Caballos árabes rusos, el secreto mejor guardado de la URSS

El centro de cría de Terks fue creado en la Rusia de los zares y a pesar de la mala imagen que tenían los caballos entre los revolucionarios bolcheviques se mantuvo en funcionamiento con Lenin y Stalin. Los caballos árabes rusos fueron uno de los secretos mejor guardados en la URSS.

En la Rusia de los zares los caballos eran uno de los símbolos de distinción para una aristocracia que gustaba de hacer ostentación de riqueza. En 1918, poco antes de la revolución bolchevique, el arquitecto español Agustín de Betancourt trabajó para Nicolás II, el último zar de la familia Románov, en el proyecto de modernización de las antiguas caballerizas y de las instalaciones para la realización de ejercicios ecuestres que Alejandro I había mandado construir en su palacio de San Petersburgo en 1818.

Tras el triunfo de los revolucionarios, los caballos de los zares y de los aristócratas rusos se convirtieron en poco menos que en «enemigos del pueblo», de forma que los que no fueron reconvertidos en animales de trabajo o en ejemplares al servicio del incipiente ejército de los «soviets», simplemente desaparecieron.

Posteriormente en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) los caballos nunca fueron objeto de especial atención por parte de los sucesivos “politburó” que dirigieron el país, pero por alguna extraña razón Lenin -primero- y Stalin -después- mantuvieron la cría de caballos árabes en Rusia. Incluso durante la invasión alemana durante la Segunda Guerra Mundial el mejor semental, Piolum, fue objeto de una compleja operación de evacuación para evitar su captura.

Hasta la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 el centro ecuestre de Tersk, situado en el Cáucaso Norte al pie de las montañas que rodean la ciudad de Pyatigorsk, fue uno de los secretos mejor guardados en la URSS. Los caballos árabes de competición que allí se criaban mediante un estricto programa de selección eran una “cuestión de Estado” y por ello sus instalaciones, que tenían prohibidas las visitas, estaban fuertemente vigiladas por soldados y agentes del KGB.

Pero la historia de los caballos árabes rusos había comenzado un siglo antes. Para conseguir los deseados objetivos de calidad atlética máxima que deseaban los zares como seña de identidad para esta raza, los primeros ejemplares que llegaron a Tersk tenían una conformación anatómica perfecta y destacaban por su inteligencia y docilidad.

Seguramente los zares no olvidaban que en 1812 Napoléon se había lanzado a la conquista de Rusia con un enorme ejército que contaba con 180.000 caballos, al que se enfrentaron 60.000 cosacos y sus 60.000 caballos del Don, una raza autóctona mezcla de sangre turkmena, karabaj y árabe cuyos ejemplares siguen destacando por ser muy resistentes y por conformarse con raciones de alimento muy escasas.

Hoy el caballo árabe ruso es el resultado de muchas generaciones de una estricta política de selección de sementales y yeguas de cría y de una rigurosa evaluación de todos y cada uno de los potros, lo que supone que no todos los animales nacidos en Tersk sean finalmente inscritos en el Stud Book y que ello haya provocado la fama internacional y el alto coste de los “ejemplares de élite” que llevan la firma de este centro.

Los potros son enviados al hipódromo una vez que cumplen un año comenzando a competir cuando alcanzan los dos. A partir de ahí corren cada dos semanas en distancias entre 1.000 y 1.800 metros y al cumplir los tres años comienzan a competir cada diez o quince días sobre distancias de 3.200 metros, haciéndolo con una cadencia semanal de carreras cuando los animales alcanzan los cuatro años.

Los ejemplares que no son capaces de aguantar este ritmo de entrenamiento son desestimados, lo que se traduce en que después de muchas generaciones los caballos árabes rusos destacan por tener una excelente conformación física y un corazón capaz de pasar sin problemas de 40 a 100 pulsaciones/minuto cuando se encuentran a pleno esfuerzo y de tener una frecuencia cardiaca normal que oscila entre las 25 y 30 pulsaciones/minuto.

En su creación en el centro ecuestre de Tersk los primeros caballos árabes rusos coincidieron con los últimos ejemplares de Strelet, una raza autóctona prácticamente extinguida en aquel momento. A la muerte de Stalin en 1953 su sucesor Nikita Kruschev decidió mantener la actividad en Terks con la “disculpa” de salvaguardar a estos caballos, puesto que Kruschev era un gran defensor del “espíritu de la Gran Rusia” que en su opinión los Strelet representaban.

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