Pottokas, los caballos autóctonos del País Vasco

Los Pottokas llevan en Euskal Herria desde el Paleolítico formando parte de las tradiciones y de la vida de los habitantes del País Vasco convertidos en animales de tiro y de trabajo. En la actualidad apenas existen unos 700 ejemplares, aunque su supervivencia está asegurada.

Caballos Pottokas

Las tres provincias que conforman el País Vasco, principalmente Guipúzcoa y Vizcaya, dibujan un entorno medioambiental con unas características propias muy definidas y tan especiales que en este territorio nos encontramos con la presencia de una raza prehistórica de caballos autóctonos -Pottoka- que, como sucede con asturcones, jaca navarra, etc, pueden considerarse como los primeros caballos “made in Spain”.

Debido a su pequeña alzada (1,24 metros aproximadamente) los Pottoka tienen más de ponis que de auténticos caballos, pero lo que nadie les puede quitar a estos animales de aspecto rústico y tosco es que han aprendido a sobrevivir en un entorno hasta cierto punto hostil y que en todo este tiempo han desarrollado unas características zootécnicas especiales que los ha convertido en ejemplares únicos a nivel mundial, lo cual no les ha salvado de estar en peligro de extinción dado el exiguo número de ejemplares que existe en la actualidad.

Las montañas y valles del País Vasco estuvieron habitados por los tatarabuelos de los actuales Pottoka desde el Paleolítico, unos 40.000 años antes del nacimiento de Cristo, una antigüedad que viene probada por su presencia en los dibujos, huesos y otros restos que los “humanos” de aquella época dejaron en las cuevas guipuzcoanas de Ekain y Santimamiñe. Desde entonces los Pottoka han formado parte de la tradición y de los mitos de Euskal Herria por su importante papel como animales de tiro y de trabajo.

En euskera “pottoka” hace referencia a la cría de cualquier animal y los expertos piensan que los primeros habitantes del País Vasco llamaban “pottokas” a los potros de los caballos que compartían con ellos el territorio, un vocablo que con el paso del tiempo se convirtió en nombre propio para unos animales que gracias a su musculatura y resistencia primero fueron utilizados para desempeñar todo tipo de trabajos rurales, tiro de carros y de vagonetas en actividades mineras y que últimamente se encargan de mantener limpios los prados y hasta puede vérseles en actividades ecuestres y hasta de equitación.

Como sucede en otras razas de caballos salvajes el Pottoka es un animal acostumbrado a vivir en pequeñas manadas. Cada uno de estos grupos tiene su propio territorio y suele estar formado por un macho dominante y reproductor que monta a las hembras entre primavera y verano, algunos machos jóvenes y entre 10 y 15 hembras con sus potros, entre las cuales también puede existir un ejemplar dominante. Es curioso pero está comprobado que en cada grupo es la yegua más vieja y veterana la que realiza las funciones de “guía”.

Como habitantes que son de zonas boscosas, donde la visión de los otros ejemplares del grupo puede ser difícil en determinadas circunstancias y donde es fácil sufrir una amenaza o una emboscada sin casi advertirlo, en estado salvaje los Pottokas han desarrollado sistemas de comunicación propios para su supervivencia que incluyen diferentes tipos de ronquidos, relinchos y los habituales movimientos de cola, orejas, etc.

Los Pottoka tienen un abundante pelaje negro o castaño muy oscuro, entendiéndose que otras capas diferentes son debidas a mestizajes con otras razas. En los últimos años la situación de esta raza de caballos ha mejorado gracias al apoyo de las autoridades del País Vasco y al trabajo de los ganaderos que han apostado por la cría esta especie autóctona, que por cierto se sostiene con un coste muy bajo, consiguiendo que en el libro genealógico de esta raza haya inscritos en la actualidad unos 700 ejemplares.

Pero si alguien ha estado de excursión por el norte de la provincia de Cáceres, concretamente por la zona de Piornal, el pueblo más alto de Extremadura, es probable que se haya preguntado por la razón de que los inconfundibles caballos Pottoka hayan podido llegar a las laderas de las montañas que miran al Valle del Jerte.

Han llegado hasta allí de la mano de la zoóloga galesa Lucy Rees, que partiendo de unos pocos ejemplares ha conseguido formar el grupo más numeroso de Pottokas fuera de Euskal Herria.

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