El caballo de Yakutia, el equino que mejor soporta el frío de Siberia

Pocos seres vivos pueden ser capaces de soportar temperaturas tan extremas como los habitantes de la República de Sajá-Yakutia. Ellos y los caballos yakutos, los equinos que conviven con heladas de que alcanzan hasta los 70 grados bajo cero.

Caballos Yakutos (Foto: Maria Vasilyeva).

La República de Sajá-Yakutia es posiblemente uno de los lugares más recónditos y particulares que existen en el mundo. Perteneciente a Rusia, tiene el honor de poseer el Récord Guinness de la mayor variación de temperaturas en lo que respecta a las estaciones de invierno y verano, llegando a registrar aproximadamente -70ºC en el período invernal y casi los 40ºC en los meses veraniegos. Y su ciudad de Oimiakón es considerada como la más fría de todo el globo terrestre, y también una de las más cálidas del hemisferio norte por su clima continental extremo.

Lo cierto es que en el período invernal las temperaturas son extremadamente frías y para los habitantes que conviven cada día en sus tierras resulta más que meritorio sobrevivir y habituarse a estas condiciones climatológicas predominantes en la república. Y si para las personas puede parecer todo un reto adaptarse a estas temperaturas, no es menos en el caso de los animales. De entre los que habitan en Sajá-Yakutia, uno de los más destacados y que mejor soporta el frío siberiano es el caballo.

Pese a no despuntar por tener grandes proporciones y medidas elevadas, ya que rondan los 150 centímetros de altura y sus patas son cortas, los caballos yakutos sí que destacan por sus robustez y por poseer una musculatura imponente y compacta, además de por su voluminoso y abultado pelaje, que cubre todo su cuerpo y que les protegen de las temperaturas extremas que predominan en la república rusa, de hasta -70ºC bajo cero. Bajito y musculoso, este equino es por tanto el único capaz de sobrevivir a este clima y de habitar al aire libre durante los ocho meses que dura la estación invernal en estas tierras rusas, las más heladas de todo el planeta.

Un estudio sobre el origen de estos caballos, publicado por la revista PNAS y realizado por un grupo de investigadores, expone la dificultad existente para dictaminar el verdadero inicio de la especie, pero sí que incide en el proceso de adaptación a estas temperaturas extremas de Siberia, el cual se llevó a cabo durante 800 años en los que su genética registró una gran evolución de forma que los equinos han podido aclimatarse con el paso del tiempo a las heladas del este de la zona siberiana.

Los caballos de Yakutia.

En dicha investigación se incluye además el informe llevado a cabo por el grupo de investigadores de la Universidad de Copenhague, que de la mano de su experto Ludovic Orlando pudieron comparar a través de un estudio específico el genoma de caballos que actualmente habitan en Sajá-Yakutia y de un par de fósiles de equinos de hace más de 5.000 años con el de otros que corresponden a la especie salvaje de Przewalski, procedente de Mongolia. Este proceso ha dado como resultado la diferencia notoria de ADN entre los caballos que habitaron en siglos anteriores con los que se encuentran actualmente en la región oriental, por lo que los expertos han constatado la teoría de que ambas especies no tienen características en común y son diferentes. Por tanto, los actuales caballos yakutos no descienden de los anteriores que predominaban en la zona, posiblemente ya extinguidos antes de que se produjera la llegada entre los siglos XIII y XV de la especie actual y moderna junto a los humanos colonizadores.

La diferencia entre ambas especies es la prueba evidente que resalta el hecho de que los actuales caballos Yakutos formen parte del grupo de animales mamíferos que más rápido ha evolucionado y se ha adaptado a condiciones climatológicas extremas. Un proceso evolutivo que deja atónitos a los científicos expertos, puesto que se ha producido en un tiempo limitado y escaso y de manera muy veloz, ya que durante 800 años han podido existir al menos 100 generaciones de equinos de esta raza y ello no ha afectado a que se hayan podido habituar a unas temperaturas y a un clima tan helado en invierno, si bien tampoco tienen dificultad para sobrellevar la llegada del calor en los meses veraniegos.

El avance evolutivo ha sido tal que estos equinos son capaces de soportar actualmente la variación más alta de temperaturas que existe, algo que los investigadores reconocen que puede deberse al conjunto de genes de los que han sido dotados, sin los que no hubieran podido sobrevivir a tantos grados bajo cero. Una genética que coincide en ciertos aspectos con la que corresponde a los humanos y mamuts lanudos ya extinguidos, y que ha reforzado a la especie en aspectos como en la forma y abundancia de su pelaje, de sus extremidades o de su metabolismo respecto al azúcar, el cual le sirve de anticongelante en los meses invernales, y amplía el ritmo de actividad en las estaciones con mayor temperatura. Prueba concluyente de la aparición de la convergencia evolutiva y de la necesidad de evolucionar del ser vivo para aclimatarse y adaptarse a las condiciones de la naturaleza que le rodean.

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