Cómo evitar la “procrastinación”, el síndrome que nos afecta a todos

Hasta ahora “Procrastinación” era una palabra prácticamente desconocida a nivel popular y que últimamente está sonando bastante en los medios de comunicación. Se trata de un hábito o un comportamiento anómalo que nos empuja a aplazar las tareas y que afecta a gran parte de la población, provocando, entre otros efectos, estrés y ansiedad, efectos fácilmente evitables con unas cuantas herramientas y con mucha fuerza de voluntad.

la procrastinación es un mal muy del siglo xxi

Se define como procrastinar el mal hábito que tenemos los seres humanos de aplazar las labores importantes para realizar otras menos urgentes, pero que a cambio nos ofrecen un mayor bienestar o satisfacción personal. Y es que a todos nos ha dado pereza afrontar las tareas de la casa para seguir viendo otro capítulo de nuestra serie favorita o que estudiante no ha dejado ese trabajo para última hora porque: ”eso lo hago yo en un ratito”.

Síndrome del estudiante

La procrastinación es enemiga de la productividad, así que no debemos caer en aquello de que “la pereza es la madre de todos los vicios, y como madre hay que respetarla”. Los expertos estiman que el 20 % de los adultos pueden calificarse como procrastinadores crónicos, aumentando la cifra a un 50% si hablamos de adolescentes, lo que nos lleva a denominarlo “Síndrome del estudiante”, convirtiéndose en una actitud que todos hemos tomado con quizás demasiada frecuencia.

Lo peor de esta costumbre tan nuestra es que somos perfectamente conscientes de lo que hacemos, siendo responsables de una actitud autodestructiva que nos llevará a evitar las tareas que debemos afrontar por realizarlas en un tiempo futuro (que probablemente estará igual de ocupado con otras actividades).

En principio la realización de tareas más agradables nos aporta cierta dosis de bienestar, que con el tiempo, y al descuidar las tareas menos agradecidas, se convierte en presión para culminar las funciones a realizar.

Las consecuencias de la procrastinación

Las consecuencias de esta forma de actuar, según se desprende de un riguroso estudio realizado en Canadá por la Universidad de Sheffield, es la elevación de nuestro nivel de estrés, lo que provoca que tengamos peores resultados en la ejecución de tareas y que de forma añadida suframos altos niveles de ansiedad y bajo rendimiento escolar y laboral. Además, estas circunstancias desembocan en la aparición y empeoramiento de ciertas patologías, como el insomnio y los problemas gástricos.

Las razones por las que posponemos muchas de nuestras faenas podrían ser biológicas, según estudios publicados en la revistaPsychological Science”. De un total de 264 individuos estudiados mediante resonancia magnética, se determinó que la procrastinación afecta en mayor medida a las personas con

mayor volumen de amígdala en el cerebro, personas que pueden estar más ansiosas por las consecuencias negativas de una acción y que por este motivo tienden a dudar y posponer las cosas.

Además, en estos casos se ha comprobado que las comunicaciones existentes entre la amígdala y otra parte del cerebro, llamada córtex del cíngulo anterior, eran más débiles y pobres. Según este trabajo este tipo de personas tiene mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones y debido a ello tienden a posponer sus actividades.

Trucos para evitar la procrastinación

Primero es necesario conocer cuáles son nuestros límites para poder relajarnos y dejar de pensar en las responsabilidades, pero al mismo tiempo se hace necesario cultivar la autodisciplina si queremos dejar a un lado el mal hábito de procrastinar, una palabra que cada vez vamos a escuchar con mayor frecuencia.

la procrastinación es muy habitual entre los jóvenes

Para ello debemos aportar por nuestra parte mucha fuerza de voluntad, pero también debemos saber que los expertos ponen en nuestras manos ciertas herramientas o trucos, como pueden ser la “regla de los dos minutos”, que nos facilitarán la ejecución de las tareas menos agradables de forma más sencillay satisfactoria para nosotros.

Aquí os aportamos algunos consejos:

  1. Visualizar lo positivo de acometer una labor. Realizar una tarea y verla finalizada nos relaja de cara al futuro y nos permite olvidar las preocupaciones asociadas a esta labor.
  2. Comunicar a los demás que tenemos la intención de ejecutar un proyecto. Si conocen nuestras intenciones con respecto a un trabajo, se crea un compromiso que nos “obliga” a finalizarlo para evitar que nos coloquen la etiqueta de perezosos.
  3. Utilizar la regla de los dos minutos. Si estas planificando una acción que no lleva más de dos minutos, no la planifiques: hazla. Se puede extender la duración a 5 ó 10 minutos, pero lo importante es no prolongar las acciones que se pueden acometer sin emplear mucho tiempo en ellas.
  4. Da un primer paso. Si quieres realizar una tarea pero no te atreves a afrontarla, dedícale cinco minutos. Al iniciar el trabajo el miedo se desvanece y te permite coger inercia para ejecutarla o al menos iniciarla.
  5. Las rutinas son buenas. Establecer periodos de tiempo concretos para la ejecución de ciertas tareas nos ayuda a llevarlas a cabo. Plantea tu día o semana de manera general, repartiendo tu tiempo de forma que puedas organizarte.
  6. Toma decisiones. En ocasiones las tareas que nos planteamos se van posponiendo de forma inconsciente. Si quieres llevarlas a cabo dedícales un par de minutos, quizás no tienes los medios o no es el momento más propicio para afrontarlo. Tomar una decisión por razones justificadas no es procrastinar.
  7. Aprende a decir NO. En ocasiones las tareas que pospones lo son por no ser capaz de plantarte y decir NO. Hay que saber que los compromisos pueden convertirse en un ancla.
  8. Divide el trabajo en tareas pequeñas y concretas: Un proyecto grande y complejo puede resultar abrumador. Al dividirlo en pequeñas tareas consigues ver claro el camino y la resistencia a enfrentarte a él disminuye.
  9. Establece una recompensa para cuando termines esa tarea que se resiste. Es bueno motivarte pensando en lo que harás después de realizar la tarea. Un “premio” que realmente te apetezca, te relaje y no suponga ningún esfuerzo. Define tus propios incentivos.

Evita distracciones. En ocasiones estar rodeado de entornos con gran cantidad de estímulos nos descentra de la labor que queremos llevar a cabo. Si quieres terminar una tarea centra tu atención.

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