Anorexia y Bulimia, trastornos alimentarios con secuelas neurosiquiátricas

Un reciente estudio revela las consecuencias que estos trastornos de la conducta alimentaria tienen a nivel neurosiquiátrico en aquellas pacientes con más de diez años de enfermedad. Junto al coste sanitario derivado de los problemas de salud, a largo plazo la anorexia y la bulimia provocan graves deterioros cognitivos y funcionales que afectan a la vida de las personas afectadas, a sus relaciones sociales y a sus posibilidades de acceder a puestos de trabajo.

Chica con bulimia midiendo su talla obsesivamente

En España los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), principalmente Anorexia y Bulimia, son dos veces y media más frecuente en mujeres. En edades comprendidas entre 12 y 21 años la prevalencia de estos trastornos es del 4,1 y 6,4%, respectivamente, y tan sólo del 0,3% en hombres, afectando principalmente en la época de la adolescencia (85% de los casos).

Ya os hemos hablado antes de otros trastornos alimentarios, como la ortorexia nerviosa. Y también de lo que denominamos como «hambre emocional» y de cómo influye en nosotros y en nuestra alimentación y nuestro estado emocional. Sin embargo en este artículo nos centramos en las consecuencias de los dos trastornos de este tipo más extendidos: bulimia y anorexia.

En este sentido un reciente estudio, publicado en la revista “Neuropsychiatric Disease and Treatment” y que analiza las secuelas neurosiquiátricas producidas por la anorexia y la bulimia (tercera patología crónica en adolescentes), revela serios deterioros en los procesos  cognitivos en las pacientes que llevan más tiempo sufriendo este tipo de TCA.

La investigación, dirigida por Antoni Grau, Gustavo Faus, Ernesto Magallón-Neri y Guillem Feixas, evalúa el rendimiento intelectual de un grupo de 82 pacientes en distintos estados de evolución de ambas enfermedades, perteneciendo la mitad del grupo a mujeres con más de diez años de trastorno alimentario y el resto a mujeres con un máximo de dos años del mismo.

Las pruebas realizadas evaluaron la memoria, atención, flexibilidad cognitiva, lenguaje, capacidad para la resolución de problemas y percepción visual de las pacientes y una de las conclusiones del estudio es que el grupo de pacientes de larga evolución mostraba tener un gran deterioro en las áreas de memoria, atención, flexibilidad cognitiva (capacidad de retomar una tarea tras hacer otra de distinta índole), capacidad visoconstructiva (imaginación de formas en el espacio), orientación espacial y resolución de problemas.

Consecuencias neurosiquiátricas

Según los resultados del estudio las personas afectadas por este tipo de trastornos muestran un desarrollo de problemas propios de personas de mayor edad. En concreto la muestra de pacientes (con edades medias de 30 años) presentaba deterioros cognitivos más relacionados con personas de edades en torno a los setenta años.

Los trastornos alimenticios como bulimia y anorexia tienen graves consecuencias a varios niveles

Las pacientes afectadas presentan un déficit que interviene negativamente sobre las funciones ejecutivas, desarrollando problemas a la hora de atender, anticipar, planificar una acción y ejecutarla y en este sentido Antoni Grau expone, que “el pobre funcionamiento en éstas áreas contribuye a dificultar todavía más las posibilidades de recuperación de estas pacientes“.

Esta circunstancia se traduce en una pérdida de oportunidades a la hora de encontrar un empleo, integrarse en el entorno o desarrollar unos “hábitos de autonomía”. Con estos problemas, las personas afectadas tan sólo pueden acceder a puestos de trabajo de baja cualificación y con tareas repetitivas, viendo sus relaciones sociales afectadas de manera evidente. En conjunto todo ello puede conducir a procesos de aislamiento social, circunstancia que contribuye a agravar aún más su situación.

¿Cuál es la causa?

Los autores del estudio apuntan a la desnutrición  como el principal causante del deterioro. Los procesos de purga, el abuso de laxantes y diuréticos y el aislamiento social, conducen a las personas afectadas al desarrollo de enfermedades de corazón, intestinales, inmunológicas o psicológicas.

Por otro lado, el equipo de científicos que realizó el citado estudio admite que se desconoce hasta qué punto se podrían revertir dichos perjuicios con un tratamiento adecuado, recalcando que se hace necesario abrir nuevas vías de investigación de técnicas basadas en la rehabilitación cognitiva con el objetivo de recuperar en parte las capacidades deterioradas en las pacientes.

Coste social y sanitario

Por su parte, Antoni Grau afirma que el campo de los trastornos alimentarios de larga duración no cuenta con ningún análisis que evalúe el deterioro de los pacientes, al tiempo que apunta que, en su opinión, es posible la recuperación de ciertos trastornos y la posibilidad de atenuar algunos efectos secundarios de estas enfermedades.

Anorexia y Bulimia son mucho más que extrema delgadez

Sin embargo, se echa de menos el apoyo institucional, quizá porque las administraciones públicas no han tomado conciencia de lo importante que es este problema y las consecuencias que genera en la sociedad, obviando de esta forma el coste social y sanitario que tienen estos trastornos.

Uno de estos costes es la disminución de la esperanza de vida de las personas afectadas, así como el desarrollo de problemas de salud añadidos como la osteoporosis, la menopausia precoz en mujeres y daños en órganos como hígado, corazón y riñón, pérdida de visión, infertilidad o problemas dermatológicos y digestivos. La aparición de trastornos mentales es otro de los costes asociados a la bulimia y la anorexia, apareciendo tasas de suicidio del 4% y del 5%, respectivamente. Otras consecuencias son la esquizofrenia y las adicciones, que convierten a estas enfermedades en una lacra que hace necesario el desarrollo de una conciencia social.

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