Kaly, la perra que es capaz de oler los meteoritos

A lo largo de un año el entrenador canino Daniel García Bernal trabajó con la primera perra capaz de localizar todo tipo de objetos llegados desde el espacio. A sus cuatro años Kaly se ha convertido en una herramienta fundamental para detectar los “bólidos” interespaciales.

Todos conocemos perros entrenados para detectar armas, explosivos, estupefacientes, para encontrar cuerpos sumergidos en el agua o para localizar hasta el más mínimo resto biológico, pero que nosotros sepamos Kaly es la primera perra preparada para encontrar meteoritos.

A la vista de los resultados que ha obtenido hasta ahora parece evidente que ésta pastor belga de cuatro años nació con un talento especial para olfatear y encontrar todo tipo de objetos llegados a la Tierra desde el espacio. Sus primeros “hallazgos” tuvieron lugar en las cercanías de la localidad palentina de Villalbeto de la Peña, donde en 2004 se estrelló un meteorito en cuyos restos los expertos han llegado a encontrar moléculas de agua en estado líquido, un hallazgo que probaría que en el Sistema Solar existen planetas con circunstancias similares a la Tierra.

En aquella primera experiencia “intergaláctica” Kaly no solo fue capaz de detectar los restos del famoso meteorito, sino que también encontró un anillo que posteriormente fue datado en la Edad Media y que permanecía enterrado a unos treinta centímetros de profundidad.

El entrenador de Kaly, Daniel García Bernal, tardó aproximadamente un año en conseguir que Kaly fuera capaz de detectar todo tipo de meteoritos, dado que estos cuerpos que llegan a la tierra suelen presentarse con diferentes composiciones químicas y configuraciones -metálicos, rocosos, con cristales o metálicos-rocosos- y cada una de ellas precisa que Kaly esté entrenada para su localización.

Por esta circunstancia el primer trabajo de Daniel García Bernal fue conseguir lo que los entrenadores de perros denominan la “colonización odorante”, que no es otra cosa que conseguir que los animales asocien multitud de olores observando si el perro manifiesta algún tipo de rechazo hacia los mismos, para después trabajar en la etapa de grabación olfativa que es cuando el animal comienza a guardar en su memoria los distintos olores.

Finalmente, hay que centrarse en el proceso de detección premiando los aciertos con algún tipo de recompensa que para el animal sea satisfactoria, lo que hará que mediante una estrategia de juego el perro trabaje con el objetivo de conseguir el premio que ansía y que generalmente es un simple juguete.

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