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¿Existen los caballos blancos? Lo que dice la genética

¿Un caballo blanco es realmente blanco? Descubre la diferencia entre caballos blancos y tordos, qué hace el gen Grey y su relación con los melanomas.

Un caballo blanco galopando es una de esas imágenes que todos reconocemos. El caballo blanco de Santiago Apóstol, los corceles de las leyendas medievales o los caballos casi inmaculados que aparecen en películas y cuentos han contribuido a convertirlos en animales casi míticos.

Pero aquí viene la sorpresa: muchos de los caballos que llamamos blancos no son genéticamente blancos. Son caballos tordos cuyo pelo se ha ido aclarando con la edad hasta parecer completamente blanco.

¿Significa eso que los caballos blancos no existen?

No exactamente.

Los caballos genéticamente blancos sí existen, aunque son mucho menos habituales. Y la diferencia entre un caballo blanco y un caballo tordo no es simplemente una cuestión de vocabulario: está en su ADN, en la pigmentación de su piel y en la forma en la que cambia su capa a lo largo de la vida.

Entonces, ¿un caballo blanco es realmente blanco?

A simple vista puede ser imposible distinguirlos, pero genéticamente podemos encontrarnos ante dos situaciones muy diferentes.

El caso más habitual es el de un caballo tordo que ha encanecido progresivamente. El potro nace con el pelo pigmentado —negro, castaño, alazán u otro color— y, con el paso de los años, aparecen cada vez más pelos blancos.

En algunos individuos el proceso llega a ser tan intenso que el caballo adulto parece completamente blanco.

Sin embargo, debajo de ese pelo blanco la piel suele continuar siendo oscura y pigmentada.

Un caballo genéticamente blanco, por el contrario, puede nacer ya con una proporción enorme de pelo blanco o prácticamente blanco y presentar extensas áreas de piel rosada o sin pigmentación. Existen diferentes variantes genéticas capaces de provocar estos fenotipos, muchas de ellas relacionadas con el gen KIT.

Por tanto, la afirmación tantas veces repetida de que «los caballos blancos no existen» es un mito.

La realidad resulta bastante más interesante:

muchos caballos blancos no son blancos, pero algunos sí lo son.

El secreto de muchos “caballos blancos”: en realidad son tordos

Para entenderlo hay que conocer una de las capas más llamativas del caballo: la capa torda.

Un caballo tordo no nace necesariamente gris ni blanco.

Puede nacer negro, castaño, alazán o con otra capa base perfectamente visible. Sin embargo, durante sus primeros años empiezan a aparecer pelos blancos mezclados con los pelos originales.

Con el tiempo, la proporción de pelo blanco aumenta.

Así, un mismo caballo puede pasar de tener una capa muy oscura cuando es potro a parecer casi completamente blanco cuando alcanza la edad adulta.

Y todo comienza en su genética.

El llamado “gen Grey”: el responsable del encanecimiento

Durante mucho tiempo se ha hablado popularmente del “gen Grey” o “gen Gray” como responsable de este fenómeno.

Si queremos ser más precisos, actualmente sabemos que el carácter tordo está asociado a una variación genética localizada en el gen STX17 (Syntaxin 17).

Esta alteración modifica la regulación de los melanocitos, las células relacionadas con la producción de melanina y, por tanto, con la pigmentación.

El resultado más visible es un encanecimiento progresivo del pelo.

Los pelos que van apareciendo contienen cada vez menos pigmentación y el caballo comienza a adquirir ese característico aspecto gris, plateado y, finalmente en muchos casos, prácticamente blanco.

Es importante destacar algo:

el caballo no pierde necesariamente el pigmento de la piel al mismo tiempo que se aclara su pelo.

Por eso un caballo tordo muy claro puede presentar:

  • pelo casi completamente blanco;
  • piel oscura bajo ese pelo;
  • ojos normalmente pigmentados.

Esta es una de las principales diferencias respecto a determinados caballos verdaderamente blancos.

Un caballo tordo puede cambiar muchísimo a lo largo de su vida

El encanecimiento no avanza exactamente igual en todos los caballos.

Algunos aclaran muy rápidamente, mientras que otros conservan durante muchos años grandes cantidades de pelo oscuro.

Esto explica la espectacular variedad de capas tordas que podemos observar.

Dependiendo de la edad, la distribución del pelo blanco y oscuro y las características de cada ejemplar pueden aparecer capas descritas tradicionalmente como tordo rodado, tordo apizarrado, tordo mosqueado, tordo vinoso y otras variantes.

Incluso un mismo caballo puede mostrar aspectos muy diferentes a los tres, ocho o quince años.

De hecho, fotografías tomadas con varios años de diferencia pueden hacer pensar que estamos viendo animales distintos.

