Seabiscuit: Un caballo que se convirtió en leyenda

Durante la Gran Depresión un caballo de carreras aparentemente perdedor acabó convirtiéndose en la esperanza de los millones de desheredados que recorrían Estados Unidos en busca de un trabajo y una oportunidad.

El 29 de octubre de 1929 se producía el “martes negro” en Wall Street y la economía norteamericana y mundial se hundía en la Gran Depresión, un periodo que se extendió durante más de una década –hasta comienzos de la Segunda Guerra Mundial– y que provocó que en Estados Unidos el desempleo creciera más de un 25% y que miles de ciudadanos y de familias recorrieran el país en busca de comida, trabajo y una oportunidad.

En ese ambiente de catástrofe y derrota nacional nace Seabiscuit (Mayo 1933), un potro pequeño y frágil nieto del campeonísimo Man O´War, el caballo de carreras más famoso de Estados Unidos, e hijo de los también campeones Swing On y Hard Tack, aunque ninguno de sus gloriosos antepasados consiguió ser estrella cinematográfica. Por el contrario a Seabiscuit la industria de Hollywood le dedicó dos películas (1949 y 2003).

Se trata sin duda de uno de los caballos más famosos de la historia. Su nombre hacía referencia a las nutritivas galletas con las que solían alimentarse los marineros en sus travesías, aunque en aquel momento nadie pensó que aquel potrillo con pinta de caballo perdedor y que dormía y comía más de la cuenta se convertiría en un caballo de leyenda y en la gran esperanza de miles de ciudadanos norteamericanos.

Su primer entrenador fue Sunny Jim Fitzsimmons, un nombre legendario en los hipódromos de Estados Unidos por haber conseguido la Triple Corona en 1935. En sus primeros años Seabiscuit destacó por ser reacio a los entrenamientos y por ello fue utilizado como sparring de otros caballos ganadores.

A pesar de ser un caballo de mal carácter, difícil de montar, que pecaba de falta de atención y que no aparentaba ser un ganador, su entrenador siempre pensó que Seabiscuit era un diamante en bruto, tanto que cuando el empresario automovilístico Charles S. Howard lo compró en el verano de 1936 la factura de venta marcaba la friolera de 7.500 dólares, cantidad muy elevada para un caballo que carecía de palmarés.

En su nueva cuadra Seabiscuit se cruzaría con dos nombres propios que cambiarían su destino: Tom Smith (entrenador) y Red Pollard (jinete). En sus primeras carreras defendiendo los colores de C.S. Howard los resultados fueron poco esperanzadores, pero los métodos atípicos de Tom Smith acabaron obrando un milagro cuya luz iluminaría a todo un país. Seabiscuit no abandonó nunca sus salidas cansinas y sus finales vertiginosos, pero su entrenador le inculcó un espíritu de vencedor.

En 1937 Seabiscuit se impone contra todo pronóstico el hándicap de Santa Anita, que con 125.000 dólares para el ganador era el “premio gordo” de las competiciones hípicas en Estados Unidos. Ese año mismo montado por Red Pollard se impone en once de las quince carreras en las que compite, recorriendo el país en un vagón de tren convertido en establo portátil. Había comenzado la leyenda.

Tras realizar una gran temporada en la Costa Oeste el propietario de Seabiscuit decide que su caballo se traslade a la Costa Este para enfrentarse en un mano a mano con War Almirall, un caballo de tres años símbolo de la aristocracia americana y que como Seabiscuit era nieto de Man O´War.

War Almirall venía de haber ganado la Triple Corona en 1937 tras imponerse en las tres grandes carreras de la temporada: Derby de Kentucky, Prekness Stakes de Maryland y Belmont Stakes de Nueva York. El primer derbi entre Seabiscuit y War Almirall tuvo lugar en el hipódromo de Belmont en mayo de 1938 y la victoria fue para el segundo de los nietos.

La derrota de Seabiscuit en Belmont fue una amarga derrota para miles de americanos pobres, enfrentados a una oligarquía económica que no estaba padeciendo como ellos la Gran Depresión. Seguramente por eso los medios de comunicación de la época calificaron la revancha como la “Carrera del Siglo”.

Fue en Baltimore el 1 de noviembre de 1938 y se convirtió en uno de los acontecimientos más famosos en Estados Unidos, porque aquel día en el Race Course de Pimlico se enfrentaron dos mundos diferentes que apoyaban a caballos diferentes. Las únicas apuestas en favor de Seabiscuit venían de California.

War Almirall y Seabiscuit corrieron sobre un recorrido de 1,33 millas, unos 1,91 kilómetros, en presencia de 40.000 aficionados venidos desde todos los puntos del país, en una carrera que fue seguida por radio por 40 millones de ciudadanos.

Tom Smith preparó concienzudamente el mano a mano. Seabiscuit solía tener unas salidas muy perezosas, mientras que por el contrario War Almirall salía de los cajones como un auténtico proyectil. Smith pensó que si todo sucedía como en Belmont la derrota estaba asegurada y por ello cambió de estrategia.

Y acertó. En la línea de meta Seabiscuit sacó cuatro cuerpos de ventaja a War Almirall y con esa victoria se convirtió en el emblema de un país que necesitaba que los perdedores creyeran en sí mismos. “Yes we can”, que diríamos ahora. Con su victoria en Pimlico el título de Caballo del Año 1938 fue para Seabiscuit. Nadie discutió la decisión.

La última carrera de Seabiscuit fue en Santa Anita, en su California natal, donde después de recuperarse de una grave lesión de ligamentos ganó de nuevo el “Gran Cien” ante 70.000 personas que lo vitorearon. Cuando Seabiscuit murió en mayo de 1947 lo hizo como el tercer caballo más famoso de la historia de los Estados Unidos, el que más dinero había ganado y después de haber engendrado a 108 potros. En el ránking de caballos purasangre americanos Seabiscuit ocupa el puesto 20º. Su abuelo Man O´War es el primero.

Tanta era la fama de este caballo que durante su merecido retiro en Ridgewood Ranch era visitado anualmente por más de 50.000 personas, que querían ver de cerca a ese caballo que contribuyó a que un país entero saliera de su Gran Depresión.

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