Alano Español, salvado de la desaparición cuando sonaba la campana

Durante buena parte del siglo XX el Alano Español se consideró desaparecido, pero en 1980 a partir de los pocos ejemplares puros localizados en zonas de Vizcaya y Burgos comenzó la recuperación de una raza autóctona que llegó a nuestro país de la manos de las tribus bárbaras y que acompañaron a los conquistadores del Nuevo Mundo.

En 2004 la Real Sociedad Canina de España reconocía al Alano Español como una más de las razas autóctonas que existen en nuestro país, pero eran pocos los que en ese momento conocían que durante buena parte del siglo XX el Alano Español se consideró prácticamente extinguido por culpa del mestizaje con otras razas, como bóxer y mastín, aunque lo cierto es que el proceso de decadencia como raza comenzó tras la desaparición del “perro al toro”.

La recuperación de esta raza se inició en 1980 a partir de ejemplares puros que habían sobrevivido en distintas áreas geográficas de nuestro país, fundamentalmente en Las Encartaciones, en el límite de Vizcaya con Cantabria, y en el burgalés Valle de Mena situado en la comarca de Las Merindades, y que sirvieron de base de crianza para la recuperación poblacional de un perro de presa donde los machos suelen medir entre 58 y 63 centímetros y pesar entre 30 y 40 kg, con una esperanza de vida que puede alcanzar los catorce años.

Desde un punto de vista histórico podemos afirmar que el Alano Español llegó a nuestro país en el siglo IV de la mano de las tribus bárbaras, entre otras los propios “alanos”, que llegaron hasta España tras la caída del Imperio Romano. Se trata de perros que muestran un desarrollo lento y que por ello alcanzan su madurez física y síquica a los dos años, momento a partir del cual surge un animal poderoso, decidido, noble y con un carácter bastante equilibrado, que suele utilizarse en actividades cinegéticas de caza mayor como “perro de agarre” y también como “colaborador” en la gestión de reses bravas y semibravas.

El Alano Español presenta una cabeza grande y fuerte, orejas cortas y caídas y un cuerpo muy musculado y compacto que luce un pelaje corto y grueso en el que los criadores admiten capas atigradas, negras, rojas y gris lobo, aceptándose los destellos blancos en el pecho y la máscara negra en la cabeza.

Estos perros fueron muy utilizados por los conquistadores españoles que llegaron al Nuevo Mundo, convirtiéndose en armas de guerra muy temidas por los indígenas que se enfrentaron a la ocupación española.

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