¿Qué factores intervienen en el sueño de los caballos?

Los potrillos pueden llegar a dormir doce horas al día, mientras que en un caballo adulto el tiempo de descanso puede alcanzar las tres horas. La luz y las altas temperaturas también influyen en el sueño de los caballos.

Es difícil de determinar con exactitud cuántas horas al día duermen los caballos y si lo hacen de pie o tumbados, una cuestión que depende mucho de la edad del animal y de las circunstancias ambientales que le rodean en cada momento concreto. Un factor que afecta de forma fundamental a la vigilia y al sueño de los caballos, como también sucede en los humanos, son las horas de luz y de oscuridad.

Es de sobra conocido por los expertos que los caballos duermen más tiempo en verano cuando la temperatura ambiente es alta, algo que también sucede cuando los animales se encuentran enfermos o son ejemplares ancianos, con la llegada del celo o cuando se trata de hembras preñadas o que se encuentran en periodo de amamantamiento de sus crías.

En circunstancias normales durante sus primeros meses de vida los potrillos suelen descansar unos 30 minutos cada hora, lo que sumaría un total aproximado de unas doce horas diarias. Por su parte, en los ejemplares jóvenes el descanso se reduciría a unos 15 minutos cada hora, lo que suma un descanso total de seis horas, mientras que los caballos adultos apenas concilian el suelo tres horas diarias.

Dado que se trata de animales que pueden ser depredados en el hábitat salvaje del que proceden en sus orígenes, como sucede con cualquier otro herbívoro los caballos deben descansar en estado permanente de alerta y siempre listos para emprender la huida al menor peligro. Por ello los caballos suelen dormir habitualmente de pie, para lo cual en sus patas traseras incorporan lo que se denomina “aparato estático pasivo” y que explicaría por qué un caballo dormido no se cae.

Este sistema lo que hace es trabar la rótula sobre la tróclea femoral bloqueando el corvejón, una solución que también sirve para aligerar de peso las extremidades y que los caballos ponen en funcionamiento incluso cuando se encuentran despiertos con el fin de evitar el cansancio. Hay que pensar que estos animales pasan muchas horas en sus cuadras en una situación más o menos estática y que sin la existencia de este mecanismo sus extremidades acumularían un gran nivel de estrés y cansancio.

Hay que tener en cuenta que mientras permanecen de pie los caballos pueden dormir y descansar pero no pueden soñar, porque para hacerlo necesitan estar tumbados o acostados y entrar en un sueño profundo en lo que se llama fase REM (Rapid Eye Movements). Como indica su nombre en inglés  en esta fase el animal mueve los ojos con rapidez y hasta las patas.

Cuando deciden tumbarse, siempre dispuestos a emprender la huida si fuera necesario, los caballos lo hacen totalmente acostados o sentados apoyando el pecho sobre el suelo con el objetivo de relajar por completo los músculos de su cuerpo.

Durante sus periodos de descanso diario los caballos pueden tener entre dos y cuatro ciclos de sueño discontinuos, despertándose entre estas etapas para mantener activo su estado de alerta. Hay que anotar que no solo los caballos duermen de pie, porque también otros animales como vacas, burros, bisontes, búfalos, ciervos, elefantes, rinocerontes y jirafas, por ejemplo, tienen un comportamiento similar a la hora de descansar.

Finalmente, se cree que los caballos duermen profundamente para poder ahorrar y recuperar energía, fijar un aprendizaje o depurar ciertas sustancias químicas del cerebro, tal y como sucede con otros seres vivos, incluidos los humanos.

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