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caballos canadienses

Caballos Canadienses, una de las razas más duras

Los caballos canadienses tienen una disposición natural para el trabajo. Con una fortaleza y resistencia excepcional y una adaptación al clima extremo, es uno de los caballos más apreciados de América aunque ha pasado varias veces por el límite de la extinción.

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Con el descubrimiento del Nuevo Mundo muchos fueron los intercambios entre la vieja Europa y esta tierra inexplorada. Uno de ellos fue el caballo, que durante las primeras expediciones de españoles y portugueses jugó un papel de gran importancia en la conquista de nuevos territorios.

Con el paso de los años fue creciendo la variedad y razas de los caballos que allí habitaron. A finales del siglo XVII, los franceses enviaron por orden de Luis XIV una nueva raza de caballo para apoyar las operaciones de este país en el nuevo mundo. Las características de estos animales debían ser rústicas, ya que los entornos en los que iban a vivir así lo requerían, de manera que se mandaron caballos que combinaban a la perfección las cualidades de fuerza y resistencia, que más tarde definirían al caballo canadiense.

Durante el primer viaje, fechado en 1665, sobrevivieron un total de doce yeguas y dos sementales, creciendo posteriormente en número con las siguientes expediciones. Un total de 40 caballos de razas Normando y Bretón llegaron a Canadá, con ascendencias árabe, andaluza y bereber.

El número crece

Durante los primeros años de estancia en el nuevo mundo los caballos fueron propiedad del Rey, pasando posteriormente a ser arrendados a los granjeros allí asentados a cambio de dinero o potros. El número de ejemplares fue creciendo, hasta alcanzar los 145 animales en 1679 y llegando a superar los 300 en 1684.

Durante años, los caballos que vivían en la colonia francesa se desarrollaron con poca influencia de razas extranjeras, a excepción de la frisona que mejoró el trote de los caballos canadienses. El Cheval Canadien surgió entonces como un caballo adaptado a las condiciones de clima extremo de Canadá, con bajas temperaturas, trabajo duro y escasez de alimentos.

Evolución de la raza

El número de caballos canadienses fue aumentando hasta alcanzar, durante el siglo XIX, los 150.000 ejemplares distribuidos entre Canadá y Estados Unidos. Desde entonces ha sido empleado como material de base para proporcionar fuerza y rusticidad a razas como el Morgan, el Tenessee, el Silla Americano y el Standarbred.

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La distribución por Estados Unidos llevó a la raza a formar parte de hechos históricos como la guerra de los Boers o la Guerra Civil Norteamericana, hechos que provocaron un descenso importante en la población. Además, con la proliferación de la mecanización de la agricultura esta raza estuvo casi a punto de la extinción.

Entre 1860 y 1870 la población del caballo canadiense estaba en torno a los 400 ejemplares y descendiendo. No fue hasta finales de la década de 1870 cuando la raza fue reconocida, lo que llevó a que muchos criadores trataran de sacarla de la extinción. En el año 1886 se creó el Stud Book (Libro de Sementales) bajo el liderazgo de J.A. Couture y en 1895 se formó la Canadian Horse Breeders Association, con lo que se consiguió la expansión de la raza.

En el año 1913 el Ministerio Agricultura Canadiense creó un programa de Cría en Cacp Rouge, Quebec, criando sementales tan importantes como Albert De Cap Rouge. Este centro continuó su actividad hasta que en 1940 cerró su actividad debido a la Segunda Guerra Mundial y el ganado equino fue vendido.

Posteriormente, hubo un nuevo intento de cría de esta raza por parte de una yeguada en Deschambault donde se desarrollaron caballos con mayor alzada y menos rústicos, pero hacia 1979 la raza estuvo a punto de desaparecer de nuevo por la subasta de toda la yeguada.

Más tarde, algunos programas de cría como otro de Quebec trataron de preservar la raza. Actualmente, y con un crecimiento lento, se cuenta con más de 2.500 ejemplares y la raza va en expansión, aunque todavía está catalogado como raza en peligro crítico por el American Livestock Conservancy.

Características del caballo canadiense

El caballo canadiense es un animal fuerte y adaptado a las penosas condiciones climáticas, siendo necesarios muy pocos cuidados para mantenerlo debido a su aguante y rudeza, características que le han otorgado el sobrenombre de “Pequeño Caballo de Acero”.

El caballo canadiense ha servido como caballo de utilidad general en las tierras de Nueva Francia, siendo habitual que tirase no solo del arado sino también del carruaje. La fuerza, frugalidad y disposición de este caballo fue muy apreciado por los criadores de caballos del nuevo mundo. La raza es bastante longeva, manteniéndose fuertes durante muchos años y siendo muy fértiles. Las hembras, en concreto, son capaces de reproducirse pasados los 20 años de edad.

características de los caballos canadienses

La fisionomía del caballo es sólida, con una cabeza de rasgos muy marcados y ojos de gran tamaño y bien distanciados. Con una alzada de entre 1,50 metros y 1,68 metros hasta la cruz, los caballos canadienses tienen un cuerpo musculoso y su cuello presenta una marcada curva, con gran potencia y resistencia. Su paso y su trote son enérgicos y gráciles, aportando a este animal una estampa muy bella para ejercer como caballo de tiro.

La mayoría de las capas son de color castaño oscuro o claro, aunque existe bastante aceptación dentro de la Asociación de criadores para otros colores.

En cuanto a su temperamento, se trata de un caballo afable con buena disposición para el trabajo y fácil mantenimiento. Estas características lo han llevado a ser empleado cómo caballo de salto, raid y adiestramiento, además de ser empleado en el campo o como caballo de enganche.

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