La genética ha descubierto algo todavía más curioso

Las investigaciones más recientes han demostrado que el fenómeno es incluso más complejo de lo que se pensaba.

No todos los caballos tordos presentan exactamente la misma configuración genética en la región relacionada con STX17.

Se han identificado variantes asociadas a diferentes velocidades de encanecimiento. Algunos caballos aclaran rápidamente y pueden llegar a presentar una capa prácticamente blanca, mientras que otros mantienen durante mucho más tiempo el característico aspecto gris o rodado.

Es decir:

la velocidad a la que un caballo “se vuelve blanco” también puede estar escrita, en parte, en sus genes.

¿El gen Grey elimina el color original del caballo?

No.

Este es otro aspecto especialmente interesante de la genética de las capas.

El carácter Grey actúa sobre un color de base que continúa existiendo genéticamente, aunque llegue un momento en el que resulte prácticamente imposible identificarlo simplemente observando al caballo adulto.

Un caballo tordo pudo haber nacido:

  • negro;
  • castaño;
  • alazán;
  • bayo;
  • o con otras combinaciones de genes de color y dilución.

La progresiva aparición de pelo blanco acaba ocultando visualmente esa capa original, pero los genes responsables del color de base siguen formando parte de su ADN.

Por esa razón también pueden transmitirse a su descendencia.

Dos caballos que parecen prácticamente blancos pueden tener genéticas de color muy diferentes.

¿El carácter tordo es dominante?

Sí.

El carácter Grey presenta herencia dominante, de modo que basta con que el caballo herede una copia de la variante responsable para expresar el encanecimiento.

Esto también significa que un caballo tordo puede transmitir esta característica a sus potros.

Sin embargo, conviene no confundir dos conceptos genéticos diferentes: dominancia y epistasis no significan lo mismo.

La dominancia describe la relación entre variantes de un mismo locus genético. La epistasis, por su parte, se refiere a la interacción entre genes de loci distintos.

En términos sencillos, para el propietario basta con recordar que Grey puede terminar ocultando visualmente el color de base del caballo, pero no lo borra de su genética.

Entonces, ¿cómo son los caballos verdaderamente blancos?

Aquí es donde el mito se desmonta definitivamente.

Existen caballos que sí presentan genéticamente un fenotipo blanco, y uno de los grupos mejor conocidos es el denominado Dominant White o blanco dominante.

Se han identificado numerosas variantes genéticas relacionadas con estos fenotipos, muchas de ellas en el gen KIT, fundamental para el desarrollo y funcionamiento de las células pigmentarias.

Dependiendo de la variante, el caballo puede presentar desde grandes manchas blancas hasta un cuerpo prácticamente o totalmente cubierto de pelo blanco.

A diferencia del tordo que ha encanecido con los años, estos animales pueden presentar desde el nacimiento:

  • pelo blanco en extensas zonas del cuerpo;
  • piel rosada o poco pigmentada bajo esas zonas;
  • y, en muchos casos, ojos de color normal.

Por eso un caballo blanco no es necesariamente un caballo albino, ni tampoco todo caballo aparentemente blanco es un tordo.

La genética equina es bastante más rica de lo que sugiere la simple clasificación por colores.

¿Existen caballos albinos?

La palabra albino se utiliza con mucha frecuencia de forma coloquial para describir cualquier animal blanco de piel rosada, pero en caballos puede conducir a confusión.

Muchas capas y patrones blancos conocidos actualmente tienen explicaciones genéticas específicas y no deberían denominarse simplemente “albinismo”.

Los avances en genética permiten identificar variantes relacionadas con genes como KIT, MITF o PAX3, entre otros, responsables de distintos patrones de pigmentación.

Por eso, ante un caballo de apariencia completamente blanca, observar exclusivamente el color exterior no siempre permite saber qué genética hay detrás.

Caballos tordos y melanomas: una relación que todo propietario debería conocer

La genética del caballo tordo tiene además una importante implicación para su salud.

Los caballos tordos presentan una predisposición muy superior a desarrollar tumores melanocíticos o melanomas, especialmente a medida que envejecen.

Es frecuente que aparezcan en determinadas localizaciones, entre ellas la zona situada bajo la cola y alrededor del periné, aunque pueden desarrollarse también en otras partes del organismo.

Y aquí conviene corregir otro mito.

La mayor predisposición de los caballos tordos al melanoma no se explica simplemente porque tengan “menos melanocitos” como consecuencia de haber perdido pigmentación.

La relación es mucho más compleja y está vinculada precisamente a las alteraciones genéticas y moleculares que afectan a los melanocitos en los caballos Grey.

