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Alimentación del caballo en otoño e invierno: ¿necesita suplementos?

Con la llegada del otoño muchos caballos pasan de consumir pasto fresco a depender en mayor medida del heno. Este cambio puede modificar el aporte de vitaminas y minerales, pero no significa que todos necesiten suplementos. Antes de añadirlos a la dieta conviene valorar la calidad del forraje, el resto de alimentos que recibe el caballo y sus necesidades individuales.

 

La llegada del frío suele venir acompañada de cambios importantes en el manejo y en la alimentación del caballo.

Disminuye la disponibilidad de pastos, aumenta el consumo de heno y, dependiendo del clima y de si el animal vive dentro o fuera de la cuadra, también puede aumentar la cantidad de energía necesaria para mantener la temperatura corporal.

Pero ¿significa esto que hay que empezar a dar vitaminas y minerales en cuanto llega el otoño?

La respuesta es no necesariamente.

Un suplemento debe servir para corregir o prevenir un desequilibrio real de la dieta, no añadirse automáticamente porque haya cambiado la estación.

¿Cambia la alimentación del caballo en otoño e invierno?

En muchos sistemas de manejo, sí.

Durante primavera y verano los caballos pueden disponer de una cantidad importante de hierba fresca, mientras que en otoño e invierno su dieta pasa a depender más del heno y otros forrajes conservados.

El heno continúa siendo un alimento fundamental y debe constituir la base de la dieta de la mayoría de los caballos.

De hecho, un caballo adulto en mantenimiento puede llegar a cubrir sus necesidades de energía y proteína únicamente con heno de buena calidad, siempre que consuma una cantidad suficiente y el forraje tenga una composición adecuada.

El problema es que no todos los henos son iguales.

La especie vegetal, el tipo de suelo, el momento de la siega, la madurez de la planta, las condiciones meteorológicas durante la cosecha y el almacenamiento modifican considerablemente su composición.

Por eso dos pacas que visualmente parecen similares pueden tener valores nutricionales muy diferentes.

¿El heno es suficiente para alimentar a un caballo?

Ésta es la verdadera pregunta que deberíamos hacernos antes de comprar suplementos.

Un buen heno puede proporcionar energía, fibra, proteína, calcio, fósforo, potasio y otros nutrientes en cantidades importantes.

Pero también puede presentar carencias o desequilibrios en determinados minerales, oligoelementos o vitaminas.

Caballo comiendo heno junto a una cuadra

La forma más fiable de conocer la composición nutricional del heno es realizar un análisis del forraje. Los especialistas en nutrición equina pueden utilizar esos resultados junto con el peso, edad, trabajo y estado fisiológico del caballo para equilibrar el conjunto de la ración.

Por tanto, afirmar que «el heno no es suficiente» para todos los caballos sería tan incorrecto como afirmar que siempre lo es.

Depende del caballo y depende del heno.

¿Por qué algunas vitaminas disminuyen al sustituir el pasto por heno?

Aquí sí existe una diferencia importante respecto al pasto fresco.

La hierba verde es una buena fuente natural de betacaroteno —precursor de la vitamina A— y vitamina E, pero ambos nutrientes disminuyen progresivamente durante el almacenamiento del forraje.

Esto significa que un caballo que pasa varios meses sin acceso a hierba fresca puede recibir una cantidad considerablemente menor de algunas vitaminas que cuando está pastando.

No obstante, tampoco significa que todos los caballos necesiten inmediatamente un suplemento.

Hay que tener en cuenta la dieta completa: muchos piensos comerciales y equilibradores de ración ya contienen vitaminas y minerales añadidos.

Duplicar productos puede acabar provocando precisamente el problema contrario: un exceso de determinados nutrientes.

Vitamina A

La vitamina A participa en funciones tan importantes como la visión, la respuesta inmunitaria y la diferenciación celular.

Los caballos pueden obtenerla a partir del betacaroteno presente en los forrajes verdes, y además son capaces de almacenar vitamina A en el hígado.

Por eso un caballo que ha tenido acceso durante meses a buenos pastos puede mantener reservas durante un tiempo incluso después de dejar de consumir hierba fresca.

Sin embargo, el betacaroteno se degrada progresivamente durante el almacenamiento y los henos conservados durante periodos muy prolongados pueden aportar cantidades menores.

También hay que evitar el extremo contrario: una suplementación excesiva y prolongada de vitamina A puede resultar tóxica.

Vitamina E: especial atención cuando desaparece el pasto

La vitamina E merece una atención especial en caballos que dejan de consumir hierba fresca.

Actúa como antioxidante y tiene una función importante en el sistema neuromuscular.

El pasto fresco constituye una excelente fuente, pero la vitamina E es bastante inestable y su concentración disminuye durante el almacenamiento del heno.

