Las terapias alternativas, en el punto de mira del ministerio de Sanidad

En nuestro país dos millones de personas utilizan algún tipo de pseudoterapia y las autoridades sanitarias calculan que todos los años mueren en España unos mil pacientes que deciden abandonar sus tratamientos médicos y optar por las terapias alternativas. Por esta razón el ministerio de Sanidad las ha puesto en el punto de mira.

Terapias alternativas

Las autoridades sanitarias calculan que en España alrededor de dos millones de personas utilizan algún tipo de terapia alternativa o pseudoterapia y todos los años aproximadamente un millar de ellas fallecen tras abandonar los tratamientos que les habían prescrito los profesionales médicos.

El ministerio de Sanidad ha detectado al menos 73 de estas pseudoterapias que se publicitan y presentan como técnicas con efecto terapéutico, pero que por el contrario carecen de toda evidencia científica en lo relativo a sus beneficios para la salud. Además, desde el Gobierno se están investigando a otras 66 terapias alternativas entre las que se encuentran la homeopatía y la acupuntura.

Pero para hablar de pseudoterapias primero hay que conocer qué son. Desde un punto de vista científico se denominan terapias alternativas a todas aquellas prácticas que se ofrecen como tratamiento médico sin haber demostrado previamente su efectividad. Para combatir estas pseudoterapias el ministerio de Sanidad está elaborando un Real Decreto con el que se pretende prohibir que quienes las practican puedan obtener la calificación de centros sanitarios, impidiendo a su vez que puedan ofrecerse en hospitales.

139 Terapias alternativas a examen

La Red de Evaluación de Tecnologías y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud está analizando 139 de estas pseudoterapias con el objetivo de otorgarles algún tipo de consideración. En un primer informe los expertos sanitarios han detectado 73 terapias alternativas que carecen de cualquier tipo de ensayo clínico, un primer filtro que sirve para identificar aquellas terapias que no han podido probar su eficacia y cuyos responsables ni siquiera lo han intentado.

Entre estas 73 pseudoterapias se encuentran tratamientos como las constelaciones sistemáticas, los cristales de cuarzo, la cromopuntura, la frutoterapia, la gemoterapia, la hidroterapia de colon, el masaje en la energía de los chacras, el masaje tibetano, el plasma marino, la radioestesia, la terapia floral de california o la terapia biomagnética.

El resto si cuentan con publicaciones que afirman ser positivas para la salud, aunque eso no significa que cuenten con respaldo científico que asegure su seguridad y eficacia. Entre estas “terapias buenas” podemos destacar la acupuntura, la homeopatía, la equinoterapia, la músicoterapia, la osteopatía, la quiropraxia, el reiki o la reflexología.

Riesgos de las terapias alternativas

Para los pacientes en tratamiento médico los riesgos que supone recurrir a estas pseudoterapias pueden llegar a ser en ocasiones muy elevados. Estas terapias alternativas, que en muchos casos utilizan placebos, convencen a los enfermos de la ineficacia de la medicina tradicional sin aportar pruebas científicas de ello, alejando a los pacientes de los tratamientos médicos lo que puede derivar en daños irreparables para su salud.

Los riesgos físicos no son los únicos a los que se exponen los enfermos que optan por una de estas terapias alternativas. También existe un daño moral al no cumplir la promesa de curación o mejora. Además, en casos como la bioneuroemoción el daño psicológico está en el propio origen de una terapia que culpa al paciente de su enfermedad.

Por otro lado existe también un daño económico relacionado directamente con el elevado precio de estas terapias y sus “medicamentos”.

Colectivos vulnerables e “influencers”

Como ante cualquier situación niños, ancianos y personas con discapacidad son los colectivos más vulnerables, dado que las terapias alternativas encuentran en estos sectores de población una mina de oro, pues el uso de una de ellas no depende de la persona afectada sino de la decisión de un tercero.

El caso más evidente y reciente lo encontramos en los “colectivos antivacunas” que niegan la eficacia que tienen los programas de vacunación en los niños, olvidando que con ello se está poniendo en riesgo la salud de sus hijos y del resto de la población.

Además, en plena era de las redes sociales nos encontramos con “influencers” cuyas opiniones son de gran relevancia y credibilidad para una comunidad y como no podía ser de otra manera también existen “influencers” que defienden estas terapias alternativas.

En este sentido uno de los casos más mediáticos fue el de Steve Jobs. El fundador de Apple rechazó durante nueve meses una intervención quirúrgica para tratar su cáncer de páncreas por considerarla invasiva. En su lugar optó por abandonar su tratamiento médico y utilizar terapias alternativas.

Otro de los casos más llamativos de los últimos años ha sido el de la actriz Gwyneth Paltrow. La californiana se declaró ferviente defensora de la “dieta Gerson” y desde entonces acumula innumerables demandas y multas contra su imperio de las terapias naturales.

Si nos venimos a España también tenemos casos de personajes famosos que se han mostrado a favor de las pseudoterapias. Hace poco Javier Cárdenas relacionaba las vacunas con el desarrollo de autismo, mientras que Mariló Montero afirmaba que el aroma de limón podía curar el cáncer. Por su parte, Ana Rosa Quintana ha defendido repetidas veces que la acupuntura y la homeopatía eran ciencias milenarias.

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