1958: Cuando Renault y Alfa Romeo desafiaron juntos a Fiat

1958: Cuando Renault y Alfa Romeo desafiaron juntos a Fiat

En 1958 Renault y Alfa Romeo decidieron sellar una alianza que disgustó -y mucho- a la poderosa Fiat, que tras la Segunda Guerra Mundial no estaba dispuesta a compartir el pastel del mercado italiano. La familia Agnelli maniobró a nivel político para torpedear esta alianza, consiguiendo en 1962 que una reforma fiscal diera ventaja a los modelos de Fiat frente a los de Renault.

A pesar de pertenecer al estado italiano desde 1933, a finales de los años cincuenta Renault y Alfa Romeo hicieron tándem en Italia enfrentándose al poder absoluto que en el país transalpino disfrutaban Fiat y la familia Agnelli.

El resultado de esta alianza se concretaba en que Alfa Romeo produciría modelos de Renault -R4 y Dauphine- en sus factorías de Pomigliano y Portello, respectivamente, mientras Renault distribuiría algunos modelos italianos en el mercado francés.

Intervencionismo salvador y el fin de la competición

En 1985 Alfa Romeo acabaría siendo privatizada y entrando a formar parte del Grupo Fiat, pero mucho antes -en 1933- el estado italiano tuvo que hacerse cargo de una empresa en bancarrota. Tras la Segunda Guerra Mundial Alfa Romeo abandonó los sueños de alta competición, para centrarse en la producción de modelos de alta demanda en una Europa arrasada que necesitaba todo tipo de soluciones de movilidad.

Fruto de esta política industrial fue el exitoso turismo familiar Alfa 1900 y el incremento de la producción de vehículos comerciales e industriales dentro y fuera de Italia, una estrategia que contó en España con la colaboración de Fadisa.

Llega la alianza Renault – Alfa Romeo

A finales de los años cincuenta Fiat había incrementado su presencia fuera de Italia con acuerdos de fabricación bajo licencia, como era el caso de la española Seat, lo que animó al gobierno italiano a negociar una alianza entre Renault y Alfa Romeo sin importunar a la familia Agnelli.

El acuerdo contemplaba que Alfa Romeo fabricaría en Italia los modelos R4 y Dauphine, mientras que por su parte Renault distribuiría en su red de concesionarios en Francia algunos de los modelos de Alfa Romeo. ¿Problemas?

Enseguida surgieron. Rápidamente, el Renault R4 «made in Italy» se ganó la lealtad de los habitantes de las zonas rurales italianas, lo que incomodó a Fiat, mientras que en las áreas urbanas el Dauphine «made in Italy» le comenzó a hacer la competencia a los Fiat 1100.

La venganza de Fiat en el 62

A pesar de que el gobierno italiano se encontraba muy satisfecho con los resultados de la alianza Renault-Alfa Romeo, la familia Agnelli no podía permitir que una marca «extranjera» le estuviera comiendo parte de su pastel.

Con el gobierno de la Democracia Cristiana en el poder el objetivo de Fiat fue poner fin a una alianza que consideraba nefasta. De esta forma en 1962 consiguió que el gobierno aprobara una reforma fiscal por la cual los coches dejaban de tributar por su cilindrada y empezaban a hacerlo por la longitud de su carrocería.

Con esta decisión interesada y por tan sólo cuatro centímetros el Renault R4 pasó a tributar más que el Fiat 850, superando con ello en precio al modelo italiano. Además, Fiat lanzó el órdago de suprimir 10.000 puestos de trabajo si se mantenía la alianza.

El resultado fue que en 1964 los acuerdos Renault-Alfa Romeo comenzaron a ser muy protestados por los italianos, que consideraban que los franceses no hacían todo lo que debieran por comercializar en su país los modelos de Alfa Romeo, mientras que por su parte Renault se negó a producir el Gordini en Italia.

Fin de la historia: Sofim

Ni en Francia ni en Italia los respectivos gobiernos veían con buenos ojos la continuación de una alianza que políticamente tenía los días contados, aunque para el gobierno italiano «ceder» en todo a las pretensiones de Fiat significaba dar a entender que quién realmente mandaba en el país era la familia Agnelli.

Y no estaban por la labor. Es cierto que en turismos los acuerdos Renault-Alfa Romeo se enfriaron por completo, pero por el contrario ambas marcas siguieron colaborando en Saviem en la fabricación de camiones equipados con motores italianos.

Finalmente, en 1975 todos los protagonistas de esta truculenta historia decidieron enterrar el hacha de guerra participando a tres bandas en la creación de Sofim. El nuevo fabricante de motores diésel instaló su planta de producción en la ciudad italiana de Foggia.

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