Se calcula que un 4% de la población adulta, principalmente mujeres entre 30 y 45 años, sufren de dermatilomanía, un trastorno psicodermatológico de carácter obsesivo que lleva a los pacientes a rascarse la piel hasta producirse lesiones cutáneas de mayor o menor importancia. Al tratarse de un trastorno con repercusiones psicológicas el tratamiento de esta patología requiere de la colaboración de psiquiatras, psicólogos y dermatólogos.

Las emociones tienen una gran repercusión en nuestra salud y en el caso de la piel existe una patología -dermatilomanía- que viene generada por una alteración del sistema nervioso y que en los pacientes que la sufren provoca el acto de rascarse la piel de forma compulsiva.
Este comportamiento anómalo, en función de cómo se produce el rascado, con qué frecuencia y con qué utensilio, además de las uñas, puede acabar generando lesiones cutáneas crónicas de menor o mayor importancia.
Generalmente estas lesiones se localizan en zonas de fácil acceso para las manos, como brazos, antebrazos, muslos, piernas, parte superior del tronco y rostro.
¿Qué es la dermatilomanía?
Desde un punto de vista médico la dermatilomanía o trastorno de excoriación está considerada desde 1875 como un problema psicodermatológico de carácter obsesivo. Se calcula que actualmente padece esta patología un 4% de la población adulta, afectando principalmente a mujeres entre 30 y 45 años.
Este trastorno suele venir provocado por circunstancias de ansiedad, falta de afectividad, problemas alimenticios, de adicción o de altos niveles de estrés, de forma que el rascado de la piel llega a producir en los pacientes una falsa sensación de placer. Estas circunstancias hacen que la dermatilomanía deba ser tratada de forma conjunta por psicólogos, psiquiatras y dermatólogos.

Tanta es la relación cerebro-sistema nervioso-piel que algunos expertos también han acuñado para la dermatilomanía el concepto médico de “excoriación neurótica”, que guarda una relación directa con el complejo mundo de los denominados trastornos obsesivos compulsivos (TOC).
Conexión cerebro-piel
Nuestro sistema nervioso y por extensión nuestro cerebro tienen una estrecha relación con las tres capas que componen nuestra piel -epidermis, dermis y hipodermis (capa de grasa)-, de forma que cualquier alteración emocional puede producir como resultado un trastorno psicodermatológico.
Esta relación viene dada porque el sistema nervioso y la piel derivan del ectodermo, una membrana que surge durante el desarrollo del embrión y que se encarga de formar las estructuras nerviosas y dérmicas.
Es precisamente esta relación la que provoca que más de un 25% de los pacientes dermatológicos sufran alguna patología de índole psiquiátrica o que presenten aspectos psicosociales disfuncionales.
Por otro lado, recientes estudios también señalan un posible carácter hereditario en los pacientes que sufren dermatilomanía.

¿Cómo reconocer una dermatilomanía?
Desde un punto de vista médico para que el rascado compulsivo de la piel sea considerado como dermatilomanía deben darse los siguientes aspectos:
-Rascado recurrente que acaba provocando lesiones a nivel cutáneo y que no se explica con la presencia de otro tipo de trastorno.
-Intentos infructuosos por dejar de rascarse.
-Los daños en la piel no son debidos a otras alteraciones de la salud ni al consumo de drogas o fármacos.
-En el paciente el hecho de rascarse genera malestar o un deterioro de la calidad de su vida social, laboral, etc. Ello provoca la ocultación de las lesiones mediante la aplicación de maquillaje o de prendas de vestir que las oculten a la vista.

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