La trágica historia de las mascotas sacrificadas en la II Guerra Mundial

La historiadora Hilda Kean expone en su libro la desconocida y trágica historia de la masacre de más de 400.000 mascotas, sacrificadas en Gran Bretaña al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Han transcurrido ya más de 70 años desde que se pusiera fin a la segunda contienda a nivel mundial más importante de toda la historia, y todavía continúan saliendo a la luz nuevos sucesos desconocidos de aquellos años llenos de penurias y desolación humana.

Más de 400.000 perros y gatos fueron sacrificados al comienzo de la guerra.

Más de 400.000 perros y gatos fueron sacrificados al comienzo de la guerra (Foto: Hilda Kean).

Una de ellos es la que ha expuesto la historiadora y profesora Hilda Kean en su libro The Great Cat and Dog Massacre: The Real Story of World War Two’s Unknown Tragedy (Animal Lives), en castellano traducido como La Gran Masacre de Gatos y Perros: La Verdadera Historia de la Desconocida Tragedia de la Segunda Guerra Mundial.

Según la obra de Kean, tras anunciar Neville Chamberlain, por aquel entonces Primer Ministro británico, la declaración de guerra de Gran Bretaña a la Alemania Nazi, más de 400.000 mascotas (perros y gatos en su mayoría) fueron sacrificados durante los primeros cuatro días de la Segunda Guerra Mundial.

Nada menos que un 26% de los animales que vivían con sus familias en la capital londinense perdieron la vida al ser entregados a perreras con el objetivo de que alcanzasen el denominado “regalo del sueño”. Algo que provocó incluso, también con motivo de las largas colas de espera, una abundante aparición de cadáveres de perros que no habían podido ser incinerados al estar prohibido trabajar por la noche, debido a las restricciones impuestas con motivo de la guerra.

Una masacre atroz por la que protestaron numerosas protectoras y veterinarios pero que, como muchas otras que sucederían aquellos años, había sido borrada de la memoria colectiva, y que Hilda Kean ha querido recordar en su obra.

Según indica la propia profesora en otra publicación, parece ser que lo vivido en el anterior conflicto mundial unos años atrás propició que se produjera esa locura colectiva ante la llegada de una nueva guerra. Muchos optaron por sacrificar a sus animales antes que verlos morir de hambre o por circunstancias similares.

Septiembre de 1939 fue la fecha de esta trágica historia, lo que explica que no fuera una consecuencia inevitable del conflicto, como indica la autora, al suceder nada más anunciarse la declaración británica y tornarse en decisión colectiva casi de inmediato.

Otras mascotas tuvieron mejor suerte durante la guerra y fueron evacuadas durante la contienda junto a sus familias. Así lo relata Hilda Kean gracias a los diarios de aquellos que vivieron en sus propias carnes el horror de aquella época, con los que concluye el fuerte vínculo creado entre animales y dueños para sobrevivir o no durante aquellos largos años.

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