General Franco, el caballo que protagoniza un conflicto diplomático

Aunque Franco no era un gran amante de los caballos y de la equitación, un purasangre con su nombre se ha hecho famoso en Sudáfrica. Se llama General Franco, acaba de debutar con éxito en la competición y ya se ha convertido en objeto de conflicto a nivel diplomático y deportivo, porque las autoridades españolas exigen que el caballo sea rebautizado con otro nombre.

GENERAL FRANCO EN UNA CARRERA

Seguro que todos hemos visto multitud de estatuas ecuestres de Franco diseminadas por toda la geografía española, cuando era conocido que los caballos no eran la pasión del general que, por el contrario, prefería otro tipo de actividades y deportes.

¿Alguien conoce cómo se llamaba el caballo favorito de Franco? No, porque no existió tal caballo, aunque si es cierto que en la década de los cincuenta algunos de los llamados “desfiles de la victoria” estuvieron presididos por la figura del general a lomos de un caballo.

Esta escasa afición ecuestre quizá viene motivada porque como cuentan algunos historiadores, Franco no era un buen jinete, aunque durante su etapa africana por sus obligaciones militares y por las características de aquel territorio sí que tuvo que montar bastante a caballo, y seguramente también se deba a que la imagen de Franco a lomos de un corcel no era precisamente la que él quería transmitir.

Los caballos de Mussolini y Hitler

Algo parecido le sucedió a Benito Mussolini, del que se dice que prefería el rojo de los “caballos” de Alfa Romeo a las cuatro patas de los caballos cuadrúpedos, aunque como en el caso de Franco en Italia también existieron multitud de estatuas ecuestres del Duce en actitud imperial y ninguna -que se recuerde- conduciendo alguno de sus deportivos favoritos.

Otro caso de dictador poco aficionado a los caballos fue Hitler, que durante su mandato incluso prohibió que en Alemania se bautizara a los caballos con su nombre o con el nombre de personajes importantes de la imaginería nazi, porque en su opinión los caballos no eran animales suficientemente inteligentes.

Por el contrario, Hitler sí fue un gran amante de los perros e incluso llegó a pasear personalmente a su perra Blondie días antes de la conquista de Berlín y con los obuses cayendo en las proximidades de la Cancillería.

Los únicos caballos que le gustaban a Hitler son los que el escultor Josef Thorak esculpió en bronce y que medían nada más y nada menos que veinte metros de altura. Estos caballos, que desaparecieron tras la ocupación de la capital alemana por parte de las tropas rusas y curiosamente han reaparecido hace unos pocos meses después de estar en paradero desconocido desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El purasangre de la discordia

Pero quien le iba a decir a Franco y a todos nosotros, que muchos años después de su muerte un caballo con su nombre -General Franco- se haría famoso nada más y nada menos que en Sudáfrica, país donde este potro purasangre, que costó 255.000 euros, ha debutado con mucho éxito y donde protagoniza uno de esos conflictos diplomáticos con escaso eco en los medios de comunicación.

EL CABALLO GENERAL FRANCO

Las autoridades deportivas y políticas de nuestro país quieren obligar a los propietarios del caballo, Nancy Hossak y Jack Mitchell, a que lo cambien de nombre. El Jockey Club Español argumenta que incumple la legislación de la IFHA, el organismo internacional que rige las carreras de caballos, normativa que dice que no será aceptado un purasangre cuyo nombre sea ofensivo desde el punto de vista de la religión, la política o los grupos étnicos.

Si esto se reconoce que es así, General Franco no podría ser inscrito en el registro oficial de purasangre de competición que gestiona la compañía británica Weatherbys, algo que impediría que este potro pueda continuar compitiendo.

GENERAL FRANCO CORRIENDO

Pero la popularidad de General Franco no se debe tan sólo a la polémica que se ha creado en torno a su nombre, sino a su sangre azul. Este potro es hijo de Frankel, el mejor caballo de carreras de los últimos tiempos, invicto mientras corrió, un ejemplar valorado en 130 millones de euros y cuyas cubriciones generan dieciséis millones de euros al año a sus propietarios.

Por cierto, que a pesar de su juventud y de que todavía no ha alcanzado un palmarés como el de sus antecesores, cada dosis de semen de General Franco se ha valorado en 138.000 euros, cifra que no sabemos si subirá o bajará si, finalmente, este purasangre cambia de nombre.

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