Caballos de Polo, los “Cristiano Ronaldo” del mundo de la equitación

Los caballos de Polo fueron de los primeros animales en ser clonados. En este deporte el caballo significa el 60% de un jugador y en partidos de máximo nivel un jinete puede utilizar hasta seis monturas diferentes, de ahí que los “Cristiano Ronaldo” del Polo sean caballos que se subastan a precios astronómicos.

Caballo de Polo en medio de un partido.

La práctica del Polo se remonta en la antigüedad a más de dos mil años. Este deporte consta de dos equipos de cuatro jinetes -con sus correspondientes caballos- que sirviéndose de un taco o mazo intentan dirigir una pelota de madera o plástico hacia la portería contraria, formada tradicionalmente por dos postes de mimbre. Gana el equipo que consigue hacer más “goles”.

Los partidos de Polo suelen disputarse en grandes campos de hierba de 270 metros de longitud por 150 metros de anchura y su duración es de dos horas divididas en seis “chukkas” o “chukkers” de veinte minutos de duración.

Para los historiadores el Polo fue creado por los guerreros nómadas de Asia Central, aunque existen datos de que ya en el siglo VI a.C. dos equipos de persas y turcomanos jugaron un “partido del siglo” entre civilizaciones, aunque sería en el área que actualmente ocupa Irán donde este deporte tomaría carácter nacional comenzando a ser asociado con las clases altas, dado que su práctica era monopolio de la realeza, los nobles y los oficiales del ejército.

En poco tiempo el Polo fue extendiéndose a otras zonas como Constantinopla, Japón y Pakistán, alcanzando gran importancia en la China de Ming-Hung, emperador muy aficionado a la equitación. Fue en la India donde el Polo entró en contacto con los colonizadores británicos, fundándose el Silchar Polo Club en 1859, y a partir de aquí este deporte se extendió por Inglaterra, donde en 1869 se realizó el primer encuentro de Polo en territorio europeo.

En el Polo el caballo representa entre el 65 y el 70% del valor de un jugador, de ahí que los animales utilizados sean fruto de más de cien años de cuidada selección genética. El origen de estos caballos está en los caballos criollos, mitad españoles y mitad beréber, que se crían en la Pampa argentina y que se caracterizaban y caracterizan por su rusticidad, resistencia y adaptabilidad.

Caballos de Polo en medio de un partido.

Conforme evolucionaba el deporte, y con el objetivo de obtener animales más rápidos, los jugadores cruzaron a estos primeros ejemplares mestizos con caballos pura sangre de competición. Actualmente los caballos de Polo se seleccionan por velocidad, rapidez de movimientos, tolerancia al estrés y buena respuesta al jinete.

La altura permitida es de 156 centímetros y su peso ronda los 400-500 kg, caracterizándose los animales por poseer una potente musculatura que les brinda velocidad y destreza, siendo caballos de fuerte carácter que requieren un jugador con mucha experiencia para manejarlos.

El entrenamiento comienza generalmente a los tres años y esta etapa puede durar entre seis meses y dos años. La edad ideal para iniciar a los animales en la competición son los cinco años, pudiendo competir con solvencia hasta alcanzar los 12-13 años, aunque algunos ejemplares pueden llegar incluso a los quince siendo competitivos.

Por regla general los jugadores tienen preferencia por las yeguas y los machos castrados, que en su opinión tienen mejor conformación muscular y un carácter más suave. Además las hembras pueden continuar criando sin problema, dado que se necesita un buen número de animales para competir. En un partido de bajo nivel cada jugador puede utilizar dos o tres caballos, pudiendo llegarse hasta los seis ejemplares (uno por cada “chukker”) en los encuentros de alto nivel.

Es fácil comprender las razones que justifican que los caballos de Polo no sean baratos y además cuando un animal es un “Cristiano Ronaldo” y destaca sobre los demás existe un mercado millonario para sus clones. Fue Adolfo Cambiaso quien clonó por primera vez, hace más de una década, a su yegua La Cuartetera, y en 2010 uno de los clones de aquella yegua fue subastado por 800.000 dólares.

Cada vez es menos extraño que los jugadores de Polo paguen hasta 120.000 dólares por clonar a sus mejores ejemplares, una fórmula que además permite pulir o eliminar aquellos problemas de conducta derivados de un manejo erróneo durante los primeros años del animal.

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