La pandemia trastocó muchos planes, entre ellos el de guía noruego de perros de trineo Thomas Waerner, que se marchó a Alaska con sus 24 canes y quedaron todos atrapados durante meses ante la imposibilidad de regresar a su hogar. Algo que por fin han podido culminar mediante el traslado de un avión ‘privado’ de lo más particular.

El cierre de fronteras obligado por la pandemia provocada por el COVID-19 obligó a muchos imprevistos y cambios de planes ante la imposibilidad de desplazarse o regresar al lugar de origen. Una de las incontables personas afectadas fue el guía de perros de trineo Thomas Waerner. El corredor profesional noruego, que se marchó a Alaska con sus 24 perros de trineo, a buen seguro no se imaginaría cuando tomó tal decisión que se vería obligado a mantenerse allí junto a sus canes durante meses.
Waerner forma parte del equipo de corredores que el país noruego emplea en la Iditarod, – que significa lugar lejano en la lengua nativa de los Ingalik -, una de las carreras de trineo con perros más duras que existen y de la que algunos de sus integrantes salieron victoriosos en tres ediciones (2003, 2005 y 2018). Con el punto de inicio en la ciudad de Anchorage, esta prueba en la que desde 1973 compiten corredores de todo el mundo finaliza en Nome, recorriendo 1.800 kilómetros de bosques en los que predominan las bajas temperaturas (de hasta -37ºC), el hielo y las fuertes tormentas de nieve.
Los 24 perros de trineo de Waerner, preparados y entrenados para este tipo de competición, se desplazaron junto a su guía a tierras alasqueñas para completar todo el recorrido en un total de nueve días y diez horas. Un tiempo que les valió para ser los primeros y alzarse con el merecido trofeo. Pero la historia no tendría su final ahí. En ese momento la pandemia de coronavirus tuvo su apogeo en el mundo y el cierre de fronteras obligaron al corredor noruego y a sus perros a mantenerse en Alaska hasta nuevo aviso.
El avión reliquia convertido en medio de transporte perfecto
Un periodo de restricciones que les ha impedido regresar hasta varios meses más tarde, puesto que la situación especial de Waerner no era nada sencilla para viajar de Alaska a noruega, al tener que ir acompañado de 24 perros que igual que él necesitaban de transporte para la vuelta. La paciencia tuvo sus frutos finalmente en forma de avión ‘privado’ de lo más particular que él mismo encontró de la forma más inesperada. Mediante un anuncio en el periódico, Thomas comprobó que estaba planeado el traslado de un avión reliquia DC-6 con destino al Museo de Historia de la Aviación, ubicado en el municipio noruego de Sola. Una ocasión ideal que no podía desaprovecharse para regresar a casa.
El histórico medio de transporte aéreo, que estuvo en funcionamiento de 1962 a 1971, recogió a Thomas y a sus 24 compañeros caninos gracias a la ayuda de un sponsor y tirando de varios contactos para llevarlos de vuelta a Noruega, por fin.
Todo ello con ‘sustito’ incluido durante el viaje, para más inri. Y es que tras más de 20 horas de viaje, el avión sufrió una avería en uno de sus motores por la que se temió lo peor durante un breve periodo de tiempo. Pero finalmente el imprevisto fue reparado y ya nada detendría a estos 25 sufridores que pisarían su tierra de origen poco después. Una vez más, el valor de la paciencia, ese que a veces tanto nos cuesta, vuelve a demostrar que es uno de los principales que debemos poseer. Paciencia y amor por nuestras mascotas, esas que nunca debemos abandonar pase lo que pase. La historia de Waerner sirve como otro gran ejemplo de ello.
Si te resultan interesantes este tipo de artículos, no te pierdas LA HISTORIA DE TOGO, EL PERRO DE TRINEO QUE SE CONVIRTIÓ EN HÉROE

Periodista | Comunicación corporativa y Marketing Digital en TERRÁNEA