Por eso los caballos sin acceso a pastos, los sometidos a ejercicio intenso o aquellos con determinadas enfermedades musculares o neurológicas pueden necesitar una valoración específica de su aporte de vitamina E.

La cantidad adecuada debe establecerse teniendo en cuenta la dieta completa y las circunstancias del animal.

¿Y la vitamina D?

La vitamina D participa principalmente en el metabolismo del calcio y del fósforo y, por tanto, en la salud ósea.

Los caballos pueden obtenerla mediante la exposición a la luz solar y también a partir de determinados forrajes curados al sol.

Por esta razón, una verdadera deficiencia de vitamina D es poco frecuente en caballos que pasan tiempo al aire libre y reciben una alimentación normal.

No existe motivo para suplementarla rutinariamente simplemente porque haya llegado el invierno.

¿Hay que suplementar vitaminas del grupo B?

En condiciones normales, generalmente no.

La microbiota del intestino grueso del caballo sintetiza varias vitaminas del grupo B y la propia alimentación aporta otras cantidades.

Por este motivo, los requerimientos suelen quedar cubiertos sin necesidad de añadir un suplemento específico.

Existen situaciones clínicas o nutricionales concretas en las que un veterinario puede recomendar determinadas vitaminas, pero eso es diferente de suplementarlas de forma rutinaria durante otoño e invierno.

Minerales: la importancia está en el equilibrio

Con los minerales ocurre algo parecido.

No basta con saber que calcio, fósforo, cobre, zinc o selenio son necesarios. También importa cuánto recibe el caballo y en qué proporción.

Calcio y fósforo

Ambos son fundamentales para el esqueleto y otras numerosas funciones del organismo.

Sin embargo, en nutrición equina es especialmente importante mantener una relación adecuada entre ellos.

Una dieta con más fósforo que calcio puede resultar perjudicial, especialmente en animales jóvenes en crecimiento, incluso aunque ambos minerales estén presentes.

El contenido depende además del forraje: las leguminosas como la alfalfa suelen aportar bastante más calcio que los henos de gramíneas.

Zinc y cobre

Son oligoelementos esenciales, pero también interactúan entre sí.

Un exceso importante de zinc puede interferir con la utilización del cobre, de modo que suplementar minerales individualmente sin conocer la composición global de la dieta puede crear nuevos desequilibrios.

Magnesio

El magnesio participa en numerosas funciones metabólicas y neuromusculares.

Sin embargo, la deficiencia dietética de magnesio es muy poco frecuente en caballos, ya que los alimentos habituales suelen aportar cantidades suficientes. Tampoco existe evidencia sólida que justifique utilizarlo indiscriminadamente como suplemento «calmante».

Selenio: cuidado con el exceso

El selenio es esencial y participa, entre otras funciones, en los sistemas antioxidantes del organismo.

Pero tiene una particularidad importante: la distancia entre una cantidad adecuada y una cantidad tóxica es relativamente pequeña.

El contenido de selenio de los forrajes depende mucho del suelo y los suplementos comerciales pueden aportarlo también.

La sobresuplementación puede provocar pérdida de crin y cola, alteraciones graves de los cascos e incluso intoxicaciones agudas.

Por eso no es un mineral que deba añadirse «por si acaso».

¿Y el hierro?

Aunque es esencial para el transporte de oxígeno, los caballos rara vez presentan una verdadera deficiencia dietética de hierro.

Los forrajes y otros alimentos suelen proporcionar cantidades suficientes y una anemia no significa automáticamente que el animal necesite hierro.

De hecho, cantidades excesivas pueden interferir con el metabolismo de otros minerales. Merck Veterinary Manual

Por tanto, no incluiría el hierro entre los suplementos que debamos añadir rutinariamente a una dieta de invierno.

No debemos olvidarnos de la sal

El sodio es uno de los minerales que con más frecuencia requieren una fuente adicional.

Los forrajes contienen relativamente poco sodio y los piensos comerciales tampoco siempre aportan toda la sal necesaria, por lo que los caballos deben disponer habitualmente de una fuente adecuada de sal junto con agua fresca.

Las necesidades aumentan especialmente cuando el caballo suda de forma importante, aunque sea invierno, por ejemplo durante trabajo deportivo.

Los electrolitos específicos tienen una función diferente y no deben administrarse de forma indiscriminada a caballos que no presentan pérdidas importantes.

El agua también forma parte de la dieta de invierno

Uno de los mayores errores durante los meses fríos es prestar mucha atención al pienso y olvidar el agua.

La hierba fresca contiene una gran cantidad de humedad, mientras que el heno contiene muy poca.

Por eso, cuando aumenta el consumo de forraje seco, el caballo necesita obtener prácticamente toda esa agua directamente del bebedero.

