Las prisas no son buenas y una vida rápida sin apenas tiempo para alimentarnos correctamente, junto a altos niveles de estrés y poco ejercicio, no es el mejor camino. Una mejor opción es tener hábitos saludables, seguir una dieta sana que nos permita comer bien y mantener controlados los niveles de glucosa, poco alcohol, pocas bebidas estimulantes y reducir los niveles de estrés.

En muchas ocasiones no somos conscientes de la estrecha relación que existe entre salud, estado físico y alimentación. Dolores de cabeza, tristeza, cansancio, desmotivación, son en muchas ocasiones reacciones de nuestro cuerpo a procesos derivados de una correcta alimentación y que están directamente relacionados con picos de glucemia y periodos de mayor estrés.
Estos problemas pueden ser puntuales, pero cuando se vuelven persistentes pueden ser origen de enfermedades y trastornos que podríamos evitar fácilmente si nuestros hábitos alimenticios y de vida fuesen más saludables.
A continuación, ofrecemos algunos consejos prácticos que nos ayudarán a cambiar nuestro estado físico, aportándonos una energía renovada y reduciendo con ello la aparición de un gran número de enfermedades.
Cómo mejorar mi alimentación y mi salud
Los expertos nos dicen que hay que escuchar al cuerpo y en nuestro día a día muchas veces nuestro cuerpo nos envía señales de que las cosas no van del todo bien y que debemos saber leer si queremos cambiarlas.
Esas señales pueden ser cansancio generalizado, mal humor o dolores de cabeza y articulaciones, que con frecuencia pueden ser los primeros síntomas de que nuestro organismo padece algún problema.
En este sentido el estilo de vida que llevamos actualmente, con una alimentación de ingesta rápida que contiene un exceso de azúcares y una gran cantidad de alimentos ultraprocesados, son factores que tienen un negativo efecto inflamatorio sobre nuestro organismo y que se suma a otros trastornos relacionados con los desequilibrios glucémicos, una mala gestión del estrés, etc.
¿Qué podemos hacer para evitarlo? Una solución a estos problemas de salud es cambiar nuestros hábitos alimenticios, además de reducir la ingesta de alcohol y bebidas azucaradas, y aquí brindamos algunos consejos para conseguir que una correcta alimentación tenga un efecto positivo sobre nuestra salud.
1.- Seguir una dieta saludable
La dieta mediterránea o atlántica son opciones saludables que tenemos al alcance de la mano, pero lamentablemente en muchos casos nuestra alimentación está basada en el modelo americano que como defecto nutricional tiene un exceso de azúcares añadidos, aceites refinados, carnes y grasas saturadas, lo que, unido a otros factores como el sedentarismo o la excesiva ingesta de alcohol, nos conducen a padecer estados inflamatorios crónicos con todas las secuelas que ello conlleva.
¿Cuál es la solución? Pues optar por una dieta rica en frutas, verduras y donde tengan una fuerte presencia los alimentos con propiedades antiinflamatorias y antioxidantes (vegetales de hoja verde, ajo, cebolla, legumbres, semillas, pescado azul, aceite de oliva, aguacates, etc).
2.- Vigilar la glucosa
El 80% de las personas no diabéticas podemos sufrir en algún momento picos de glucemia, una circunstancia que influye de forma directa en nuestra capacidad de concentración y que generan pérdida de energía, dolores de cabeza, etc.
La glucosa es el combustible que consume el organismo en su funcionamiento diario, pero el problema surge cuando a través de una alimentación incorrecta ingerimos más glucosa de la que nuestro cuerpo puede llegar a metabolizar y consumir.

En la actualidad un niño de ocho años ha ingerido más glucosa que la que tomaron sus abuelos en toda su vida y buena parte de ese exceso viene motivado por el consumo de alimentos procesados.
Una opción para evitar este sobreconsumo es reducir la ingesta de este tipo de alimentos o favorecer la ingesta de frutas enteras en lugar de zumos que elevan mucho el índice glucémico. Además, en estado líquido perdemos mucha de la fibra que nos aportan las frutas.
3.- Optimizar las comidas
Es importante seguir una rutina horaria en las comidas y, por otro lado, reordenar el orden en el que normalmente comemos es también una buena forma de mejorar nuestra alimentación y hacerla más razonable.
Si ingerimos primero los alimentos vegetales (mejor en crudo), ricos en fibra, controlaremos mejor los desequilibrios de glucosa, ya que las verduras ralentizan el tránsito del bolo alimenticio y con ello vamos a conseguir regular mejor la asimilación de los azúcares. Además, si estas verduras vienen aliñadas con vinagre mucho mejor, ya que el ácido acético ayuda al control de la glucosa.
A continuación, podemos tomar el plato principal, cuyo contenido de grasa y proteínas formará en el tracto digestivo una pasta que ralentizará la asimilación de los azúcares y, finalmente, será el momento de los hidratos de carbono y de la fruta.
Por último, si tomamos una pieza de fruta entre horas es recomendable acompañarla de otros alimentos, como frutos secos o yogur, ya que con ello controlaremos mejor los picos de glucosa.
4.- Mejor un desayuno salado
Algo muy recomendable en nuestra dieta es cambiar el habitual desayuno dulce por un desayuno salado. Comenzaremos con un entrante vegetal crudo y a continuación una fuente de hidratos y proteínas, acompañado de una bebida saludable. Importante no excedernos en la ingesta de café o té.
5.- Controlar el estrés
Pero ninguna dieta es totalmente saludable si no somos capaces de controlar el estrés, dado que este tipo de situaciones genera grandes cantidades de cortisol, una hormona que tiene efectos inflamatorios en nuestro organismo.
De esta forma a una correcta alimentación, que no contribuya a incrementar el estrés, hay que añadir 10 minutos diarios de meditación, un periodo de desconexión que nos ayudará tanto como una dieta saludable.

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