Laminitis, el mal que puede dejar cojo a nuestro caballo

Una mala alimentación, un exceso de peso, estrés o cualquier otro tipo de enfermedad puede ser desencadenante de la temida laminitis, una patología que afecta a las “láminas” que unen el dedo de los caballos a la pared interior del casco y que en los episodios más graves supondrá la cojera crónica de nuestro caballo.

laminitis

En 2007 un extraordinario purasangre, Bárbaro, se imponía con autoridad en el Derby de Kentucky de aquel año y se mostraba como el máximo aspirante a suceder a Affirmed en la vitrina de ganadores de la Triple Corona. Pero lamentablemente una semana después, corriendo en el mítico hipódromo de Pimlico (Baltimore), una de las patas traseras de Bárbaro sufría tres fracturas durante el transcurso del Preakness Spakes, una lesión que le obligó a pasar por el quirófano.

Lo peor para Bárbaro fue que durante el postoperatorio en la pata afectada surgió una laminitis, patología que provocó que aquel gran purasangre dejara definitivamente la competición y que incluso quedara desechado como semental, dado que durante la cubrición de las yeguas son precisamente las extremidades posteriores las que deben soportar el peso de los machos. ¿Pero que es la laminitis?

También denominada infosura por los veterinarios esta dolorosa enfermedad, que puede afectar a caballos de cualquier edad y raza, se desarrolla en el interior del casco durante varias etapas, Aguda, Subaguda y Crónica, y viene provocada por una interrupción corta, intermitente o constante del flujo sanguíneo que riega las láminas de la pezuña.

Estas estructuras laminares se encargan de unir el dedo (hueso en forma de cuña) que tienen los caballos en cada pata y que también recibe el nombre de tejuelo o falange distal, a la pared interior del casco, de forma que cuando estas láminas se inflaman lo que se produce es un debilitamiento de la unión existente entre casco y hueso.

En los episodios más graves de laminitis se llega a producir la separación física entre dedo y casco, lo que provoca que el tejuelo pueda llegar a rotar en el interior de la pezuña desplazándose de su posición natural y afectando con ello negativamente a los movimientos del animal, pudiendo a llegar incluso a penetrar (infosura) en la suela del casco.

El factor desencadenante de la laminitis puede tener su origen en cualquier alteración producida en otras zonas del cuerpo y con frecuencia es fruto de los trastornos digestivos provocados por una ingesta excesiva de cereales o de forraje fresco, dos alimentos muy ricos en almidón y en azúcares que en grado excesivo y en determinados animales y circunstancias pueden acelerar la liberación de toxinas en la sangre.

La laminitis puede venir también provocada por cualquier patología que en los caballos afectados cause fiebre alta o alteraciones metabólicas graves, por el uso continuado de altas dosis de corticoides, por estrés o por las sobrecargas y esfuerzos que un exceso de peso supone para las extremidades, de ahí que los veterinarios sean muy estrictos a la hora de establecer una correcta alimentación, ya que una dieta excesiva es uno de los factores de riesgo a la hora de que nuestros caballos puedan padecer esta enfermedad.

La dificultad al caminar es uno de los primeros síntomas que puede presentar un caballo afectado de infosura, junto a una frecuencia cardiaca y respiratoria fuera de lo normal, de ahí que a la menor sospecha sea aconsejable no automedicar al animal y acudir rápidamente al veterinario.

Si la enfermedad no es detectada y tratada correctamente a los tres días de evolución podremos apreciar que el caballo ya no apoya la pata afectada para evitar que se produzca dolor, lo que provoca que no quiera moverse ni salir de su cuadra.

El tratamiento veterinario urgente ante los primeros indicios de laminitis facilitará que la patología no avance y que el animal pueda llegar a recuperarse, aunque para ello habrá que realizar, entre otras medidas, una restricción de alimentos, estabular el caballo en un establo con suelo blando para aliviar la presión sobre las láminas y aplicar frío en las extremidades afectadas.

Como siempre sucede en todo tipo de enfermedades equinas la prevención es el mejor consejo, para lo cual deberemos inspeccionar los cascos con regularidad, además de mantenerlos siempre secos, limpios y bien recortados, mantenimiento que nos evitará muchos problemas.

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