La calidad del sueño, clave para evitar trastornos neurológicos

Para las personas de la tercera edad la duración y la calidad del sueño son considerados factores tan importantes como la dieta o el ejercicio físico. Un reciente estudio señala que los problemas del sueño tienen un impacto directo en la aparición de trastornos neurológicos (Alzhéimer, depresión, etc), al producirse mayores niveles de beta amiloide, y en un perjuicio generalizado de las funciones cognitivas y de las capacidades mentales.

La calidad del sueño

En las conclusiones de un informe publicado en la revista especializada JAMA Neurology, se hace hincapié en que en las personas adultas de avanzada edad las horas y la calidad del sueño tienen un impacto fundamental sobre su salud cerebral.

En la tercera edad está comprobado que las interrupciones del sueño se hacen más comunes y que, además, están asociadas a cambios en las funciones cognitivas y en las capacidades mentales para pensar, aprender, razonar, recordar, resolver problemas y prestar atención o decisiones.

Por otro lado, las alteraciones del sueño relacionadas con la edad se han vinculado con algunos síntomas iniciales de la enfermedad Alzhéimer, con situaciones de depresión y con la aparición de trastornos de carácter cardiovascular.

Cómo el sueño afecta al cerebro

En el citado estudio aquellos pacientes que declararon tener una duración corta del ciclo del sueño (inferior a seis horas) presentaban niveles elevados de beta amiloide, frente a los pacientes cuyo sueño nocturno fue superior a siete horas.

A la hora de evaluar determinadas capacidades cognitivas, como orientación, memoria, lenguaje o habilidades visuales-espaciales, aquellas personas con un sueño inadecuado obtuvieron peores resultados en las pruebas realizadas.

Por otro lado, el estudio también nos descubre que dormir durante demasiado tiempo (más de nueve horas) también puede tener un impacto negativo sobre las funciones de índole ejecutiva, aunque por el contrario en este caso los niveles de beta amiloide no eran destacables.

En sus conclusiones el estudio señala la importancia que para las personas de la tercera edad tiene el hecho de mantener un sueño saludable, porque tanto dormir poco como dormir demasiado tiene una influencia negativa sobre sus capacidades cerebrales.

Además, las alteraciones del sueño tienen una relación más o menos estrecha con los problemas de obesidad y con la aparición de trastornos depresivos. Esto hace pensar que los problemas del sueño sugieren la existencia de otras patologías subyacentes.

El beta amiloide y la enfermedad de Alzhéimer

El beta amiloide es una proteína que se crea durante la actividad normal de las células cerebrales y que se encuentra en las placas seniles (depósitos que se encuentran en el cerebro de los enfermos de Alzhéimer y en otros trastornos de tipo neurológico). La aparición de esta proteína incrementa el riesgo de sufrir algún tipo de demencia.

El beta amiloide es uno de los primeros marcadores que detectan la progresión de la enfermedad de Alzhéimer y se considera que esta proteína es la causante de la degeneración y muerte de las células cerebrales.

Por otra parte, las placas amiloides hacen una mayor presencia a medida que envejecemos, calculándose que el 30% de las personas a partir de 70 años tienen cantidades importantes de placas amiloides en sus cerebros, lo que no significa el desarrollo de la enfermedad de Alzhéimer.

Tener un sueño reparador y saludable sirve para que nuestro cerebro no produzca amiloide en grandes cantidades, al tiempo que un descanso adecuado contribuye a apoyar el sistema de drenaje que se encarga de eliminar el amiloide.

La calidad del sueño

El sueño tan importante como la dieta o el ejercicio

El estudio publicado en JAMA Neurology se realizó sobre un total de 4.417 participantes con una edad media ligeramente superior a los 71 años. En todos los casos se comprobó que el consumo de cafeína y el alcohol tiene mucho que ver con la calidad y la duración del sueño.

Una de las curiosidades de este estudio es que las personas blancas durmieron una media de siete horas y nueve minutos, mientras que negros, asiáticos e hispanos, tuvieron medias de sueño inferiores.

Esta disparidad puede dar a entender que los trastornos y la duración del sueño tiene relación con otros aspectos de la vida, como pueden ser los factores socioeconómicos, la salud cardiovascular y metabólica o la discriminación racial percibida.

Como resumen los científicos que han elaborado el estudio coinciden en que el sueño es tan importante como la dieta o el ejercicio físico en la tercera edad, de forma que un sueño de alta calidad (entre siete y nueve horas) tiene un impacto directo sobre la salud y el bienestar de nuestro organismo.

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