Un alto porcentaje de compradores de vehículos nuevos afirman que se deciden por modelos de propulsión híbrida por dos motivos: por la falta de instalaciones y por los largos tiempos de recarga. Ambos obstáculos podrían solucionarse con la carga por inducción, una solución tecnológica que permitiría que los vehículos eléctricos puedan recargarse mientras circulan.

Todas las encuestas señalan que las muchas dificultades a la hora de la recarga son uno de los principales obstáculos para que los automóviles eléctricos triunfen de forma mayoritaria entre los compradores de automóviles de nueva matriculación.
Pero este problema podría tener solución si las pruebas que se están realizando actualmente con los pioneros sistemas de carga inalámbrica tienen éxito, porque ello supondría que los automóviles eléctricos pueden recargarse mientras se desplazan haciendo innecesarias las paradas y la construcción de un gran número de complejas infraestructuras específicas.
Por otro lado, disponer de una recarga fácil, cómoda y constante evitaría el problema de las autonomías limitadas y el diseño de baterías de gran tamaño y capacidad de almacenamiento energético, lo que seguramente contribuiría al abaratamiento de los automóviles eléctricos y a que el sector de la movilidad ofrezca un mayor nivel de sostenibilidad medioambiental.
Qué es la inducción
Hoy por hoy las tecnologías híbridas se imponen en automóviles debido a que los usuarios no disponen de suficientes infraestructuras de recarga y a que muchas de las instalaciones existentes no permiten cargas rápidas de corta duración. En el futuro la solución a estos problemas puede ser la denominada carga por inducción o carga inductiva.
¿Cómo funciona? A través de campos electromagnéticos que recargan las baterías cuando los vehículos se encuentran en movimiento. El mayor problema de esta solución es que en términos de potencia esta tecnología presenta algunas limitaciones que no tienen las conexiones eléctricas convencionales.

Por otra parte, estos puntos de carga inalámbricos podrían instalarse en la superficie de las carreteras, en los semáforos, en los aparcamientos o en cualquier otro punto de paso de los vehículos, sin necesidad de un excesivo coste. En todo caso uno de los problemas a solucionar sería cómo gestionar el pago de la energía recargada.
Esta tecnología es similar a la utilizada en los trolebuses, con la salvedad de que en el caso de la carga por inducción la presencia de cables eléctricos no es necesaria. Simplemente los receptores incorporados en los vehículos se “conectarían” a los rieles subterráneos que conducen la corriente eléctrica por inducción y de esta forma podrían recargar sus baterías sin necesidad de detenerse.
Inducción coche eléctrico: Una tecnología en estudio
En la actualidad ya existen en carreteras de Italia, Reino Unido y Suecia tramos experimentales donde se trabaja con el objetivo de analizar cuáles son los pros y los contras de la carga eléctrica por inducción, aunque antes de pensar en su posible despliegue todavía tendremos que esperar un tiempo para comprobar cuál es el nivel de éxito obtenido en estas pruebas.
La fase experimental con la carga inalámbrica en automóviles eléctricos comenzó en 2008 con la creación del Wireless Power Consortium y por el momento se han logrado cargas por inducción de unos 300 kW a una distancia de 30 centímetros.
Esta tecnología precisa para su funcionamiento que los automóviles incorporen un equipamiento receptor específico en su parte inferior y que la zona de paso también disponga de la infraestructura correspondiente, pero a cambio facilita el proceso de recarga e incrementa hasta el infinito la autonomía de los automóviles eléctricos.
Los expertos calculan que en el plazo de diez años la carga inalámbrica podría ser una solución aplicable y algunos fabricantes de automóviles ya cuentan con modelos equipados para poder realizar este tipo de recargas.
Finalmente, uno de los mayores obstáculos de esta tecnología según sus detractores es que las pérdidas son de alrededor de un 40%.

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