasta combustible son totalmente falsas. Aún en punto muerto el motor de nuestro coche sigue funcionando y, por tanto, continúa consumiendo combustible.

Debes tener en cuenta que cuando circulas sin marcha engranada los frenos deberán redoblar sus esfuerzos para parar el coche, algo que no sucede si se compagina la fuerza de la frenada con el freno motor. De hecho con una marcha se controla mejor el coche que en punto muerto.

Por otra parte, el exceso de presión que realizan los frenos cuando se requiere su acción al circular en punto muerto, también supone un desgaste extra de las pastillas, los discos y el líquido de freno.

De forma que es muy probable que el coste de la reparación o sustitución de cualquiera de estos elementos en el taller sea muy superior al combustible que podamos ahorrarnos. Además, el catalizador también puede verse comprometido.

Al mismo tiempo conducir en punto muerto también afecta a la refrigeración del motor, algo que se agrava en verano o en países con climas muy cálidos, al recorrer distancias muy largas con muy pocas revoluciones.

Por tanto, conducir en punto muerto es uno de los primeros hábitos que debemos desechar de nuestra rutina de conducción. Esta acción no representa ningún beneficio y puede tener consecuencias negativas en el resto de usuarios de la vía. Así es que el punto muerto solo lo utilizaremos cuando estemos parados en un semáforo.

4. Llevar el pie en el embrague

Mantener el pie en el embrague, aunque no vayamos a cambiar de marcha, es uno de los malos hábitos que nos inculcan desde que entramos en la autoescuela. Es cierto que este simple gesto puede facilitar un cambio de marcha rápido, pero también puede provocar una avería seria en nuestro vehículo.

El embrague es un elemento mecánico de fricción, lo que significa que mantener el pie sobre dicho pedal provoca un desgaste innecesario y que dicho componente pueda fallar antes de lo previsto por el fabricante. Si esto sucede nuestro bolsillo notará el desembolso cuando pasemos por el taller.

entre los hábitos a evitar está el conducir con la mano en la palanca de cambios

5. Llevar las manos en la palanca

Al igual que sucede llevando el pie en el embrague, mantener la mano continuamente en la palanca de cambios tampoco es positivo. La presión ejercida sobre este elemento puede provocar un desajuste en los mecanismos internos y estos desajustes se traducirán en dureza a la hora de cambiar de marchas y vibraciones.

Por otro lado, en muchas ocasiones conducir de esta manera supone mantener una mala postura al volante, lo que nos sirve para recordar que la posición correcta para conducir es con las dos manos en el volante, de forma que en este caso tu salud, la del resto de ocupantes y la de tu coche agradecerán que abandones este mal hábito.

6. Conducir en reserva

Conducir con el depósito de combustible prácticamente vacío o en reserva es otro malo hábito que debemos cambiar cuanto antes. Si eres de los que apuran para repostar te interesará saber que cada vez que circulas en reserva estás comprometiendo la bomba que manda el combustible a los inyectores.

Esta bomba necesita estar sumergida completamente en combustible para garantizar su lubricación y mantener su temperatura. Con un nivel bajorealizar la misma tarea requerirá de un mayor esfuerzo por lo que sus piezas sufrirán innecesariamente.Además, al circular en reserva estaremos facilitando que los sedimentos acumulados en el depósito lleguen hasta el motor obstruyendo el filtro. Esta obstrucción puede reducir el rendimiento del motor y aumentar considerablemente el consumo. Podemos detectar que dicho filtro está sucio si al arrancar el motor con el coche frío notamos que le cuesta.

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