Los caballos se comunican y nos hablan con todo su cuerpo

Como animales grupales que son los caballos se comunican con los ejemplares del grupo y con los humanos a través de un sofisticado y complejo lenguaje de gestos, movimientos y sonidos a través de los cuales transmiten sus sentimientos, emociones y miedos.

Todos los estudios prueban que los humanos no somos los únicos seres con capacidad de comunicación y que incluso existen animales con un alto rango de inteligencia capaces de comunicarse a través de mecanismos que están fuera de nuestro alcance. Los caballos son un buen ejemplo de esta aseveración científica, porque al contrario que sucede con los humanos los equinos se comunican, entre otros modos, con los movimientos de sus orejas.

Además de pacíficos los equinos son animales muy gestuales que pueden comunicar sus emociones, miedos, sensaciones, inseguridades y sentimientos de múltiples formas. Puede ser con una simple mirada, mediante la posición que adoptan su cuerpo, su cabeza o sus orejas o también a través de los sonidos que emiten. Cuando la atención de un caballo se centra en algo concreto su mirada y todo su cuerpo permanecen “enfilados” en dirección al punto u objeto que es de su interés, comunicando con ello al resto del grupo que allí hay algo que merece la pena ser atendido.

En este contexto los distintos movimientos de orejas comunicarán si aquello que se está observando o percibiendo puede entrañar algún tipo de riesgo para la manada, de forma que las orejas actúan en ese momento como auténticos semáforos. Orejas tiesas y ligeramente inclinadas hacia adelante denotan seguridad, mientras que por el contrario orejas replegadas hacia el occipital serán muestra de incertidumbre.

En este sentido las investigadoras británicas Jennifer Wathan y Karen McComb de la Universidad de Sussex han experimentado que la capacidad de comunicación de los caballos queda muy mermada cuando a los animales se les cubren las orejas y los ojos, al tiempo que la habilidad de los otros animales del grupo para ”entenderles” también se ve afectada. Pero las conclusiones de Wathan y McComb van más lejos, porque en su opinión el mayor o menor nivel de comunicación entre animales también depende, como sucede en los humanos, de los rasgos faciales individuales.

Todos conocemos personas cuyos rostros tienen una mayor expresividad y que por ello son capaces de reflejar y transmitir mejor las emociones, algo que sucede también con los caballos a la hora de comunicar, por ejemplo, sentimientos de miedo o de jerarquía dentro del grupo. Cuando un caballo muestra sus dientes puede estar demostrando amor, enfado, apetito o deseo y es importante analizar el escenario y circunstancias en el que esto ocurre para llegar a comprender lo que el animal nos quiere transmitir.

Pero los caballos no sólo se comunican por gestos, miradas o movimientos de orejas, sino que también los sonidos juegan un papel fundamental del lenguaje equino. Llegados hasta aquí hay que saber que para entender lo que los caballos nos quieren transmitir a través de sonidos hay que prestar atención a “pequeños” detalles como la duración e intensidad de los mismos, factores que cobran mayor o menor importancia en función del sexo y edad del animal o del estímulo que lo provocó.

Los caballos emiten ocho sonidos básicos y entre todos el relincho es el más fuerte, aunque puestos a analizar el complejo sistema de comunicación de los caballos no es lo mismo el “relincho” de una yegua que se comunica con su potrillo que el que emite un macho dominante; de la misma forma que la mayor o menor intensidad de un resoplido puede significar distintos grados de peligro.

Otros sonidos a tener en cuenta es el característico gruñido que los caballos suelen emitir, por ejemplo, antes de comer, al iniciar la actividad sexual o cuando una yegua de cría está siendo molestada por su potro; el bramido que suele formar parte de un comportamiento de amenaza, de lucha entre machos, etc, y que suele darse en un contexto de violencia y, por último, el gemido que suele ser un sonido corto y de baja intensidad que suele expresar dolor.

Como animales grupales que son el contacto es también fundamental en los caballos y cuando viven en manada es frecuente que en los momentos de relax junten sus frentes o que unos mantengan apoyadas las cabezas sobre los cuerpos de los otros en lo que los expertos llaman “mutual grooming”, una forma de potenciar la unión entre ejemplares de un mismo grupo y que sirve para fomentar la sensación de colectivo.

Finalmente, a la hora de entender lo que quiere decirnos nuestro caballo la cola también juega un papel protagonista. Una cola levantada es signo de emoción o de excitación, mientras que cuando la cola aparece entre las patas traseras denota, como sucede en los perros, que el animal está asustado; al tiempo que una cola que se mueve nerviosa de un lado a otro realizando bruscos azotes es muestra de irritación o molestia.

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