Así son los perros-sonar de la Guardia Civil y la Policía Nacional

El entrenamiento de estos animales, capaces de detectar cadáveres sumergidos a 50 metros de profundidad, dura entre dos y tres meses y en el mismo se emplean cerdos muertos, un animal que al descomponerse emite unos olores similares a los de un cuerpo humano.

Un perro corre mordiendo un tronco

El trabajo de los perros que la Policía Nacional y la Guardia Civil utilizan en sus labores aduaneras para detectar drogas, dinero, armas o inmigrantes ilegales o en el rastreo de explosivos es de sobra conocido por todos los ciudadanos, pero lo que pocas personas saben es que el fino olfato de algunos perros bien entrenados puede servir para descubrir cuerpos hundidos en el agua.

Para este tipo de tareas los buceadores de la Guardia Civil cuentan con dos auténticos fenómenos como Klaus y Otto, dos “perros sonar” –pastor belga malinois y pastor alemán- que han sido especialmente entrenados para localizar cadáveres que se encuentren sumergidos a profundidades de hasta cincuenta metros y cuya colaboración es fundamental a la hora de delimitar las zonas en las que hay que realizar inmersiones.

Su presencia es especialmente importante cuando el agua se encuentra turbia dificultando con ello la visibilidad de los buceadores. Hay que tener en cuenta que Klaus y Otto son capaces de detectar un cadáver con gran exactitud, de forma que si los perros “dicen” que hay que buscar ahí seguro que tienen razón.

El entrenamiento de un perro de estas características puede durar entre dos y tres meses, teniendo en cuenta que hay que aplicar técnicas diferentes a cuando el animal estará destinado a rastrear personas vivas en superficie. Las jornadas de entreno suelen tener lugar en el madrileño pantano de San Juan y en los rastreos se utilizan cerdos muertos, un animal que al descomponerse emite un olor similar al de un cuerpo humano.

Sobre el terreno Klaus y Otto demuestran que son dos auténticos “perros-sonar” y que rastreando en un medio como el agua que se presupone contrario a la transmisión de olores ellos son capaces de actuar con altísima eficacia. Cuando los perros detectan un rastro son obsequiados con comida o con algún juguete como recompensa por su buen trabajo, de forma que para ellos se trata de un juego.

Pero aunque el perro no lo sepa su trabajo es agotador y por ello los tiempos de búsqueda son de tan sólo una hora con descansos de veinte minutos con el objetivo de no “agotar” la sensibilidad de olfato del animal. Nerviosismo, salivación y ladridos son los signos que Klaus y Otto utilizan para comunicar a los buceadores que han localizado algo bajo el agua. En ese momento se lanza una boya para señalizar la zona y comienzan las inmersiones

Por su parte la Policía Nacional también cuenta entre sus efectivos con seis “perros-sonar”, que responden a los nombres de Bone, Héctor, El Guaje, Brutus, Kai y Brus y que son de raza pastor alemán (3), pastor belga malinois, perro de aguas y braco alemán.

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