Entre 1966 y 1975 Automóviles de Turismo Hispano-Ingleses (AUTHI) fabricó en Navarra diferentes modelos de la británica BMC. Después del Morris 1100, primer automóvil salido de la factoría de Landaben, en 1967 llegó el más refinado MG 1100, una berlina técnicamente avanzada que gracias a su suspensión Hydrolastic ofrecía un confort de marcha desconocido para buena parte de los conductores españoles de la época.
Cuando AUTHI irrumpió en el competido panorama de la automoción española, el terreno de juego estaba ya ocupado por fabricantes como Citroën Hispania, FASA-Renault, SEAT y Barreiros-Chrysler. Hacerse un hueco entre rivales tan asentados no parecía sencillo, especialmente para una compañía recién llegada y con una gama situada en una franja de precios relativamente elevada.
La aventura industrial había comenzado en Landaben en 1965 y el 30 de septiembre de 1966 salió de aquellas instalaciones el primer automóvil producido en Navarra: un Morris 1100. Poco después llegaría el MG 1100, una versión más lujosa y prestacional del conocido proyecto ADO16 de British Motor Corporation, la misma familia de automóviles diseñada bajo la dirección de Alec Issigonis que estaba obteniendo un enorme éxito comercial en Gran Bretaña.

Un “gentleman” en la España de Franco
En la España de finales de los sesenta el MG-Authi 1100 no era precisamente un automóvil barato. En 1967 tenía un precio de 153.600 pesetas, superior incluso a las 136.000 que costaba un SEAT 1500, un vehículo más grande y que socialmente disfrutaba de un importante prestigio como berlina de representación.
La diferencia era todavía más evidente frente a modelos como los Renault 8 y Renault 10. A cambio, el comprador del MG encontraba un automóvil bastante más sofisticado desde el punto de vista técnico, con motor transversal, tracción delantera, cuatro ruedas independientes y una suspensión Hydrolastic que constituía uno de sus principales argumentos.
Desarrollado por el ingeniero británico Alex Moulton, el sistema Hydrolastic interconectaba hidráulicamente los elementos de suspensión delanteros y traseros de cada lado del coche. De esta forma se conseguía controlar mejor los movimientos de cabeceo de la carrocería y absorber con gran suavidad las irregularidades del firme.
De ahí que la prensa de la época comparase su comportamiento con el de una “alfombra voladora”. En unas carreteras españolas que no siempre destacaban precisamente por la calidad de su pavimento, el confort del pequeño MG debía resultar todavía más sorprendente.

Tecnología británica con un precio difícil de justificar
La sofisticación técnica del MG 1100 contrastaba con buena parte de la producción nacional de aquellos años, todavía dominada por esquemas mecánicos mucho más convencionales. Sin embargo, aquello no fue suficiente para convertirlo en un éxito comercial.
El problema estaba, fundamentalmente, en el precio. El comprador español que podía gastarse aquella cantidad de dinero encontraba alternativas más grandes y con mayor presencia, mientras que quien buscaba simplemente un coche familiar tenía a su alcance modelos mucho más económicos.
Paradójicamente, la familia BMC 1100/1300 de la que procedía el MG era un verdadero fenómeno en Gran Bretaña. El Austin/Morris 1100 llegó a liderar ampliamente el mercado británico a mediados de los años sesenta, pero trasladar aquella fórmula al mercado español resultó bastante más complicado.
El MG ofrecía a cambio un cuidado ambiente interior, con detalles poco frecuentes entonces en automóviles de su tamaño y una clara voluntad de presentarse como una opción distinguida. Más que competir por economía, AUTHI intentaba vender refinamiento.

Un motor de 1.098 cc y 57 CV
Con 3,72 metros de longitud y unos 850 kilos de peso, el MG-Authi 1100 utilizaba un motor de cuatro cilindros y 1.098 cc, emparentado directamente con la conocida familia mecánica A-Series de BMC.
Gracias a la utilización de dos carburadores desarrollaba 57 CV SAE a 5.500 rpm, una cifra razonable para la cilindrada pero algo escasa teniendo en cuenta las pretensiones y, sobre todo, el precio del automóvil.
Las propias pruebas de la época señalaron esta cuestión. En diciembre de 1967 la revista Velocidad registró una velocidad máxima real de 134,4 km/h, claramente alejada de los 150 km/h anunciados por el fabricante.
No era un coche especialmente lento para los estándares españoles del momento, pero sus prestaciones tampoco justificaban por sí solas la diferencia de precio frente a sus competidores. Y ahí estaba probablemente una de las principales debilidades del MG 1100.
El MG 1300 solucionó el problema
AUTHI tardó poco en reaccionar. En 1968 el MG 1100 dejó paso al MG 1300, que recurría al mismo planteamiento general pero incorporaba el motor de 1.275 cc.
La mayor cilindrada y la utilización de un doble carburador permitieron elevar la potencia hasta los 65 CV, ofreciendo una respuesta bastante más acorde con el posicionamiento del modelo. El 1300 conservaba buena parte de las virtudes de su antecesor, pero añadía precisamente aquello que muchos periodistas y compradores habían echado en falta: más motor.
El MG 1100 tuvo así una trayectoria española muy breve. Sin embargo, esa corta vida comercial es precisamente uno de los factores que hoy juegan a su favor como coche clásico.
También tenía sus defectos
Ni siquiera su refinada suspensión podía ocultar algunos aspectos claramente mejorables. Las pruebas publicadas en aquellos años criticaron especialmente la sonoridad del habitáculo, con ruidos procedentes de la turbina de ventilación y de los engranajes de la transmisión.
Era un defecto especialmente llamativo en un automóvil que pretendía vender comodidad y refinamiento, aunque visto desde la perspectiva actual forma parte de las peculiaridades propias de un clásico británico de los años sesenta.
También hay que entender el MG 1100 dentro del contexto industrial de BMC. El proyecto ADO16 era técnicamente brillante y llegó a convertirse en uno de los automóviles británicos de mayor éxito comercial de la década, pero la enorme complejidad de marcas, versiones y evoluciones que caracterizaba al grupo acabaría jugando en su contra.

Una rareza cada vez más interesante para los coleccionistas
Más de medio siglo después, muchas de las circunstancias que perjudicaron comercialmente al MG-Authi 1100 se han convertido en parte de su atractivo.
Su elevado precio ya no importa, sus prestaciones tampoco se juzgan con los parámetros actuales y su escasa difusión en España ha transformado lo que entonces era una debilidad comercial en una interesante dosis de exclusividad.
A ello se suman una estética inequívocamente británica, un interior especialmente cuidado y soluciones técnicas tan características como la tracción delantera, el motor transversal o la suspensión Hydrolastic.
Pero existe además otro ingrediente difícil de reproducir: fue un automóvil británico fabricado en Navarra durante uno de los episodios más singulares de la historia de la industria española del automóvil.
El MG-Authi 1100 nunca consiguió alcanzar en nuestro país la popularidad de un SEAT o un Renault. Tampoco tuvo tiempo para hacerlo. Su sustitución por el MG 1300 llegó apenas un año después de su lanzamiento, pero aquella breve existencia ha servido para convertirlo hoy en una de las piezas más curiosas de la desaparecida AUTHI.
Un pequeño “gentleman” angloespañol que, gracias a su peculiar suspensión Hydrolastic, todavía conserva intacta su fama de alfombra mágica sobre ruedas.

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