Balto, el heroico husky siberiano con una estatua en Central Park

A comienzos de 1925 un relevo de trineos de más de 1.000 kilómetros y bajo temperaturas de -40ºC, consiguió llevar desde Anchorage, capital de Alaska, a Nome, un cargamento de vacunas contra la difteria. El brote de esta enfermedad consiguió apagarse gracias, entre otros, a perros como Balto, que fue el “perro guía” durante los dos últimos tramos. Por su heroicidad en su honor se levantó una estatua en Central Park (Nueva York).

BALTO PERRO GUÍA

Hay perros, que como Balto, han pasado a la historia por su entrega. Este husky fue uno de los perros que a comienzos de 1925 tomaron parte en el relevo de trineos que consiguió llevar hasta Nome (Alaska) las vacunas que pusieron fin al brote de difteria que había comenzado a expandirse entre la población infantil de esta ciudad.

Tanto fue el protagonismo de Balto en aquella gesta heroica, que dos estatuas en su honor se levantan hoy en Anchorage, capital de Alaska, y en Central Park (Nueva York) y hasta Hollywood realizó una película de dibujos animados que narra la hazaña que representó recorrer más de 1.000 kilómetros en trineo teniendo que superar el gélido frío de Alaska.

Cuando en enero de 1925 comenzó la epidemia de difteria en Nome, las vacunas más cercanas se encontraban en Anchorage, a unos 900 kilómetros de distancia, al tiempo que una gran tormenta impedía que el cargamento pudiera llegar por mar o por aire, así que se optó por un arriesgado y muy duro relevo de trineos en el que participaron veinte “mushers” (conductores de trineo) voluntarios con sus respectivos equipos caninos de huskies siberianos.

La epopeya, que comenzó el 27 de enero en la estación de tren de Nenana, llegó al penúltimo relevo con el “musher” noruego Gunnar Kaasen en cuya jauría perruna estaba Balto, un husky negro de seis años y con aparente poco potencial físico, circunstancia que provocó que Kaasen lo dejara inicialmente en la retaguardia, aunque la inesperada lesión del “perro guía” del equipo colocó a Balto al frente de los perros de tiro.

Pero los problemas no habían hecho más que empezar.  Kaasen llegó al relevo el 2 de febrero, antes de lo previsto y sin que el trineo de reemplazo estuviera preparado para salir, lo que obligó a que él y sus perros tuvieran que realizar también el último tramo del viaje en medio de temperaturas de -40ºC. Finalmente, las vacunas contra la difteria llegaron a tiempo a Nome.

Tras esta hazaña, que fue ampliamente difundida por los medios de comunicación de la época, Balto terminó sus días en el zoológico de Cleveland donde murió con catorce años de edad y en estos momentos su cuerpo disecado se expone en el Museo de Historia Natural de esta misma ciudad.

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