Pickles y el misterio de la Copa del Mundo

Pickles, un perro mestizo de Border Collie, fue quién encontró casualmente la Copa del Mundo que un ladrón había robado meses antes del Mundial de Fútbol de Inglaterra en 1966. Esa hazaña le convirtió en un héroe nacional en Gran Bretaña y su collar figura expuesto en el Museo del Fútbol de Manchester.

Pickles y la Copa del Mundo

Corría 1966 e Inglaterra era el país anfitrión que albergaría el Mundial de Fútbol de ese mismo año. El ansiado trofeo de 35 centímetros de altura, 3,8 kg de plata bañada en oro y una base de lapislázuli, entonces conocido como “Trofeo Jules Rimet”, acababa de aterrizar en territorio británico después de que Brasil, ganador del Mundial de 1964, devolviese el trofeo a la FIFA para ser expuesto al público en Londres.

Durante la tarde del domingo 20 de marzo y mientras el trofeo se exhibía a todos los amantes del fútbol en el céntrico Westminster Central Hall, una iglesia metodista destinada a usos múltiples, alguien burló la seguridad y robó un “tesoro” valorado en 30.000 libras esterlinas de la época. Inmediatamente Scotland Yard activó un dispositivo de búsqueda y en pocas horas tenían un retrato robot del principal sospechoso, a la vez que la Federación Inglesa de Fútbol construía rápidamente una réplica exacta por si el trofeo no aparecía.

A los siete días del robo aparece en escena Pickles, un pequeño perro mestizo de Border Collie y otra raza sin identificar. Ese 27 de marzo su dueño David Corbett paseaba por Beulah Hill, al sur de Londres, junto a Pickles y de repente el animal se puso a ladrar y escarbar junto en un seto.

Extrañado por el comportamiento de su mascota decidió acercarse al lugar para ver que estaba pasando y cuál fue su sorpresa cuando delante de sus ojos y envuelto en un periódico humedecido se encontró con el Trofeo Jules Rimet, un hallazgo que inicialmente convirtió a David Corbett en el principal sospechoso del robo, al menos hasta que la policía detuvo al auténtico ladrón, Edward Bletchley.

Para entonces Pickles se había convertido en un héroe nacional, y más cuando Inglaterra ganó su propia Copa del Mundo. Como recompensa por tal descubrimiento Pickles recibió comida para todo un año e incluso se convirtió en el protagonista de una película. Apenas un año después de su hazaña Pickles falleció asfixiado al engancharse su correa en un árbol caído mientras perseguía alocadamente a un gato. Actualmente el collar de Pickles está expuesto en el Museo del Fútbol de Manchester.

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