Nació para ocupar el enorme hueco que existía entre el Peugeot 205 GT fabricado en España y el deseado GTI francés. El resultado fue el Peugeot 205 GTX, una versión exclusiva de nuestro mercado fabricada en Villaverde, con motor Talbot de 1,6 litros y 94 CV. Cuarenta años después, aquel peculiar deportivo español se ha convertido en uno de los Peugeot 205 clásicos más interesantes y desconocidos.
Hubo un tiempo en el que comprar un Peugeot 205 deportivo en España no significaba necesariamente ponerse al volante de un GTI.
A mediados de los años ochenta, la factoría madrileña de Villaverde desarrolló una versión específicamente pensada para nuestro mercado. Se llamaba Peugeot 205 GTX y combinaba buena parte de la imagen y el carácter deportivo del deseado GTI con una mecánica fabricada en España.
El resultado fue un automóvil muy particular, sin equivalente directo en la gama francesa y que con el paso de los años acabaría ganándose entre los aficionados el sobrenombre de “GTI de Villaverde”.

El Peugeot 205 español era diferente al francés
El Peugeot 205 comenzó a fabricarse en la planta madrileña de Villaverde en 1984, apenas un año después de su lanzamiento en Francia.
La fábrica procedía de la antigua estructura industrial de Barreiros y posteriormente había pasado por Chrysler y Talbot antes de integrarse en el universo PSA.
Pero los primeros 205 españoles tenían una peculiaridad.
Las restricciones arancelarias y las exigencias de utilización de componentes nacionales hicieron que los coches producidos en España recurrieran inicialmente a motores de origen Simca-Talbot fabricados localmente, en lugar de utilizar algunas de las mecánicas que equipaban los modelos franceses.
Eran bloques de fundición veteranos, robustos y con árbol de levas lateral. Su disposición también obligó a modificar ligeramente el capó de algunas versiones españolas, originando la característica protuberancia que permite reconocerlas fácilmente.
Lo que en aquel momento era una consecuencia de la política industrial española es hoy precisamente uno de los detalles que hacen especiales a estos Peugeot 205 clásicos fabricados en España.

Del Peugeot 205 GT al deportivo que faltaba
La primera gama española estuvo formada por versiones como los 205 GL, GR Confort y GT, con carrocerías de tres y cinco puertas y mecánicas adaptadas al mercado nacional.
El GT era la propuesta más dinámica. Utilizaba un motor de 1,4 litros procedente de la familia Simca-Talbot y, gracias al reducido peso del 205, ofrecía unas prestaciones más que respetables.
Pero Peugeot tenía un problema.
Por encima estaba el espectacular 205 GTI, importado y considerablemente más caro. Y entre ambos modelos comenzaba a existir espacio para un pequeño deportivo potente pero más accesible.
Peugeot buscaba precisamente un modelo que actuara como puente entre el GT y el GTI y que pudiera enfrentarse a automóviles como el Ford Fiesta XR2, el Opel Corsa GT o el Seat Ibiza 1.5 GLX.
La respuesta de Villaverde fue el Peugeot 205 GTX.
Un motor Talbot de 1,6 litros y 94 CV
Para desarrollar el GTX, Peugeot recurrió a una mecánica que ya conocía perfectamente: el motor J-2 Plus de 1.592 cc utilizado en modelos Talbot como el Solara y el Horizon.
En aquellos coches desarrollaba alrededor de 90 CV, pero para el Peugeot 205 GTX se introdujeron varias modificaciones.
Un árbol de levas con diferente configuración, una carburación más generosa mediante carburador Weber de doble cuerpo y otros ajustes elevaron la potencia hasta 94 CV a 5.700 rpm.
Puede parecer una cifra modesta vista desde hoy, pero había un detalle decisivo: el 205 GTX pesaba apenas unos 850 kilos.
El resultado era una relación peso-potencia muy favorable y unas prestaciones que lo colocaban realmente cerca de los pequeños deportivos más serios de mediados de los ochenta.
No era un GTI, pero corría casi como uno
El Peugeot 205 GTX enviaba toda su potencia a las ruedas delanteras mediante una caja manual de cinco velocidades, con desarrollos pensados para aprovechar la respuesta del motor.
Y las cifras de las pruebas de la época demuestran que aquello funcionaba.
Una prueba publicada en 1986 registró 177,5 km/h de velocidad máxima y un 0 a 100 km/h en 9,92 segundos.
Para un utilitario atmosférico de 94 CV de mediados de los años ochenta eran cifras más que respetables.
Pero probablemente lo más interesante del GTX no estaba en la velocidad punta.
El pequeño Peugeot destacaba por una combinación que hoy define a muchos de los mejores coches clásicos deportivos de los años 80: poco peso, dimensiones contenidas, dirección directa y una suspensión capaz de ofrecer mucha agilidad en carreteras de curvas.

