Dingos, los perros salvajes de Australia convertidos en mascotas

Una de las especies autóctonas de Australia es el Dingo, un animal mitad lobo y mitad perro, pero que por cuestiones de mestizaje e hibridación ha terminado por convertirse en un perro salvaje que ladra poco y que aúlla como los lobos. En Australia muchas familias tienen dingos como mascotas, quizá porque no huelen como un perro y porque no necesitan pocos cuidados.

DINGOS

Hace unos días una familia australiana de la ciudad Wandililong, se encontró en el jardín de su casa lo que en un primer momento pensaron que era un cachorro de perro, que rápidamente fue adoptado por los niños de la casa y bautizado con el nombre de Wandi.

El animal parecía extraviado y para conocer cuál era su estado de salud lo llevaron a una clínica veterinaria, donde tras realizarle un análisis de ADN comprobaron que se trataba de un cachorro de Dingo de unas pocas semanas, por lo que el animal fue trasladado a un refugio destinado a acoger este tipo de animales para su posterior puesta en libertad.

Desde un punto de vista científico el Dingo (Canis lupus dingo) es una subespecie de lobo que vive en Australia y en algunas partes del sudeste asiático, aunque por lo general está considerado por los australianos como un perro salvaje, dado que en estos momentos los cruces con los perros domésticos han provocado que esta especie autóctona se encuentre en una situación muy difícil de supervivencia.

Un macho adulto de Dingo puede alcanzar fácilmente los 59 centímetros de altura y un peso de hasta 32 kg, más o menos como un perro doméstico grande, aunque las diferencias entre ambos es que los dingos tienen los hocicos más largos, unos dientes incisivos de mayor tamaño y un esqueleto más plano y con una nuca más grande.

El pelaje de un dingo es por regla general amarillo jengibre, rojizo o amarillo arena, también se dan mezclas de estas tres tonalidades, y cualquier otro color puede ser muestra de que se trata de un animal híbrido. Además, los dingos de raza pura tienen el pelo blanco en las patas, en el pecho y en la punta de la cola, y algunos ejemplares pueden mostrar un oscurecimiento en el hocico.

Como sucede en nuestro país con los perros asilvestrados los dingos viven en manadas de hasta una docena de miembros, donde existe una jerarquía -similar a los lobos- para los machos y otra diferente para las hembras, de forma que la reproducción está limitada a la pareja dominante, mientras que el resto de miembros de la manada cuidan de los cachorros.

Como sucede con los perros los dingos también ladran, aunque no con tanta frecuencia, y como en el caso de los lobos los dingos también aúllan. A diferencia de los perros los dingos se reproducen tan sólo una vez al año, aunque los machos son fértiles siempre a partir de su primer año de vida y desde los dos años las hembras tan sólo durante el llamado “ciclo estral”. El periodo de gestación oscila entre 56 y 58 días.

Los dingos fueron descubiertos por los colonizadores europeos en el siglo XVII y a comienzos del siglo XX la tercera parte de los ejemplares existentes eran híbridos, aunque para los expertos estos “mestizos” deben considerarse también dingos porque sus características físicas y comportamiento son muy similares, circunstancia que no ha servido para que el Dingo tenga la consideración de “especie vulnerable”.

Aunque se trata de un animal que está protegido por la legislación australiana es frecuente que para muchas familias los dingos se hayan convertido en las mascotas de la casa, algo que no está prohibido, quizá porque no desprenden el clásico olor de los perros y porque se acostumbra muy fácilmente a una vida independiente y de pocos cuidados, aunque tratándose de animales con un ADN salvaje su “domesticación” no siempre es fácil.

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