Estudios recientes han relacionado determinadas configuraciones del locus Grey con diferencias tanto en la rapidez del encanecimiento como en el riesgo de desarrollar melanoma.

Por eso el cambio de color del caballo es mucho más que una curiosidad estética.

¿Todos los melanomas de un caballo tordo son peligrosos?

No todos evolucionan de la misma manera.

Algunos tumores melanocíticos pueden mantenerse estables durante largos periodos, mientras que otros aumentan de tamaño, se multiplican, afectan a estructuras cercanas o presentan un comportamiento más agresivo.

Precisamente por esa variabilidad no conviene asumir que un bulto es inofensivo simplemente porque el caballo sea tordo y este tipo de lesiones sean frecuentes.

La aparición de cualquier masa, cambio en una lesión existente o anomalía en la piel debería ser valorada por un veterinario.

En caballos tordos adultos y de edad avanzada, las revisiones periódicas cobran especial importancia.

Qué zonas conviene vigilar en un caballo tordo

La observación habitual del caballo por parte de su propietario puede ayudar a detectar cambios tempranos.

Durante el cepillado, la higiene y las revisiones rutinarias resulta recomendable prestar atención especialmente a:

  • la base de la cola y región perineal;
  • la zona alrededor del ano;
  • labios y región de la boca;
  • párpados y zonas próximas a los ojos;
  • y cualquier bulto o lesión nueva que aparezca en la piel.

Esto no sustituye a una exploración veterinaria, pero conocer bien el cuerpo de nuestro caballo facilita detectar cambios que antes no estaban presentes.

Fotografiar periódicamente una lesión identificada también puede resultar útil para comprobar objetivamente si cambia de tamaño o aspecto y trasladar esa información al veterinario.

Genética, prevención y salud: mucho más que el color de la capa

Conocer la genética de un caballo no sirve únicamente para saber si será negro, alazán, tordo o blanco.

Determinados caracteres genéticos pueden estar relacionados con aspectos relevantes para la cría, la identificación de enfermedades hereditarias o la predisposición a determinados problemas de salud.

En el caso de los caballos tordos, conocer su mayor predisposición a desarrollar melanomas permite incorporar esa información a su programa de vigilancia y revisiones veterinarias.

Y esto enlaza con una cuestión que a veces solo se plantea cuando aparece un problema: cómo tenemos protegida la salud de nuestro caballo y qué gastos veterinarios estamos preparados para afrontar.

Entonces… ¿los caballos blancos existen o no?

Sí, existen caballos genéticamente blancos.

Lo sorprendente es que una gran parte de los animales que a simple vista identificamos como blancos son en realidad caballos tordos que nacieron de otro color y fueron encaneciendo progresivamente debido a su genética.

La próxima vez que veas un espectacular caballo aparentemente blanco, fíjate en su piel.

Si debajo del pelo blanco aparece una piel oscura y pigmentada, posiblemente tengas delante a un tordo que ha completado buena parte de su transformación.

Y pensar que aquel caballo de aspecto casi blanco pudo ser un potro completamente oscuro unos años atrás es una buena demostración de hasta qué punto la genética equina puede esconderse a plena vista.

Preguntas frecuentes sobre los caballos blancos y tordos

¿Los caballos blancos existen realmente?
Sí. Existen caballos genéticamente blancos asociados a diferentes variantes de pigmentación. Sin embargo, muchos caballos que parecen blancos son en realidad tordos muy aclarados por la edad.

¿Un caballo tordo nace blanco?
Generalmente no. Los caballos tordos nacen pigmentados y van desarrollando progresivamente pelos blancos durante su crecimiento.

¿Por qué un caballo tordo se vuelve blanco?
El fenotipo Grey está relacionado con una variación genética en la región de STX17 que altera la biología de los melanocitos y provoca un encanecimiento progresivo del pelo.

¿Cómo distinguir un caballo tordo blanco de un caballo genéticamente blanco?
Una pista importante es la piel. En un tordo muy aclarado, la piel bajo el pelo suele seguir siendo oscura y pigmentada. En determinados fenotipos genéticamente blancos existen grandes áreas de piel rosada. Para conocer con certeza determinadas variantes puede ser necesaria una prueba genética.

¿Los caballos tordos tienen más riesgo de melanoma?
Sí. Existe una asociación genética bien establecida entre la capa torda y una mayor predisposición a desarrollar tumores melanocíticos, especialmente con la edad.

¿Tener un caballo tordo significa que desarrollará melanoma?
No puede afirmarse que un individuo concreto vaya a desarrollarlo, pero el riesgo es claramente superior al de los caballos no tordos. Las revisiones veterinarias y la vigilancia de posibles lesiones son especialmente aconsejables.

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