Endo, el appaloosa que ha conseguido sobrevivir a la ceguera

De la mano de su joven propietaria, Morgan Wagner, este caballo afectado de la “ceguera de la luna” ha conseguido superar la extirpación de sus dos globos oculares y con un entrenamiento adecuado a pesar de su ceguera es capaz de llevar una vida bastante normal y de practicar actividades hípicas adecuadas a su estado.

Endo, el caballo apaloosa ciego

En los caballos la vista es uno de los sentidos fundamentales y la colocación de los ojos, situados en los laterales de la cabeza y en una posición alta les permite tener una perfecta visión panorámica de 360º, algo fundamental en animales que en sus orígenes fueron presa habitual de muchos depredadores y que aún lo continúan siendo en estado salvaje.

En este sentido las autoridades de Namibia, por ejemplo, están buscando una solución para que la supervivencia de los caballos salvajes que habitan en la zona del Namib, que se han convertido en un interés turístico para las expediciones que recorren el país, no corra peligro. Y es que la sequía y las hienas, principalmente, están diezmando las manadas, calculándose que en los últimos tiempos ningún potro ha llegado a la edad adulta por estos motivos.

Pero aunque la vista es importante para un caballo salvaje, para un animal que vive en un ambiente “humano” el carecer de este sentido puede no ser un problema que le impida hacer una vida más o menos normal. Recientemente hemos conocido a través de la Federación Ecuestre Internacional (FEI) la historia de Endo, un ejemplar appaloosa que hace cinco años sufrió la “enucleación” de ambos globos oculares y que contra todo pronóstico ha comenzado a saltar pequeños obstáculos.

Jinete monta al caballo Endo

Con trece años Endo sufrió lo que se conoce como la “ceguera de la luna”, un mal que es conocido de forma más prosaica y científica como Uveitis Recurrente Equina y que una vez que se hizo inmune al tratamiento con medicamentos acabó provocando que Endo perdiera ambos ojos.

Antes de sufrir la enfermedad que lo dejó ciego Endo era un gran caballo de salto, una disciplina en la que competía de la mano de su propietaria Morgan Wagner, una voluntariosa joven de diecinueve años que no se conformó con la idea de que el caballo que había cuidado desde que era un potrillo tuviera que ser sacrificado.

Así que Morgan se puso manos a la obra con el objetivo de que Endo pudiera regresar a la competición. Por el momento donde está triunfando es en las redes sociales, donde ya cuenta con más de 200.000 seguidores en Facebook y unos 66.000 en Instagram, lo que le ha convertido en uno de los caballos más populares de Internet.

Morgan comenzó entrenando a Endo con una táctica de doma muy simple y a la vez muy efectiva. Lo primero que hizo fue enseñarle a su caballo hasta cuarenta palabras y sonidos con el objetivo de que estos pequeños “trucos” le fueran útiles en su vida diaria en la cuadra, en el prado o en las pistas, y parece que la estrategia está dando buenos resultados.

Por el momento Endo no sólo se desempeña con “normalidad” en el día a día, sino que de la mano de Morgan ha comenzado a tomar parte en disciplinas de equitación adaptadas para un caballo de sus características físicas. Es cierto que el salto de obstáculos es por el momento algo que les está vedado, pero no ocurre lo mismo con otras actividades hípicas donde el objetivo es superar pequeñas dificultades que con un buen entrenamiento y con Morgan a las riendas no presentan demasiados problemas para Endo.

Caballo Endo

Y cuando el tiempo de entreno finaliza Endo pasea junto a Morgan por los prados cercanos a su domicilio en Eugene (Oregón) o se alimenta o descansa junto a Cinnamon, un pequeño pony que el padre de Morgan compró para que Endo se sintiera siempre acompañado.

No son muchos los casos de caballos ciegos y en España hace unos años ya conocimos un caso similar en el Centro Hípico Sierra Norte ubicado en la localidad madrileña de Soto del Real, donde Sonia y el caballo ciego McGregor protagonizaron una historia que tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Finalmente, hay que anotar que los caballos gozan de una visión monocular y dicromática, es decir, que pueden ver cosas diferentes con cada uno de sus ojos, y que sus peores ángulos de visión están por detrás y por delante, por lo cual los entrenadores siempre aconsejan acercarse a los animales por los laterales para facilitar que nos reconozcan.

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