Una estética muy cercana a la del Peugeot 205 GTI
Peugeot tampoco quiso que su nuevo GTX pareciese simplemente un 205 convencional con un motor más potente.
Exteriormente heredó numerosos elementos asociados al GTI: faldón delantero con faros antiniebla, molduras laterales con inserciones rojas, pequeño spoiler posterior y carrocería de tres puertas.
También incorporaba llantas de aleación de 13 pulgadas, aunque no eran las mismas utilizadas por el GTI.
Dentro sucedía algo parecido.
Asientos deportivos envolventes, volante de aspecto deportivo, cuentavueltas, elevalunas eléctricos y cierre centralizado ayudaban a crear una atmósfera mucho más especial que la de los 205 básicos.
No era exactamente un GTI, pero Peugeot había hecho todo lo posible para que al conductor se lo recordase.
El éxito del 205 Turbo 16 ayudó a construir el mito
El momento elegido para lanzar el GTX tampoco podía ser mejor.
Peugeot estaba viviendo una de las etapas más gloriosas de su historia deportiva gracias al espectacular 205 Turbo 16 de Grupo B.
El T16 conquistó el Campeonato Mundial de Rallies de constructores en 1985 y 1986, además de lograr los títulos de pilotos con Timo Salonen y Juha Kankkunen.
Más tarde, la saga continuaría ganando el París-Dakar en 1987 y 1988.
Aquellos éxitos tenían poco que ver técnicamente con un 205 de carretera, pero desde el punto de vista comercial su impacto fue enorme.
La imagen del pequeño Peugeot había quedado definitivamente asociada a la deportividad.
Y el GTX permitió que muchos compradores españoles pudieran acercarse a ese universo sin tener que asumir el coste del GTI importado.
El “GTI español” que hoy empieza a reivindicarse
El Peugeot 205 GTX estuvo durante años a la sombra del auténtico 205 GTI, uno de los deportivos compactos más venerados de los años ochenta y actualmente mucho más cotizado entre coleccionistas.
Pero precisamente ahí reside parte del atractivo del GTX.
Fue un modelo desarrollado específicamente para España, construido en Villaverde y equipado con una mecánica que no utilizaban los 205 franceses. Una combinación difícil de repetir y que lo convierte en un pedazo especialmente curioso de la historia industrial española.
Además, conserva buena parte de los ingredientes que hicieron famoso al 205: bajo peso, dimensiones compactas, mecánica sencilla y una conducción muy directa.
No tenía inyección, ni los pasos de rueda ensanchados del GTI, ni sus prestaciones puras. Tampoco lo pretendía.
El Peugeot 205 GTX nació para ocupar el espacio entre un utilitario rápido y un auténtico GTI. Y casi cuatro décadas después, esa condición de “hermano español” es precisamente lo que lo convierte en uno de los Peugeot clásicos más peculiares y coleccionables fabricados en nuestro país.

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