Un consumo insuficiente puede reducir la ingestión de alimento y favorecer la aparición de cólicos por impactación.

El caballo debe disponer de agua limpia y accesible en todo momento, evitando que se congele en climas muy fríos.

¿Necesita más alimento un caballo durante el invierno?

Depende de las condiciones ambientales.

Cuando la temperatura desciende por debajo de la denominada temperatura crítica inferior, el caballo necesita consumir más energía para mantener su temperatura corporal.

En animales correctamente aclimatados y con buen pelaje de invierno esa temperatura puede ser bastante baja, mientras que la lluvia, el viento, el esquilado, una mala condición corporal o la ausencia de refugio aumentan las pérdidas de calor.

Dos caballos juntos en un recinto cubierto de nieve

En estas situaciones, aumentar el forraje suele ser una de las mejores estrategias, porque la fermentación de la fibra en el intestino grueso genera calor.

No todos los caballos necesitan automáticamente más pienso concentrado en invierno.

Hay que vigilar la condición corporal, porque el pelaje largo puede ocultar una pérdida progresiva de peso.

Entonces, ¿cuándo puede ser útil un suplemento?

La respuesta depende de lo que falte en la dieta.

Puede tener sentido cuando el caballo recibe principalmente heno y no alcanza sus necesidades de determinadas vitaminas u oligoelementos, cuando consume menos cantidad de un pienso comercial de la necesaria para obtener su aporte vitamínico-mineral completo o cuando sus circunstancias fisiológicas aumentan determinados requerimientos.

En caballos que mantienen bien el peso únicamente con forraje, un equilibrador de ración puede ser una opción útil porque aporta proteína de calidad, vitaminas y minerales con mucha menos energía que un pienso convencional.

Pero incluso en ese caso hay que seleccionar el producto en función del heno y del resto de la dieta.

¿Cómo saber qué necesita realmente nuestro caballo?

Antes de comprar varios suplementos es mucho más útil conocer qué estamos alimentando.

Un análisis del heno permite determinar aspectos como energía, proteína, calcio, fósforo y otros nutrientes y constituye una buena base para diseñar una ración equilibrada.

A partir de ahí hay que tener en cuenta:

  • edad y peso;
  • condición corporal;
  • cantidad y tipo de trabajo;
  • gestación o lactación;
  • crecimiento;
  • acceso a pasto;
  • cantidad y composición del pienso;
  • calidad y cantidad del heno;
  • posibles enfermedades o necesidades especiales.

Cuando existen dudas, un veterinario o nutricionista equino puede calcular la ración completa y decidir si realmente es necesario suplementar.

Preguntas frecuentes sobre la alimentación del caballo en invierno

¿Hay que dar vitaminas a todos los caballos en invierno?

No. Depende de la dieta completa. Los caballos alimentados con determinados piensos completos o equilibradores pueden tener ya cubiertas sus necesidades, mientras que otros alimentados exclusivamente con heno pueden necesitar reforzar algunos micronutrientes.

¿Qué vitamina puede disminuir al sustituir el pasto por heno?

Una de las más importantes es la vitamina E, abundante en hierba fresca y que disminuye durante el almacenamiento del forraje. También disminuye progresivamente el betacaroteno, precursor de la vitamina A.

¿El heno puede ser el único alimento de un caballo?

En algunos caballos adultos en mantenimiento, un buen heno puede cubrir las necesidades de energía y proteína. Sin embargo, conviene valorar su contenido de vitaminas y minerales y proporcionar siempre agua y sal adecuadas.

¿Es necesario dar hierro en invierno?

No de forma rutinaria. La deficiencia de hierro es poco frecuente en caballos y no debe suplementarse únicamente porque exista anemia o porque haya cambiado la estación.

¿Debe comer más un caballo cuando hace frío?

Solo cuando las condiciones hacen aumentar sus necesidades energéticas. En frío intenso, especialmente con viento, humedad, esquilado o falta de refugio, puede necesitar más energía, y aumentar el forraje suele ser una estrategia especialmente útil.

Suplementar lo necesario, no suplementar por estación

La llegada del otoño es un buen momento para revisar la alimentación del caballo, pero no para empezar a añadir suplementos de forma automática.

El cambio de pasto fresco a heno puede reducir la disponibilidad de determinadas vitaminas y hacer visibles algunos desequilibrios minerales, pero la solución depende de la composición real de la dieta.

Un buen forraje, agua suficiente, sal, vigilancia de la condición corporal y una ración correctamente equilibrada continúan siendo la base.

Y cuando sea necesario suplementar, lo más efectivo y seguro es aportar aquello que realmente falta y en la cantidad adecuada.

Este contenido tiene carácter divulgativo y no sustituye el asesoramiento individual de un veterinario o especialista en nutrición equina.

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