Desde su fundación en 1947 y a lo largo de sus casi ochenta años de historia, la firma italiana con sede en Maranello ha diseñado, producido y comercializado más de doscientos modelos deportivos, algunos de ellos convertidos hoy en auténticas leyendas de la automoción y en objeto de deseo de los más importantes coleccionistas de automóviles clásicos.
Pero en la historia de Ferrari hay una excepción que rompe con el espíritu competitivo de Enzo Ferrari. Hoy nos cuesta imaginar que en 1980 los ingenieros del «cavallino rampante» trabajaran en el desarrollo de un vehículo militar, en concreto del blindado F333E Lizard.
La tanqueta de Ferrari
En el historial de Ferrari existe una denominación -F333E- que nada tiene que ver con los deportivos de lujo. Con el sobrenombre de «Lizard» (Lagarto) de las líneas de montaje de Maranello surgió en 1980 un excepcional vehículo de uso militar, en concreto una tanqueta que tenía como principal objetivo aliviar las cuentas de Ferrari.

Echarse en manos de los vehículos militares era una medida excepcional en tiempos excepcionales, pero en un momento en los que los deportivos de lujo tenían escasos compradores había que hacer cualquier cosa para intentar sobrevivir.
El F333E Lizard fue un desarrollo casi secreto de Ferrari Engineering. El proyecto contemplaba el diseño de un vehículo acorazado de gran maniobrabilidad, que podía ser empleado en operaciones especiales donde la rapidez de actuación es la clave del éxito.
Así era el «Lizard»
El «Lizard» era un blindado de tracción total con casco de acero totalmente soldado y con suelo de doble capa que protegía a los 2-3 ocupantes de la acción destructora de minas y otros explosivos. Tenía una longitud de 3,3 metros, 1,7 metros de ancho y 1,42 metros de alto y con una batalla de 1,8 metros era un vehículo muy rápido, maniobrable y por lo tanto difícil de alcanzar por las armas de la época, aunque como se ha comprobado en la guerra de Ucrania hoy con la presencia de los drones las cosas serían bastante diferentes.

El conductor iba ubicado en posición delantera y para poder observar el entorno el vehículo contaba con ventanillas frontales y laterales a pruebas de balas. En el techo se disponía de una trampilla para montar distintos tipos de armamento, mientras que a la derecha del conductor se incorporaba una ametralladora.
El motor de origen Fiat iba situado en la parte trasera y el vehículo disponía de tres diferenciales (delantero, central y trasero). Se trataba de una mecánica de gasolina de cuatro cilindros y 2 litros que rendía 113 CV a 5.600 rpm. Los neumáticos Goodyear eran a prueba de balas y podían rodar pinchados.
En báscula el «Lizard» pesaba unos 2.700 kg lo que daba una relación peso/potencia de 23,89 kg/CV, probablemente las peores cifras que jamás ha tenido un Ferrari, y qué hacía que la velocidad máxima del blindado fuera de 120 km/h, suficiente para un vehículo que no estaba pensado para competir en ningún circuito.
Por último, el F333E disponía de dos depósitos de 50 litros que le permitían una autonomía de aproximadamente 800 kilómetros a una velocidad media de 60 km/h.

La guerra del «Lizard»
Inicialmente, el proyecto militar de Ferrari contemplaba la realización de cuatro versiones del «Lizard», Scout, Antitanque, Antidisturbios y Commando, lo que motivó que Maranello diseñara tres prototipos y que en 1983 se hubieran fabricado al menos quince unidades preproducción.
¿Alguna vez entró en combate el «Lizard»? La verdad es que no, porque la única guerra en la que participó en F333E nunca llegó a superar las fronteras de la planta de Maranello. Para empezar Ferrari no tenía una imagen consolidada como fabricante de vehículos militares, mientras que a nivel interno los «puristas» de la marca veían en el «Lizard» una traición al más alto nivel. De esta forma el sueño militar de Ferrari acabaría finalmente enterrado en un cajón y de las quince unidades F333E que vieron la luz tan sólo sobrevive una en el Museo Nicolis.

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