¿Quién no se ha comido la cabeza en alguna ocasión? Todos lo hacemos en algún momento de nuestras vidas. De esta forma “rayarse” o “comerse el coco” son las expresiones que utilizamos coloquialmente a la hora de definir un comportamiento mental negativo, que los psicólogos han bautizado (de forma más científica) con el nombre de Metacognición.

Hasta en sus apariciones más leves la Metacognición, que puede llegar a revestir gravedad en algunos casos donde existe un excesivo grado de retroalimentación, en nada favorece a nuestra salud física y mental.
De ahí que los psicólogos empleen técnicas destinadas a impedir que los pensamientos negativos se repitan en nuestra cabeza de forma permanente, porque con ello surgirán una serie de trastornos psicofísicos asociados que nos impedirán tener una vida saludable y que pueden derivar en ansiedad y depresión.
Por qué es malo “comerse el coco”
Los psicólogos coinciden en señalar que “darle vueltas a una misma cuestión hasta llegar a una situación anímica de extenuación mental”, es algo que debemos prevenir y evitar y que para ello probablemente requiramos del apoyo de un tratamiento especializado (terapia metacognitiva).
Por otro lado, los pensamientos persistentes de carácter negativo acaban desencadenando problemas de tipo psicofísico (insomnio, dificultad para la concentración, pérdida de energía, cansancio, inapetencia, infelicidad, etc.), dando lugar a un círculo vicioso que de mantenerse en el tiempo puede desembocar en trastornos crónicos de ansiedad y depresión.
Además, cuando los llamados “pensamientos circulares” conquistan nuestra mente entramos en una dinámica de alerta que nos impide el necesario sosiego. Comenzamos a experimentar un excesivo e injustificado pesimismo frente a las cosas que nos suceden y de una excesiva negatividad sobre nuestras perspectivas de futuro y sobre la imagen que tenemos de nosotros mismos y de las personas que nos rodean, lo que provoca distanciamiento social y una reducción de nuestras relaciones interpersonales.

Otro de los síntomas de la Metacognición es que las personas que sufren este trastorno psicológico pueden llegar a desarrollar una personalidad perfeccionista que les conduce a una planificación excesiva de todos los aspectos de sus vidas, incluso de los más insignificantes, de forma que la pérdida de control sobre cualquier situación o acontecimiento les genera innecesarios sentimientos de preocupación y frustración.
Terapia metacognitiva
El objetivo de la terapia metacognitiva consiste en hacernos reflexionar sobre nuestro pensamiento interior, mostrándonos en primer lugar críticos con el objeto y sujeto que protagonizan ese pensamiento y en un segundo paso identificar cuándo y cómo aparece ese pensamiento persistente y porqué.
El psicólogo de la Universidad de Manchester, Adrian Wells, fue el primero en aplicar esta técnica de terapia metacognitiva. Para Wells el pensar demasiado y rumiar aquello que nos preocupa es una estrategia aprendida que elegimos de forma consciente o inconsciente. Es nuestra forma de lidiar con aquellos pensamientos difíciles y con aquellos sentimientos que de alguna forma entrañan complejidad.

En este sentido la Metacognición sería un mal hábito que podemos cambiar si existe voluntad para ello. Un experimento de Adrian Wells con 174 pacientes con síntomas depresivos sirvió para descubrir, que las personas tratadas con terapia metacognitiva reportaron más beneficios que aquellas que recibieron la habitual terapia cognitivo conductual.
Para Wells esto significa que las enfermedades mentales no vienen producidas tan sólo por la existencia de pensamientos negativos, sino por el tiempo que estos pensamientos rondan por nuestra cabeza. Por esta razón hay que conseguir que estos pensamientos sean efímeros y que su persistencia sea tan sólo cuestión de minutos.

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Un comentario
Es una forma de auto-tortura mental que puede generar mucho estrés, ansiedad, tristeza, frustración y angustia. Además, comerse el coco suele ser improductivo, ya que no nos ayuda a resolver los problemas sino que los magnifica y los complica.