A comienzos de 1955 Mercedes-Benz tenía listo el Blue Wonder, un vehículo-plataforma que debía encargarse del transporte de los bólidos “flechas de plata” de la F-1. Pero tras la tragedia acaecida en las 24 Horas de Le Mans de ese año, cuando el accidente de uno de los vehículos de MB provocó la muerte de 83 espectadores y del piloto Pierre Levegh, la marca alemana decidió a finales de 1955 abandonar todas las competiciones. ¿Qué hacer entonces con el Blue Wonder?

En la década de los cincuenta del siglo XX la mayor parte de los Grandes Premios de F-1 se disputaban sobre el trazado de circuitos europeos y en este escenario deportivo y logístico pilotos y equipos estaban obligados a disponer de vehículos que estuvieran especialmente diseñados para el transporte de los bólidos de la época.
Este fue el motivo de que el departamento de competición de Mercedes-Benz le encargara a su equipo de ingenieros el diseño de un vehículo de transporte que, además de poder moverse con rapidez, cumpliera con los estándares de calidad y de imagen de la firma alemana.
Fue de esta forma cómo a comienzos de 1955 surgiría el Mercedes-Benz M-198, un vehículo-plataforma que en el mundo de la competición fue popularmente conocido como “Blue Wonder” (Maravilla Azul) y cuyo trabajo sería transportar las famosas “flechas de plata”.
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Hecho de retales
A pesar de estar hecho de “retales”, el Blue Wonder tenía una estética atractiva y unas dimensiones de 6,75 metros de largo por dos metros de ancho, que le permitían transportar en su plataforma un bólido de F-1 con total seguridad.

Cuando decimos que la Maravilla Azul estaba construida de retales no debe entenderse como algo peyorativo, dado que para abaratar costes de diseño y de desarrollo los ingenieros de Mercedes-Benz emplearon en su construcción componentes que ya se venían utilizando en otros modelos.
De esta forma el Blue Wonder incorporaba un motor de inyección directa de seis cilindros, tres litros de cubicaje y 192 CV, que era el mismo grupo motriz que en aquel momento montaba Mercedes-Benz en el legendario deportivo 300 SL Gullwing (Alas de Gaviota).
Con semejante propulsor bajo el capó el Blue Wonder podía alcanzar los 170 km/h, una prestación suficiente para que los bólidos de la “estrella” se pudieran mover rápidamente entre los circuitos y la sede de MB y viceversa.
Por otro lado, los guardabarros y las puertas del Blue Wonder procedían, por ejemplo, del Mercedes 180 Sedán. Pero estar hecho de “retales no significa que la Maravilla Azul no incluyera algunas novedades técnicas, como es el caso de un primitivo sistema de control de crucero que consistía en una palanca situada a la derecha del conductor y que se desplegaba para mantener pisado el acelerador.

Salvado del desguace
A finales de 1955 Mercedes-Benz decidió abandonar todas las competiciones automovilísticas tras la tragedia acaecida en el circuito francés de la Sarthe durante la celebración de las 24 Horas de Le Mans de ese mismo año y que provocó la muerte de 83 espectadores y del piloto Pierre Levegh.
A partir de ese momento el Blue Wonder dejó de ser útil para la labor para la que había sido diseñado y la cuestión era, ¿qué hacer con él? La primera idea fue enviarlo a Estados Unidos para que fuera empleado como vehículo de exhibición y de regreso a Europa en 1967 Mercedes-Benz decidió enviarlo a la chatarra.

Pero por alguna razón que desconocemos, quizá fuera nostalgia, la marca alemana no sólo no cumplió con sus planes sino que contra todo pronóstico construyó tres nuevas unidades Blue Wonder, que tan sólo se diferencian de la primera por el color azul satinado de su carrocería, que era de tonalidad brillante en la primera Maravilla Azul.
Con el paso del tiempo el Blue Wonder se ha convertido en objeto de deseo para los coleccionistas de clásicos, que han llegado a pagar hasta 1,5 millones de dólares por una de las cuatro unidades que todavía se conservan.

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