Cueva de Ekain, un santuario pictórico para los caballos del Paleolítico

Hace más de 13.000 años los hombres primitivos que habitaron la Cueva de Ekain dibujaron en sus paredes un gran número de caballos, convirtiéndolo en un auténtico santuario de este tipo de pinturas rupestres. Para los hombres del Paleolítico los caballos eran animales totémicos con un fuerte componente religioso.

caballos cueva Ekain

Hace unos 5.600 años que los primeros caballos fueron domesticados por nuestros ancestros, aunque antes de ese momento manadas de caballos del género Equus llevaban pisando la tierra unos cinco millones de años.

En todo ese tiempo los vestigios prehistóricos han demostrado que los caballos raramente fueron presas de caza para los hombres del Paleolítico, que preferían a bisontes y ciervos. Para nuestros antepasados, curiosamente, los caballos fueron “seres totémicos” que formaban parte de su plantel de divinidades.

El santuario equino de Ekain

Esta simbología mitad pagana y mitad religiosa que tenían los caballos para los hombres primitivos, queda demostrado en las pinturas rupestres existentes en la Cueva de Ekain, fechadas en el periodo Magdaleniense del Paleolítico Superior y entre las que destaca el llamado “Panel de los caballos”.

Descubierta en 1969 y situada en las proximidades de Deva (Guipúzcoa), más concretamente en Cestona, la Cueva de Ekain está considerada como uno de los principales santuarios prehistóricos de Europa junto a Lascaux, Niaux y Altamira, una calificación que en 2008 hizo que la Unesco la convirtiera en Patrimonio de la Humanidad.

Los hombres primitivos (homo sapiens-sapiens) que habitaron Ekain hace 13.000-14.000 años pintaron en sus paredes un gran número de animales, el 58% de los cuales son figuras de caballos.

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En concreto en esta cueva del valle de Sastarrain existen un total de sesenta animales, de los cuales treinta y cuatro son caballos, un número de ejemplares que por su cantidad y su calidad pictórica convierten a la Cueva de Ekain en el mayor santuario del Cuaternario dedicado al caballo.

El excepcional “Panel de los caballos”

Se trata de equinos típicos del periodo final del Paleolítico, con crines cortas y rizadas, manchas en el cuello, vientres de tonalidades más claras que el lomo y zonas “cebreadas” en las extremidades, animales que fueron pintados con carbón vegetal y manganeso, principalmente.

Pero el epicentro del interés de Ekain está en la llamada Sala Zaldei, donde se localiza el bautizado por los paleontólogos como el “Panel de los Caballos”, una pintura en la que se representa a una “manada” de once ejemplares en todo tipo de actitudes y comportamientos.

Como comentábamos anteriormente los caballos no aparecen entre los restos prehistóricos encontrados en esa cueva, lo que hace suponer a los expertos que estos animales no formaban parte de la dieta de los hombres del Paleolítico, al menos no de forma habitual, y que su representación en las pinturas tenía sobre todo un componente religioso.

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Caballos de Pzewalski

Para los biólogos los caballos que aparecen en la Cueva de Ekain serían de la raza Pzewalski, un tipo de equinos salvajes que habitaron Europa y que de alguna forma podrían ser los antecesores de los actuales pottoka, unos pequeños caballos autóctonos del País Vasco que a su vez guardan diferente grado de similitud con otros tipos de equinos que habitan la cornisa cantábrica y los Pirineos.Uno de los últimos descubrimientos realizados en la Cueva de Ekain, concretamente en la denominada zona de La Fontana, tiene que ver con el hecho de que en esta área los “artistas” de la época no utilizaron pinturas para representar a los caballos que veían, sino que con sus propios dedos dibujaron sus siluetas sobre la arcilla húmeda.

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