¿Por qué no hemos domesticado a las cebras y sí a caballos y asnos?

En el mundo hay tres especies de equinos, caballos, asnos y cebras, todos ellos pertenecientes al mismo género “Equus”. La pregunta sería porqué no hemos podido domesticar a las cebras al igual que ha sucedido con caballos y asnos. Para los biólogos las cebras han evolucionado en un entorno con demasiados depredadores, lo que las ha convertido en animales recelosos, difíciles de capturar y con un carácter impredecible y violento, de hay que a pesar de su dureza y resistencia pocas cebras hayan sido domesticadas por el hombre.

¿Quién no reconoce una cebra? El característico color rayado blanco sobre negro de este équido africano es inconfundible y su habitual presencia en documentales de naturaleza, zoos y todo tipo de safaris, las ha convertido en animales muy populares y sobradamente conocidos.  

Pero esta popularidad nos lleva a hacernos una pregunta. ¿Por qué las cebras, tan similares a nuestros caballos y burros, nunca han sido domesticadas a pesar de su gran fuerza y resistencia? La respuesta a está incógnita está, muy probablemente, en su entorno, que ha llevado a las cebras a tener una evolución totalmente diferente al resto de especies equinas. 

Caballos, asnos y cebras son especies hermanas 

Actualmente existe un único género de équidos: “Equus”. Su origen está en el continente americano hace unos 4,5 millones de años, desde donde los équidos se extendieron al resto de continentes. Posteriormente los equinos desaparecieron del continente originario, para ser reintroducidos miles de años después por los colonos europeos.

cebras no han sido domesticadas

Dentro del género “Equus” sobreviven únicamente tres especies: caballos, asnos (con sus subespecies asno salvaje africano, asno salvaje asiático y asno salvaje del Tíbet y cebras (con las subespecies cebra de montaña, cebra de Grévy y cebra común). Todas estas especies y subespecies equinas están emparentadas.  

El pertenecer al mismo género facilita que las cebras puedan cruzarse con caballos y asnos, obteniendo híbridos llamados cebrallos cuando el potro procede de un cruce de macho de cebra y yegua o cebrasno cuando la madre es una burra.  

La especie más utilizada para los cruces es la cebra de Grévy, la de mayor tamaño y más domesticable por tener un carácter más calmado. Los descendientes de estos cruces mantienen las rayas en cierto grado y se crían por su curioso aspecto y por su robustez y dureza. 

Al igual que sucede con caballos y asnos las cebras son animales gregarios. Suelen formar pequeños grupos con un macho reproductor y varias hembras. En época de migración cientos de estos grupos marchan juntos formando manadas de miles de individuos, pero en realidad el único vínculo estrecho se da entre madres y crías.

La subespecie más numerosa es la cebra común, que se extiende desde Etiopía hasta Sudáfrica. La cebra de montaña habita las regiones montañosas de Namibia y Sudáfrica, mientras que la cebra de Grévy se encuentra únicamente en Kenia y sur de Etiopía. 

¿Por qué no se domestican cebras?

Si caballos, asnos y cebras son tan parecidos, ¿por qué estas últimas no se han domesticado?. La respuesta está en el carácter de las cebras, animales cuyos ancestros se establecieron de forma fija en África donde cohabitan con gran cantidad de depredadores. 

Esto ha provocado que hayan desarrollado numerosas habilidades defensivas. La primera un sentido de la vista muy fino y una gran agilidad y rapidez de respuesta, lo que hace que sean muy difíciles de capturar.

Durante años cowboys y gauchos llegados a África trataron de cazarlas con lazo, pero las cebras tienen la capacidad de seguir el movimiento de la punta del lazo para agacharse o girar en el último momento, evitando con ello ser capturadas.  

A pesar de existir imágenes y vídeos de cebras montadas la realidad es que se trata de hechos anecdóticos y muy poco habituales. Durante el siglo XIX muchos colonos europeos lo intentaron con el fin de obtener animales de tiro resistentes a las enfermedades africanas y algunos de ellos, como el británico Lord Rothschild, incluso lo lograron. A principios del siglo XX Lord Rothschild se paseaba por Londres en su carro tirado por cebras, convirtiéndose en el centro de todas las miradas durante sus salidas.  

Su condición de presa les hace tener un temperamento desconfiado, lo que se traduce en un comportamiento impredecible. Cuando las cebras son perseguidas  su primera opción es la huida en zigzag para desconcertar a su atacante, alcanzando velocidades de hasta 55 km/h al galope.  

Aunque son más lentas que los caballos tienen una enorme resistencia y mantienen la carrera durante más tiempo. Si son acorraladas su defensa es golpear con las patas delanteras, cocear y morder. Esto hace que aquellas que no consiguen esquivar el lazo puedan tener respuestas bastante violentas. 

Por otro lado, se trata de un animal con una mordida muy fuerte y con la costumbre de no soltar a su “presa”. De hecho en Estados Unidos la especie que más lesiones y accidentes causa en los zoológicos son precisamente las cebras.

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