Conquista del Polo Sur: El cruel destino de los caballos de Robert Scott

El mal papel que jugaron los caballos en los planes de Robert Scott de conquistar el Polo Sur fue una de las razones que llevaron al fracaso a la expedición Terra Nova. La elección de emplear caballos siberianos en lugar de perros con los que tirar de los trineos, marcó la diferencia con respecto a la proeza de Amundsen, quedando para la historia como un fallido intento de conquista que se cobró la vida de una buena parte los integrantes de la expedición.

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La expedición “Terra Nova” fue el nombre que recibió el intento de conquista del Polo Sur por parte de la expedición británica liderada por Robert Scott. Un año antes, en 1909, los norteamericanos Frederick Cook y Robert Peary afirmaron falsamente haber conquistado el Polo Norte, aunque en realidad esta gesta no se consiguió hasta 1948, provocando con ello que el interés científico y aventurero se dirigiera hacia el Polo Sur.

Durante los preparativos de la expedición de Scott se entrevistaron a cerca de 8.000 hombres de los que se escogieron a un total de 65 tripulantes de los que cincuenta eran militares de distinta graduación. Durante este periodo de preparación Cecil Meares recibió el encargo de desplazarse hasta Siberia para adquirir 34 perros, 19 caballos y tres vehículos semioruga.

Una mala elección

Las razones que llevaron a la expedición a elegir estos medios de desplazamiento fueron muy discutidas desde el principio, aunque las malas experiencias de Scott con el uso de perros y el buen funcionamiento de los caballos en anteriores expediciones le llevó a decantarse por estos últimos a pesar de las opiniones en contra.

Aunque su capacidad de carga es menor (un perro es capaz de arrastrar 50 kg mientras que un caballo llega a remolcar hasta 800 kg), las necesidades alimenticias de los perros son mucho menores, por lo que de entrada era necesario acarrear una menor cantidad de alimento.

Conquista Polo Sur

Otra de las razones a favor de los perros es su mejor resistencia al frío, ya que la mayor transpiración y el sudor sobre el cuerpo suponen un problema para la supervivencia de los caballos en entornos de muy bajas temperaturas.

Por otro lado, los conocimientos de Meares sobre cánidos eran muy buenos y sin embargo la elección de los caballos no fue acertada, por lo que los animales que adquirió resultaron a la larga de baja calidad y rendimiento.

Destino al Polo Sur

Con el desembarco de animales, víveres y equipos la expedición estableció el campamento base en la Bahía de Ross. En esta parte de la expedición, entre 1910 y 1911, y con vistas a la segunda parte de la expedición el grupo se concentró en el establecimiento de depósitos intermedios de víveres a lo largo del el itinerario previsto hacia el Polo Sur.

El trabajo de reparto de los equipos y alimentos fue realizado por doce hombres, los ocho caballos más fuertes y dos equipos con perros de trineo, ya que el estado del hielo impedía la utilización de los vehículos motorizados.

Expedición Polo Sur

Ya durante este periodo los caballos demostraron que las bajas temperaturas que debían soportar eran un problema para ellos, retornando únicamente dos al campamento base. El plan de Scott comenzaba a hacer aguas, porque las previsiones iniciales eran que los caballos realizaran parte del viaje de 2.842 kilómetros hasta el Polo Sur.

Por otro lado, al inicio del viaje dos de los vehículos se averiaron obligando a hombres y caballos a transportar más carga de la prevista. Tras recorrer 200 kilómetros y a falta de 400 kilómetros para alcanzar los depósitos de víveres los caballos de la expedición ya se encontraban en un estado penoso por lo que tuvieron que ser sacrificados.

Un final trágico

Finalmente, la expedición británica sufriría la decepción de llegar al Polo Sur en enero de 1912 un mes después de la dirigida por el noruego Amundsen. Tras este duro revés el equipo inicio el viaje de vuelta sufriendo desnutrición, deshidratación y un frio intenso que provocó poco a poco la debilitación y muerte de los componentes del equipo.

Conocemos cuáles fueron las últimas palabras de Scott, escritas un 29 de marzo de 1912, gracias a que el grupo de rescate enviado en octubre de ese mismo año consiguió recuperar su diario:

“Nos aferraremos hasta el final, pero nos estamos debilitando, por supuesto, y el final no puede estar lejos. Es una pena, pero no creo que pueda escribir más. R. Scott. Última anotación: Por Dios, cuida de nuestra gente”.

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