Así era el modo de vida de un caballo madrileño hace 9 millones de años

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha llevado a cabo un análisis de las mandíbulas de caballos que existieron hace nueve millones de años en la Comunidad de Madrid. El estudio sobre fósiles permite desvelar detalles sobre el crecimiento, la forma de vida y la causa de fallecimiento de los caballos prehistóricos.

Mandíbulas de fósiles de caballos (Foto: CSIC).

La investigación se ha llevado a cabo mediante el análisis de radiografías y tomografías de fósiles hallados en el conjunto de yacimientos paleontológicos de Batallones, en el Cerro de los Batallones deTorrejón de Ardoz.

A través de radiografías y tomografías de las mandíbulas de 28 equinos que vivieron hace 9 millones de años en la Comunidad de Madrid, el estudio realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) permite revelar la forma de vida y la causa de muerte de estos caballos prehistóricos.

La investigadora del CSIC Soledad Domingo, de la Estación Biológica de Doñana, ha destacado que «en la zona de Batallones-10 se ha preservado un número muy elevado de mandíbulas prácticamente intactas que incluyen toda la dentición, algo insólito en el registro fósil. Gracias a la excepcional preservación, esta es de las contadas ocasiones en que se han podido aplicar estas técnicas, tan habituales en nuestras consultas dentales actuales, al estudio de caballos fósiles. Los caballos constituyen un grupo de animales muy importante en el registro paleontológico debido a la abundancia y amplia distribución geográfica y temporal de sus fósiles, por lo que este tipo de análisis nos permite ampliar aún más el conocimiento que tenemos de ellos«.

Una vez analizados los restos, el CSIC determina que éstos corresponden a caballos del género Hipparion sp., situado en una rama distinta a la de los caballos actuales (del género Equus sp.). Los resultados del estudio, publicado en la revista Scientific Reports, señalan que los 28 equinos que han sido empleados en la investigación se encuentran repartidos en siete grupos de edad, desde potros recién nacidos a ejemplares de avanzada edad, pasando por edades intermedias.

Soledad Domingo añadió también que, del mismo que también sucede con los humanos, los caballos «tienen una dentición de leche y una dentición permanente«. Sin embargo, explica que los equinos «tienen la peculiaridad de que gran parte de sus altos dientes se encuentran alojados en el interior de la mandíbula a modo de reserva. Dicha reserva va emergiendo a medida que el animal va desgastando los dientes a lo largo de su vida. Ésta es una adaptación de los caballos a un tipo de alimentación que incluye la ingesta de materiales duros y fibrosos, como la hierba, e incluso de arenilla del suelo lo que provoca un gran desgaste en los dientes. Sin la realización de estas radiografías nos resultaría imposible cuantificar la reserva aún disponible que tienen estos caballos en el interior de sus mandíbulas».

Análisis de las mandíbulas de diferentes individuos (Foto: CSIC).

Tanto los patrones de erupción de los dientes de leche y permanentes como su desgaste han permitido a los paleontólogos revelar de forma precisa la edad de los equinos que fallecieron en el yacimiento. El empleo de radiografías y tomografías computerizadas ha aportado además una visión única de estos patrones, ya que se ha conseguido comprobar el modo y el momento en que se producen dichos eventos en el interior de las mandíbulas. Entre los restos analizados, los individuos infantiles y juveniles son los que más abundan (un 68% del total), mientras que a raíz del descubrimiento de los restos fósiles de dos fetos en muy buen estado de conservación, se ha podido confirmar la presencia en el yacimiento de dos hembras embarazadas entre los adultos.

«Todos estos individuos se encuentran en los grupos de edad con un mayor riesgo de muerte en poblaciones modernas. Creemos que en Batallones-10 se produjo la muerte gradual de individuos de distintas poblaciones de caballos, alrededor de un pequeño charco o punto de agua, sobre todo en períodos de escasez de recursos como en épocas de sequías«, aseguró la investigadora experta.

El orden en el que suceden las secuencias de formación del diente en el interior de la mandíbula también ha podido ser revelado tras el análisis. Así, se ha confirmado que Hipparion sp. posee idéntica secuencia de formación de sus dientes que los actuales Equussp., lo que tiene repercusión en otros estudios paleontológicos, como en los análisis de isótopos estables en estos dientes.

Por otro lado, el orden de erupción de Hipparion sp. y Equus sp. es similar, aunque existen diferencias en el diente que erupciona en último lugar. En el caso de Hipparion sp. es el tercer molar, lo que equivaldría a nuestra muela del juicio, y en Equus sp. es, de manera indiferente, o el tercer molar o el cuarto premolar. «Este hecho se ha relacionado con una menor durabilidad de los dientes de leche en los caballos del género Hipparion en comparación con los de Equus. Esto, a su vez, se relaciona con la mayor altura que han adquirido los dientes de los caballos a lo largo de su historia evolutiva en relación a la ingesta cada vez mayor de alimentos duros y correosos y a la mayor longevidad adquirida por estos animales», finalizó Soledad Domingo.

El Cerro de los Batallones como lugar de yacimientos

Nueve millones de años han pasado desde que la zona conocida en la actualidad como Cerro de Batallones estaba compuesta por un sistema de cuevas subterráneas, que servían como trampas naturales en las que quedarían atrapados cantidad de vertebrados, en especial carnívoros. El paso del tiempo ha propiciado que las cavidades se fueran llenando de sedimentos procedentes de los alrededores, y poco antes de rellenarse por completo se formaron sobre ellas pequeños lagos y charcas fangosas. Esto se convirtió entonces en trampas para grandes herbívoros, como elefantes, jiráfidos, rinocerontes y caballos. El CSIC asegura que el Cerro de los Batallones es un ejemplo mundial de buena conservación fósil.

El proyecto nace de una colaboración entre paleontólogos y veterinarios en el que han participado investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, la Universidad Complutense de Madrid y del Centro Militar de Veterinaria de la Defensa. Ha sido financiado por National Geographic Society y el Plan Nacional de I+D+i.

En la actualidad, los fósiles de los yacimientos del Cerro de los Batallones, incluidos los de caballos, están siendo expuestos en el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid (en Alcalá de Henares) dentro de la exposición «La colina de los tigres dientes de sable. Los yacimientos miocenos del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco, Comunidad de Madrid)».

Y si quieres conocer más sobre la historia del caballo, te animamos a que consultes nuestro artículo sobre el verdadero origen del caballo. Y si deseas ampliar tu conocimiento sobre la dentadura de los equinos, tienes todo lo que debes saber en este artículo.

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