Cambios horarios: Por qué nos vuelven irritables y nos fatigan

Los cambios horarios alteran nuestros ritmos circadianos y con ello vemos modificados temporalmente los niveles de melatonina, que es la hormona encargada de regular de forma natural los periodos de vigilia y de sueño en función de la luz solar. Esta alteración, que suele durar unos tres días antes de regresar a la normalidad, nos produce fatiga y cansancio y nos vuelve más irritables. 

por qué nos perjudican los cambios horarios

El pasado fin de semana se producía el ya tradicional cambio de hora de otoño, que supuso que los españoles y el resto de ciudadanos europeos atrasáramos los relojes una hora. De esta forma las 3 de la madrugada pasaron a ser las 2 y por lo tanto en la noche del sábado al domingo todos tuvimos teóricamente una hora más de sueño.  

En términos biológicos este cambio, como sucede también en primavera, significa que nuestro organismo sufre una alteración de los ritmos circadianos, produciéndose un efecto similar al que tiene lugar con el “jet lag” que sufrimos cuando en el transcurso de vuelos transcontinentales en avión viajamos a países donde existen usos horarios diferentes. 

Qué son los ritmos circadianos 

El término circadiano procede de los vocablos latinos “circa” (alrededor) y “diem” (día) y da nombre a unos ritmos biológicos que están controlados por un reloj principal que se encuentra ubicado en el hipotálamo

Este área del cerebro está situada debajo del tálamo y encima de la glándula pituitaria y una de sus responsabilidades es la de jugar un papel protagonista en la producción y secreción de hormonas. 

Para ello el hipotálamo envía señales a distintas partes del cerebro, como es el caso de la glándula pineal, que es la encargada de producir melatonina. Esta hormona es la responsable de regular los estados de vigilia y de sueño en función de la luz solar. 

Cuando hay luz la glándula pineal inhibe la producción de melatonina y sucede al contrario con la oscuridad, momento en el que segrega más cantidad de melatonina con el objeto de prepararnos para la llegada de las horas de sueño. 

Los cambios horarios de primavera y de otoño actúan directamente sobre nuestros ritmos circadianos, lo que se traduce en una alteración del sueño que a su vez produce somnolencia diurna, falta de atención, cansancio, etc, síntomas que suelen desaparecer al cabo de tres días sin necesidad de tratamiento farmacológico. Si esto no es así tendremos que buscar el consejo de un experto médico para que valore otras posibilidades. 

cambio de hora

Por otro lado, los cambios en los ritmos circadianos también pueden intervenir en nuestros hábitos alimenticios, en las digestiones y en algunas otras funciones. 

Romper el ritmo del sueño 

Cuando la secreción de melatonina se ve afectada por cualquier circunstancia, en este caso por los cambios horarios, nuestro organismo se resiente en cuanto a la duración y calidad de nuestro descanso nocturno.  

Por regla general la ruptura del ritmo de sueño suele desembocar en situaciones de irritabilidad y de fatiga, lo cual puede tener un impacto negativo en trabajadores que realizan actividades de conducción o donde la falta de atención puede resultar peligroso. Pero como hemos comentado anteriormente estos síntomas suelen desaparecer transcurridos tres días. 

los problemas derivados del cambio horario

Las personas que pueden verse más afectadas por los cambios horarios son los niños, principalmente lactantes, y las personas mayores, que debido a su edad presentan una sensibilidad mayor frente a los desequilibrios hormonales que por este motivo se producen en nuestro organismo. 

Por otra parte, algunos estudios científicos reflejan la posibilidad de que el cambio horario de primavera pueda tener una ligera incidencia sobre el aumento de infartos de miocardio, mientras que por el contrario no sucede de forma similar durante los cambios horarios de otoño.  

Ello podría deberse, según los citados estudios, a que a raíz de estos cambios se produce una pérdida de horas de sueño que puede dar lugar a situaciones de hipertensión o de desequilibrios en la frecuencia cardiaca. 

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