En caso de erupción lo primero que aconsejan los equipos de protección civil es alejarse del lugar a una distancia de seguridad y utilizar mascarillas y gafas para protegernos de los vapores tóxicos, el humo y las partículas de ceniza. El volcán en erupción en la isla de La Palma emite diariamente 10.670 toneladas de dióxido de azufre, un tóxico que una vez inhalado puede producirnos patologías pulmonares de gravedad.

La erupción del volcán de Cumbre Vieja en la isla de La Palma es un fenómeno natural que además de provocar destrucción de bienes materiales, también puede suponer la aparición de trastornos respiratorios, oculares o dermatológicos, en aquellas personas -principalmente niños y ancianos- que en algún momento puedan encontrarse expuestas a los vapores tóxicos y a la nube de cenizas y partículas contaminantes emitidas por el volcán y por las riadas de lava.
Los científicos del Instituto Vulcanológico de Canarias (Involcan) calculan que el volcán Cumbre Vieja emite a diario unas 10.670 toneladas de dióxido de azufre, un componente químico que puede causar afecciones pulmonares de mayor o menor importancia en función de la cantidad de aire contaminado y del tiempo que ese aire contaminado se respire.
Protegerse del dióxido de azufre
La mejor medida de protección contra el dióxido de azufre es mantenerse alejado de la zona de mayor riesgo de exposición y siempre estar con mascarilla en medias distancias.
El dióxido de azufre primero transita por la fosas nasales y después de acceder a nuestro organismo llega a los pulmones provocando edema pulmonar, taquicardias, palpitaciones, etc.

Si la concentración de dióxido de azufre es alta por nuestra cercanía con el epicentro emisor o el tiempo de exposición supera lo aconsejable, el resultado para nuestra salud puede llegar a revestir gravedad al producirse una intensa infección de las vías respiratorias.
Por otro lado, cuando la riada de lava entra en contacto con el agua, por ejemplo cuando alcance la costa, la diferencia de temperaturas entre el agua y la lava producirá una “explosión” que lanzará al ambiente una lluvia de partículas muy finas de ácido clorhídrico, una sustancia que por proximidad puede llegar a producir irritación en piel, ojos y vías respiratorias.
Es muy importante mantenerse alejado de estas zonas de intercambio entre agua y lava y estar atento a la evolución del viento, porque las nubes tóxicas pueden arrastrar los contaminantes varios kilómetros.
Niños y ancianos los más afectados
Niños y ancianos son las personas más expuestas a los contaminantes. En el primer caso porque sus pulmones son inmaduros y tienen unas defensas poco desarrolladas y en el segundo caso por la razón justamente contraria.
Otro factor de riesgo son padecer enfermedades respiratorias crónicas (EPOC) o de carácter persistente, como es el caso del asma. Respirar altas concentraciones de dióxido de azufre puede agravar este tipo de patologías y dar lugar a situaciones de gravedad. La solución es que estas personas tomen precauciones y en su caso sean trasladadas a zonas de menor riesgo respiratorio.

El riesgo de las cenizas
Por último, en el caso de una erupción, como sucede en los grandes incendios forestales, las cenizas son uno de los mayores problemas para la salud dado que empujadas por el viento alcanzan grandes distancias, manteniéndose flotantes y por lo tanto respirables durante grandes periodos de tiempo, incluso después de que la erupción haya finalizado.
La mejor prevención contra las cenizas es el empleo de mascarillas y de gafas para proteger nariz, sistema respiratorio y ojos. Lo importante es que las partículas de humo y de ceniza no entren en nuestro organismo, dado que sacarlas de allí es imposible convirtiéndose a partir de ese momento en fuente de infecciones respiratorias (neumonías).
Al tratarse de cenizas con altos contenido de azufre su entrada en contacto con la piel puede producirnos también fenómenos dermatológicos de irritación, e incluso pequeñas quemaduras si estas cenizas están a altas temperaturas.

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