Cerdeña: Los caballos salvajes de Giara di Gesturi

En la isla de Cerdeña, concretamente en La Giara di Gesturi, habitan los últimos caballos salvajes de Europa. Son aproximadamente 550 ejemplares procedentes de los caballos que los fenicios llevaron hasta esta isla. Además de ser un símbolo para los sardos, todos los años estos caballos atraen a cientos de turistas ansiosos de fotografiarse con ellos.

Cerdeña: Los caballos salvajes de Giara di Gesturi

Con sus 24.100 km2 de superficie la isla mediterránea de Cerdeña es, por detrás de Sicilia y Piamonte, la tercera región italiana con mayor territorio, aunque sus 1,7 millones de habitantes se traducen en una más que asumible densidad de población de tan sólo 69 habitantes/km2, una de las más reducidas de Italia.

Cerdeña es una isla de origen volcánico que se ha convertido en famosa para el turismo por sus espectaculares paisajes y sus 2.000 kilómetros de costa, aunque curiosamente uno de sus mayores atractivos se encuentra en el interior, concretamente en La Giara di Gesturi, un altiplano de origen volcánico con una extensión de 80 km2.

Esta zona se caracteriza por un suelo muy pedregoso donde crecen alcornoques y todo tipo de vegetación mediterránea, y donde se crean numerosos charcos de agua, las llamadas depresiones “Paulis”, que en invierno se llenan de agua y que sirven de abrevaderos naturales para otro de los atractivos de Cerdeña: los caballos salvajes de Giara.

Los últimos supervivientes

Según los expertos estos caballos, que son de los últimos que viven en Europa en estado salvaje, no serían una raza autóctona de Cerdeña, ya que no existen restos fósiles de su presencia en tiempos prehistóricos, lo que lleva a pensar que estos equinos descienden de los ejemplares que probablemente llegaron a la isla de la mano de los fenicios.

Cerdeña: Los caballos salvajes de Giara di Gesturi

Lo que si parece cierto es que hasta finales de la Edad Media la isla de Cerdeña estuvo habitada por numerosas manadas de caballos salvajes, aunque hoy los ejemplares que habitan en La Giara di Gesturi, convertidos en símbolo de Cerdeña, son los últimos supervivientes de aquellos cimarrones de antaño.

Los caballos de Giara tienen una altura que oscila entre los 125 y los 135 centímetros en los machos, con una capa de color marrón oscuro o negro, ojos almendrados, una cola y una crin con largo y abundante pelo y una frente que aparece cubierta por un largo flequillo.

Caballos para el turismo

Se calcula que la población de caballos de Giara asciende actualmente a unos 550 ejemplares, que se agrupan en pequeños grupos formados por ocho o diez ejemplares liderados por un macho, generalmente, y donde conviven yeguas y potros jóvenes.

Junto a la extensa costa sarda La Giara di Gesturi se ha convertido en uno de los lugares turísticos por excelencia de Cerdeña, principalmente por la existencia de los caballos y el interés de los turistas por fotografiarse con ellos, aunque se trata de una zona que hay que visitar preferentemente en primavera o en otoño, ya que en verano las temperaturas son elevadas, siendo típicos los árboles que crecen ostentosamente inclinados debido al fuerte viento Mistral que sopla en este área.

Los “soldados” de Constantino

El amor que existe en Cerdeña por los caballos queda reflejado en el festival ecuestre de El Ardia, una tradición que todos los meses de julio se celebra en Sedilo, un pueblecito de 2.000 habitantes situado en la provincia de Oristano y donde más de cien jinetes y monturas participan en una espectacular carrera alrededor de la iglesia de San Constantino (Santu Antine).

Cerdeña: Los caballos salvajes de Giara di Gesturi

Antes de esta carrera son tres los “caballeros” que en representación del cristianismo reciben las “pandelas”, tres banderas de color amarillo, blanco y rojo, ésta última la más importante de todas.

La labor de estos “caballeros”, considerados los “soldados de San Constantino”, es defender las “pandelas” del acoso del resto de corredores, que representarían al mundo pagano, un duro trabajo para el cual disponen de la inestimable ayuda de tres escoltas. Según reza la tradición la “loca” carrera alrededor del santuario de San Constantino se inicia sin necesidad de una señal previa, de repente, lo que provoca que un centenar de monturas y de jinetes se lancen al galope, unos intentando defender sus “pandelas” y los otros intentando arrebatárselas. Como es natural mantenerse sobre las monturas es casi misión imposible.

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