Fiebre del barro o Arestín en caballos: Qué es y cómo se cura

Los cascos del caballo.

Fiebre del barro o Arestín en caballos: Qué es y cómo se cura

Los arestines o “ fiebre del barro ” son lesiones de la piel que afectan a los caballos que viven en ambientes muy húmedos. Se trata de una dermatitis que produce grietas y fisuras en las zonas inferiores de las patas próximas a los cascos y que causan molestias, dolor y cojeras en los animales que las sufren. No es una patología grave pero sí que requiere un largo periodo de tratamiento.

Caballos galopando por la playa.

¿Qué es el barro equino?

La fiebre del barro (“mud fever”) es una patología de la piel que dependiendo de determinadas circunstancias ambientales puede llegar a ser muy común en los caballos. Esta enfermedad se localiza principalmente en la epidermis de las zonas inferiores de las patas y afecta sobre todo a aquellos animales que viven en localizaciones con un alto grado de humedad.

¿Qué son los arestines en caballos?

Los arestines, como popularmente se conoce a la “fiebre del barro”, son lesiones que no revisten gravedad para los animales que las sufren, pero que llegan a ser muy molestas y difíciles de tratar por parte de propietarios y veterinarios. La epidermis de los caballos está formada por una serie de capas de piel que ejercen de barrera frente a las agresiones externas y donde pueden convivir en perfecta y sana armonía bacterias, hongos y hasta parásitos.

Cuando esas capas de piel se ven dañadas por cortes, heridas o por irritaciones provocadas por el exceso de humedad, las bacterias que hasta ese momento han podido resultar beneficiosas penetran en la piel provocando con su presencia infecciones y reacciones inflamatorias. Cuánto más profundidad alcancen las bacterias en la epidermis más difícil será erradicarlas.

Grietas producidas en los cascos del caballo debido a la fiebre del barro.

En concreto la fiebre del barro es un tipo de dermatitis que viene provocada por la bacteria “dermatophilus congolensis” y por regla general su indeseada presencia es muy fácil de reconocer. Los arestines suelen comenzar con áreas de irritación en la zona de la “cuartilla” y los talones, sintomatología que produce pérdida de pelo y enrojecimiento de las zonas afectadas, que en los casos más avanzados puede evolucionar hacia fisuras en la piel, grietas, costras, etc. En los caballos la fiebre del barro provoca dolor y cojera.

¿Cómo curar el Arestín en caballos?

Como su aparición es resultado de un exceso de humedad el tratamiento de los arestines exige de entrada una rigurosa limpieza e higiene en los cascos de los animales, en la zona inferior de las patas y en las “camas” de sus habitáculos. Cuando los caballos viven habitualmente en el exterior será bueno alejarlos de aquellos terrenos muy encharcados y en el caso de padecer arestines deberemos llevarlos a interiores resguardados y secos.

Tanto si somos nosotros mismos los que asumimos las tareas de curación, como si dejamos a nuestro caballo en manos de los veterinarios, a nivel local lo primero que deberemos hacer es depilar la zona afectada y proceder a lavar y desinfectar utilizando jabones con chorhexidina o povidona yodada. Tras el proceso de lavado realizaremos un concienzudo secado con el objetivo de retirar de las patas todos los restos de humedad.

Una vez concluida la limpieza, que deberá repetirse de forma periódica hasta que el animal esté totalmente curado, aplicaremos pomada o crema protectora que incluya algún tipo de sustancia calmante, con lo que conseguiremos el doble objetivo de proteger y ahorrarle molestias a nuestro caballo.

El vendaje de las zonas afectadas puede contribuir positivamente en los primeros momentos del proceso de curación, pero a medida que los síntomas de los arestines vayan remitiendo lo mejor será mantener sin tapar las áreas afectadas con el fin de que se produzca el secado de las lesiones.

El otoño e invierno las lluvias son frecuentes y los caballos que pasan tiempo en el exterior pueden sufrir los síntomas de la denominada “fiebre del barro”. Se trata de una patología que afecta a la piel y que viene provocada por las bacterias que proliferan en ambientes excesivamente embarrados, de ahí que en temporada de lluvias sea aconsejable que los caballos estén en instalaciones cubiertas.

Los caballos toleran mal los ambientes excesivamente húmedos y embarrados y por esta razón en otoño e invierno es aconsejable mantenerlos a cubierto y protegidos, sobre todo en aquellas fechas en las que arrecien las lluvias.

fiebre del barro caballo

La razón no está en el hecho de que los caballos puedan mojarse por permanecer a la intemperie cuando llueve, una situación climatológica que pueden soportar sin demasiados problemas, sino que en circunstancias ambientales con exceso de agua el gran enemigo para la salud de un caballo es el barro.

Es precisamente en ambiente húmedos y en suelos fangosos donde las bacterias encuentran el terreno perfecto para multiplicarse, afectando negativamente a la piel y a los cascos de los caballos y dando lugar a lo que los veterinarios denominan “fiebre del barro”.

Bajo este concepto de carácter genérico se engloban un gran número de infecciones cutáneas que tienen su origen en los ambientes húmedos y en la acción de dichos microorganismos.

Cuando un caballo sufre “fiebre del barro” dicha patología es fácilmente detectable a simple vista, porque comienza con la aparición de áreas cutáneas que presentan claros síntomas de irritación. Es necesario actuar con premura en esta fase inicial, porque si no ejercemos una acción correctora los daños provocados por la “fiebre del barro” evolucionarán hacia hinchazón localizada, picor, pérdida de pelo, etc.

Después aparecerán lesiones de mayor alcance, definidas en las típicas grietas horizontales que la “fiebre del barro” origina en la piel de los menudillos. En estos casos más avanzados es fundamental que el veterinario actúe rápidamente con el fin de reducir la infección e impedir que las bacterias continúen afectado a la salud de nuestro caballo.

En animales con presencia de abundante pelo en las patas es aconsejable proceder a una labor de recorte con el objetivo de que el exceso de pelo no sea un obstáculo para llevar a cabo las necesarias operaciones de secado y tratamiento veterinario. Además, impediremos que el pelo propicie suciedad e indeseados niveles de humedad en las extremidades.

fiebre barro caballos

A parte del tratamiento farmacológico que sea oportuno en cada caso, siempre dirigido por un veterinario experto, lo más importante en pacientes de “fiebre del barro” es que los caballos permanezcan en entornos secos y perfectamente higienizados para evitar o al menos obstaculizar la proliferación de las temidas bacterias.

Por otro lado, cuando los animales salgan a un exterior embarrado por la lluvia es aconsejable cubrir con paja o arena las zonas más encharcadas de los prados. Para evitar los problemas de humedad excesiva las áreas de pastos deben elegirse con un cierto nivel de inclinación, con el objetivo de que el agua escurra hacia las zonas bajas dejando las zonas altas libres de barro.

Tras las salidas al exterior los caballos deben regresar a un entorno cubierto no sin antes proceder al lavado de las extremidades con agua tibia (nunca agua fría) y a un posterior secado de las patas. En ningún caso los animales regresarán a sus boxes sin antes haber retirado el barro y la suciedad de sus patas.

En caso necesario aplicaremos posteriormente una gruesa capa de crema con propiedades antibacterianas que servirá de protección y si fuera necesario sustituiremos esta crema protectora por otra que, a juicio del veterinario, sea más adecuada para prevenir infecciones o favorecer la cicatrización de las lesiones que la “fiebre del barro” pueda haber producido.

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