El Ford Sierra nació en 1982 como un coche familiar de cinco puertas que en sus versiones cupé de tres puertas aportaba un atractivo espíritu deportivo. Gracias a su diseño futurista y a su aerodinámica Ford apostó por la competición con la aparición de las versiones RS Cosworth, que llegaron a su máximo esplendor en 1987 con la aparición del poderoso Sierra RS Cosworth.

En 1982 la división europea de Ford Motor puso en el mercado continental y español su polifacético Ford Sierra, un modelo cuya vida comercial se extendió hasta 1994 después de sumar tres generaciones y un gran número de diferentes versiones.
El objetivo del Sierra era reemplazar al Taunus y posicionarse en el catálogo de Ford entre los modelos Escort y Scorpio, pero nadie pensó que esta gama de corte familiar incluiría modelos tan extremos como el deportivo Cosworth RS500.
La producción del Ford Sierra comenzó en la planta belga de Genk, para a continuación extenderse a Alemania y el Reino Unido. Además de su presencia en los mercados europeos, el Ford Sierra también se comercializó en Latinoamérica, Sudáfrica, Nueva Zelanda y Norteamérica.
En Estados Unidos el Ford Sierra, tan sólo las versiones en acabado cupé, estuvo en los concesionarios entre 1985 y 1989 bajo la marca Merkur, dado que Ford ya vendía el Oldsmobile Ciera y sus responsables no querían interferencias.

Futurista y aerodinámico
La primera generación Ford Sierra llamó la atención por su avanzado y novedoso diseño, una estética que en aquel momento fue calificada de futurista y donde destacaba la presencia de tecnologías de última generación, como eran la tracción trasera o la suspensión independiente, y la incorporación de mecánicas que podían equipararse a las habituales en automóviles de gamas más altas.
Debido a su inusual diseño al Ford Sierra le costó ganarse en un principio el favor de los compradores, pero a medida que otros fabricantes de automóviles comenzaron a realizar apuestas similares su popularidad comenzó a crecer.
El Ford Sierra estuvo disponible en carrocerías «liftback» de tres puertas (4.394 mm), cinco puertas (4.408 mm) y familiar (4.530 mm) y junto a su diseño lo más destacable era un muy bajo coeficiente aerodinámico de 0,32, una circunstancia que junto a las poderosas mecánicas de dieciséis válvulas hizo que Ford decidiera apostar por las competiciones deportivas.

La berlina que se transformó en deportivo
En un primer momento el Ford Sierra se presentó con motores gasolina 1.3 (60 CV), 1.6 (75 CV), 2.0 (90 a 115 CV) y 2.3 (114 CV), para posteriormente ir sumando a la oferta las mecánicas 1.8 (90 CV), 2.8i (150 CV) y 2.0T (204 CV), estos últimos presentes en las versiones Cosworth RS de dieciséis válvulas con turbocompresor, que con una punta de velocidad de 240 km/h convirtieron al Sierra Cosworth RS en un modelo mítico desde el punto de vista de la competición.
Por otro lado, según versiones las cajas de cambio disponibles eran manuales de cuatro o cinco velocidades, con opción a los componentes automáticos de tres relaciones.
Las prestaciones de estos motores de gasolina oscilaban entre los 152 y los 240 km/h en velocidad máxima y en aceleraciones entre los 18 y los 6,8 segundos a la hora de pasar de 0 a 100 km/h. En esta primera generación la única opción diésel era un muy modesto grupo motriz 2.3D de 67 CV.

La hora del Cosworth RS500
En 1987 Ford acometió el restyling de su gama Ford Sierra, manteniéndose las mismas mecánicas de la generación anterior, con ligeros incrementos de potencia en los grupos más populares, y sumando a la oferta los nuevos motores gasolina 2.0 Twin Cam de 107 y 122 CV.
Por su parte, los grupos V6 llegaron a los 150 CV, mientras que los motores 2.0 Cosworth alcanzaban el listón de los 220 CV. En cuanto a los motores diésel se mantuvo el 2.3D sin cambios apreciables y se incorporó un 1.8D de 75 CV.
En 1987 Ford presentó el Sierra Cosworth RS500, cuya denominación hacía referencia a las quinientas unidades que estaba pensado producir de esta edición limitada y cuyas prestaciones alcanzaban los 550 CV.

Durante los años ochenta su nueva suspensión, la tracción trasera y la presencia de ABS, entre otros avances técnicos, convirtieron al Cosworth RS500 en una máquina muy difícil de batir y que a día de hoy es para los coleccionistas de clásicos una de las versiones más buscadas y deseadas.
Tanto es así que en las subastas la valoración de cualquiera de aquellas quinientas unidades está por encima de los 700.000 euros.

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