Para los amantes de los caballos no resulta extraño escuchar que tras sufrir una grave lesión en sus patas un caballo ha sido sacrificado. El caso más reciente lo tenemos en el caballo olímpico Jet Set. La explicación está en que un caballo soporta mucho peso en unas patas relativamente débiles y formadas por estructuras óseas y musculares que en ocasiones no permiten aplicar soluciones quirúrgicas u otro tipo de tratamientos que faciliten la recuperación de la extremidad dañada.

Hace tan solo unos días los amantes de los caballos nos quedamos sorprendidos al conocer que el caballo olímpico “Jet Set” había sido sacrificado tras sufrir una rotura de ligamentos en su pata delantera derecha, justo por encima de la pezuña.
Tras una primera evaluación los propietarios y el jinete del caballo (Robin Godel) optaron por el sacrificio como la opción más humanitaria. Por su parte, los responsables veterinarios de la Federación Internacional realizaron una autopsia del caballo para determinar los pormenores de dicha lesión y poder determinar si la decisión de sacrificar a Jet Set fue acertada o no.
¿Está justificado el sacrificio cuando un caballo se lesiona?
Todo depende del tipo y gravedad de la lesión. Aunque en la actualidad existen tratamientos y técnicas veterinarias que permiten recuperar la movilidad a los caballos, incluso que puedan volver a competir, todavía un cierto número de animales son sacrificados tras sufrir una lesión grave.
La razón de una decisión u otra tiene mucho que ver con la estructura corporal de un caballo. Estos animales soportan mucho peso sobre unas extremidades relativamente frágiles, lo que significa que cualquier lesión en las patas que requiera cirugía se convierte en un auténtico problema de cara a la recuperación de la extremidad lesionada.

En el caso de las fracturas la recuperación es complicada dada la gran cantidad de daños que se generan en las estructuras óseas, por lo que es prácticamente imposible fijar con tornillos la articulación.
Este hecho, unido a la falta de estructuras que colaboren en el soporte del hueso (a parte de los tendones y ligamentos los caballos no tienen musculatura debajo de la rodilla) y a que los caballos permanecen de pie mucho tiempo, son circunstancias que dificultan la recuperación en caso de lesión.
Los milagros cuestan mucho dinero
Aún así muchos defienden que es posible la recuperación de un caballo tras una rotura ósea y su vuelta a la vida normal, aunque en el caso de caballos de competición no suelen volver a la vida activa siendo dedicados a tareas más livianas o programas de cría.
Para llevar a cabo estas recuperaciones milagrosas se necesitan unas instalaciones específicas, además de un desembolso económico importante, no pudiendo asegurarse la completa recuperación del animal.
En el caso de roturas de tendones y ligamentos las perspectivas tampoco son excesivamente halagüeñas, aunque se ha evolucionado mucho en los últimos años. Como en el caso de las fracturas los resultados dependen en gran medida de la gravedad y alcance de la lesión.
En estos casos es necesario aplicar técnicas pioneras, como la regeneración mediante fibrillas de colágeno, terapias con células madre o cirugías, terapias nada económicas y que necesitan periodos de recuperación muy largos.

La historia de superación de Seabiscuit
Pero los milagros existen y caballos que prácticamente fueron desechados tras sufrir una importante lesión se recuperaron, volvieron a competir y llegaron a convertirse en caballos de leyenda.
Este fue el caso de Seabiscuit. En su quinto año de vida este caballo sufrió rotura de ligamentos en su pata delantera izquierda, una lesión que hizo pensar en que nunca más volvería a competir. Los intensos cuidados de su entrenador Red Pollard consiguieron que Seabiscuit regresara a la competición, convirtiéndose en uno de los caballos que más carreras ha ganado y que más dinero ha recaudado con sus victorias.

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