A lo largo de la historia han existido distintos tipos de embocaduras para guiar a los caballos, sin embargo para evitar los daños y las molestias a los animales estas han ido evolucionando con el paso del tiempo. Actualmente existen tres tipos de embocaduras: filete, bocado y hackamore, cada uno con sus ventajas e inconvenientes, aunque todos tienen en común la intención de minimizar el daño bucal al caballo, zona especialmente sensible para estos animales.

En equitación la embocadura es la parte de la cabezada que se sitúa en contacto directo con la boca del caballo y que de forma general sirve para que el jinete pueda dirigir y controlar al animal. En función de la región o de la disciplina ecuestre que se practique existen diferentes tipos de embocaduras.
Gracias a los hallazgos fósiles se sabe que las primeras herramientas para controlar a los caballos estaban hechas de cuero o tendones y datan del 4.000 a.C. Posteriormente, en torno al 2.500 a.C. existen pruebas de que también se usaron aros en la nariz de los caballos, similares a los que se usan actualmente para manejar bueyes.
Evolución de las embocaduras
Existió también una corriente muy extendida de controlar a los caballos sin embocadura, de hecho esta era una práctica habitual entre los jinetes sirios del 1.400 a.C. Más tarde en el 300 a.C. el ejército de Aníbal practicó también esta técnica, dirigiendo a sus monturas con las piernas, la silla y una vara o fusta.
Pero no fue hasta 1532 cuando Grisone funda la Alta Escuela Italiana de equitación, basada en un control intenso de los animales mediante el uso embocaduras rígidas e incluso con púas. Durante los siglos XVI y XVII el uso de esta herramienta se extendió y los orfebres crearon embocaduras con diferentes formas y materiales.
En los siglos posteriores se fueron desechando las formas extrañas para buscar embocaduras más suaves donde el caballo estuviera controlado sin necesidad de sufrir dolor.

El filete llegó de la mano del Maestro Pignatelli de Nápoles y desde el siglo XIX la tendencia a montar sin hierro se ha ido extendiendo hasta llegar a nuestros días, donde son muchos los jinetes que montan con cabezadas sin embocadura.
¿Son todas las embocaduras iguales?
Existen cientos de embocaduras que se diferencian en forma, tamaño, ancho y material de fabricación, aunque lo primero que debemos saber es cómo actúa la embocadura.
Se trata de una herramienta que genera presión sobre la lengua, el paladar, las barras (la zona de la encía donde no hay dientes y que es donde queda apoyada), las comisuras y la quijada. De esa forma cuando el jinete tira de las riendas el animal realiza la acción para que se le ha domado con el fin de que desaparezca esa presión.
De forma general podemos distinguir tres tipos de embocadura: filete, bocado y hackamore. El filete es únicamente un hierro que va dentro de la boca del caballo y que en su parte exterior está unido a unas anillas donde se fijan las riendas.
La fuerza que se ejerce sobre la boca del caballo es únicamente la que el jinete puede hacer, por lo que la presión se centra principalmente en la lengua y las comisuras.
El bocado es similar al filete pero en lugar de las anillas lleva unas barras o patas que comunican con las riendas y una cadenilla o barbada que ajusta la embocadura y permite que haga efecto palanca.
Debido a esto la fuerza que ejerce el jinete sobre la boca del caballo se multiplica, llegando la presión también al paladar y la quijada. Suele utilizarse en ejercicios más avanzados y para refinar ciertos movimientos. En algunos casos puede usarse una combinación de filete y bocado, especialmente en los ejercicios de alta doma.

Por último, tenemos el hackamore, que no es una embocadura como tal ya que no usa hierros dentro de la boca del animal. Consiste en dos patas metálicas unidas por dos tiras, una sobre la nariz y otra bajo la barbilla, siendo estos dos puntos los únicos sobre los que se presiona.
El hackamore es un método menos molesto para los caballos y que, a diferencia de los anteriores, no causa ningún daño en la boca del animal. No debemos olvidar que la boca de los equinos está llena de terminaciones nerviosas que, con el uso abusivo o no adecuado de los hierros, pueden verse afectadas. Por esta razón hay algunas disciplinas donde el uso de los métodos bitless no están indicadas.
Cómo son las embocaduras
Los materiales son otra de las diferencias que encontramos en las embocaduras y que pueden dar mayor o menor comodidad al caballo.
Los más habituales son los metálicos (acero inoxidable, acero dulce o cobre), siendo los primeros los más duraderos. Para animales con la boca sensible pueden buscarse embocaduras de caucho o de pasta, más blandas y flexibles, indicadas también para la doma de potros.
En los filetes y los bocados otra de las características que podemos observar es las piezas que tienen. Algunos son fijos, con una barra más o menos rígida en función del material, dejando poca movilidad a la lengua.
Otros, sin embargo, son articulados. Existen de una y de dos articulaciones, es decir, con dos o tres piezas. Los primeros al tensarse forman una V invertida, mientras que los segundos la forma es más de U, por lo que son más suaves y anatómicos.
Cómo elegir la embocadura
Por último, a la hora de elegir una embocadura para un caballo es imprescindible fijarnos en el tamaño de la herramienta, que debe ir acorde al tamaño de la boca del animal.
Por un lado debemos tener en cuenta el largo. Si queda muy ajustada va a apretar la boca del animal, mientras que si queda muy suelta baila y puede lesionar el paladar.
Lo normal es que sobresalga unos 5 mm por cada lado. Encontramos filetes y bocados desde los 105 mm para los ponis hasta 155 mm para los caballos más grandes, aunque la talla más usada es la de 125 mm.
Por otro lado, debemos tener en cuenta el grosor de las piezas internas. De forma general los filetes y bocados más gruesos son menos molestos que los más finos, que pueden provocar cortes y dolor. En este sentido encontramos gruesos de entre 14 mm hasta 18 mm, aunque los de tamaño intermedio son los más habituales.

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